Archivo de la etiqueta: sufrimiento

¿Es estupidez o mala intención?

Mucho antes que se suscitara tanta polémico con la admisión de los divorciados vueltos a casar civilmente a Sacramento de la Eucaristía (porque comulgar siempre podrán comulgar, eso sí espiritualmente), ya presentaba yo en distintas circunstancias la problemática de los trámites canónicos en los procesos de nulidad matrimonial.

No comprendo porque el teólogo Kasper se empecina en destruir el Sacramento y desvirtuarlo hasta el extremo en el que el propio Sacramento daría igual para la plena comunión eclesial.

No se si es estupidez o mala intención, porque si se admite a un divorciado vuelto a casar civilmente, cuanto menos se reconoce que el matrimonio sacramental fue nulo; de otra forma se estaría sacramentalizando el adulterio, porque si el matrimonio sacramental no es nulo el adulterio es patente.

Entonces ¿por qué en vez de atacar de forma feroz e intelectualmente violenta uno de los siete pilares fundamentales de nuestra fe y doctrina que son los Sacramentos, no se instituye un proceso simplificado y breve de la nulidad matrimonial canónica? Esto si es algo que el Santo Padre y la Jerarquía si puede realizar.

¿Cuantos procesos se encuentran paralizados por años sin término en mesas diocesanas? ¿Cuantos católicos no acuden al proceso por entenderlo complicado, largo y económicamente gravoso?

Quisiera conocer los datos reales de los católicos que no pueden comulgar por causa de estar casados y conviviendo con otra pareja (se supone que tales católicos, siendo católicos continúan en el seno comprometido de la iglesia). Quiero saber cuantos de ellos realmente han iniciado el proceso de nulidad matrimonial, y cuantos de ellos han recibido sentencia desfavorable de los tribunales rotales dejándoles en una situación realmente comprometida.

Este es el verdadero problema Srs. Dejémonos de tirar piedras sobre nuestra Madre, que ya bastantes le llueven de fuera.

Reivindiquemos lo que es reivindicable. ¿Por qué en el proceso de nulidad no puede bastar con el informe del párroco (primer conocedor de la realidad conyugal de los interesados) y un breve proceso diocesano censurado directamente por el obispo (presentándose las garantías oportunas al interesado que quisiera oponerse en un recurso a tribunal superior). ¿Por qué, dadas las circunstancias a las que nos enfrentamos, no se puede establecer un decreto de nulidad sin oposición en el plazo máximo de tres meses, proceso sin gravosas tasas y complicados letrados?

Y haciendo eso que podemos hacer, respetamos la doctrina que nos ha sido trasmitida. Porque nuestra tarea es esa: continuar siendo católicos y conservar a nuestra Madre como la que es, Una, Santa, Católica y Apostólica; y no como la que a muchos le gustaría que fuera Diversa, Avenida, Protestante y Moderna.

Traidores de la fe!

Llevo dos días intentando ordenar las ideas para poder mandar este mensaje más que un mensaje podría ser una reflexión tan antigua como la de la pescadilla que se muerde la cola.

Pues bien, no hace mucho tiempo cuando peregrino peleaba  por estos mundos guiado por las riendas de las calles, todo se contemplaba con los ojos de este dicho “cree el ladrón que todos son de su condición”. Cuán grande fue mi sorpresa al comprobar desde fuera que no es tanta la ceguera sino más bien la negación de lo evidente; la policía cerrando los ojos.

La droga circulando libremente por las calles; la oferta y la demanda acosando nuestros colegios; hijo afortunado que siguiendo la trayectoria del padre pasa de los demás, y digo afortunado pues él no fue abortado como su padre hace con los demás.

Y ahí están, paseando presumiendo de su alto nivel social; ahí están, agarrados a la libertad mostrándose pasivos ante la vida, retorciéndose en sus lechos de dinero amparados por los políticos que sólo se meten con quien no se defiende. ¡Ay de ellos si tuviesen el valor de defender la moral y la buena fe! Sí, la buena fe, algo tan extraído de esta sociedad. Algo tan limitado por los miedos impuestos por sociedades como la del islam. Mentiras, que no respetadas, sólo temidas. Mentiras que envuelven la vida diaria de estos políticos que luchan contra las personas que rezan  por ellos; corruptos, protagonistas de revistas con  lengua de Satanás; traidores de la fe.

Confundir con la polémica!!!

Siempre he creido que los polemistas crean más confusión que la luz que pretenden aportar a la cuestión ante la que se levanta la polémica.

Hoy, en medio de la confusión doctrinal a la que nos enfrentamos los católicos, sólo la fidelidad a la doctrina, expresada autenticamente en el Magisterio de la Iglesia, puede disipar cualquier atisbo de confusión. Catecismo, caticismo y más catecismo, frente al relativismo para el que todo es opinable, en cuestiones de doctrina, el católico reclama el “Catecismo”.

Es una lástima, que tantos pastores católicos, a los que les coresponde ministerialmente la funcion de enseñar, aconsejar y aclarar bajo la luz de la única doctrina que el mismo Dios Encarnado transmitió al colegio apostólico y asentó sobre la piedra de Pedro, se dediquen a confundir, más si cabe, al rebaño, hoy más que nunca inquieto y en ocasiones tan azorado.

Viene esa gran confusión a poner en tela de juicio el Sacramento del Matrimonio, ante la situación, siempre difícil y delicada, de los católicos divorciados y vueltos a unir en otras convivencias civiles o naturales.

Y venimos a confundir al pueblo, que no entiende mucho de teología bibliotecaria pero que tiene mucho más sentido común del que muchos desearíamos en nuestras casas, entremezclando los términos de excomunión con el de comunión referido a recibir el sacramento de la Eucaristía.

Y la doctrina es Una, y la Verdad es también Una.

Tanto el católico divorciado y vuelto a rejuntar con otra pareja, como el adúltero casado, como el que convive sin estar casado, como el que simplemente se haya en pecado mortal, no pueden acceder al sacramento de la Eucaristía, sin antes haber regularizado su situación, pues como advierte San Pablo, despreciar de tal modo el Santo Sacramento del Cuerpo y la Sangre de Cristo puede llevarnos a tragar directamente nuestra perdición.

La excomunión es otra cosa. El pecador, cuando hablamos de pecado mortal, no queda excomulgado por pecar (salvo en algunos casos abominables como es el asesinato del no nacido), en todo caso, repito en todos los casos, debe acudir al Santo Sacramento de la Reconciliación para ser perdonado por Dios y reconciliarse con la Iglesia.

Y es que aquí, pecadores somos todos. No por presentar más dramaticamente una situación se va a tener más razón. Y si nos encontramos en pecado mortal, no debemos comulgar, y si el ministro de la comunión tiene conocimiento seguro de la situación tiene la obligación de negar la comunión material, al igual que tambien tiene la obligación de acoger al pecador (pecadora de La Laguna leo en otros lares) sea cual fuere la naturaleza de su pecado y facilitarle la comunión espiritual y el camino a la reconciliación con Dios y con la Iglesia.

Y es que yo no entiendo tanta polémica con los casados sacramentalmente, divorciados civilmente y vueltos a unir en otras relaciones de pareja sea natural o civilmente. Si somos católicos, no podemos renunciar a la verdad, y Jesucristo indicó bien explícitamente esta situación hasta el punto que Pedro exclamara ¡Y así, no conviene casarse!

Pero la situación real es de no fácil solución, pero si de sencillo encauzamiento. Un buen amigo, experto canonista donde los haya, me manifestaba el otro día que a buen seguro, en nuestros días, el 95 % de los matrimonios mirados con lupa tienen causa de nulidad (si no se hubieren renovado debidamente las promesas matrimoniales); y es que la simple exclusión del “bonus connubi”, del bien de los cónyuges, entre otros múltiples posibles motivos, presenta causa de nulidad matrimonial. Y si resulta que el matrimonio es nulo, pues que se anule, y se preste mayor atención, que es Sacramento y la merece, n la nueva unión Sacramental que el buen católico y sus hijos merecen.

Y yo pregunto ¿Por qué no se simplifica, facilita, y si es necesario se protocoloriza, el aun complejo proceso de nulidad canónica? ¿Por qué los Pastores en vez de crear y recrear confusiones que acrecentan el sufrimiento de la Iglesia toda, no encaminan a sus fieles incursos en tan terribles trances a regularizar su situación sacramental? ¿Por qué toda la atención se centra en solicitar que los divorciados vueltos a rejuntar puedan acceder al Sacramento del Cuerpo y la Sangre de Jesucristo como si tal cosa, como si la simple voluntad suprimiera los efectos del Sacramento del Matrimonio, cómo si la comunión en el Eacramento de la Eucaristía fuera cualquier cosa? ¿Por qué los católicos, en general, que se enfrentan al problema de la separación en el matrimonio, acuden antes al abogado que al cura a pedir consejo? ¿Por qué el divorciado no escatima tiempo y esfuerzos en regularizar su situación civil pero desprecia la regularización de su situación canónica?¿Por qué el juzgado civil llega a ser lugar común en la vida del católico y el Obispado un extraño? ¿Por qué no hablamos de implementar una verdadera pastoral sacramental exigiendo la formación y el noviazgo preceptivos para el acceso al Santo Sacramento del Matrimonio? ¿Por que ese enconado esfuerzo en dejar en poca cosa lo que es Sacramento, elevado por Cristo a acción divina: “lo que Dios ha unido no lo separe el Hombre”? ¿O es que también nosotros queremos hacernos protestantes, y esperamos comenzar por acabar con el Sacramento del Matrimonio para continuar después con el que nos plazca?

No es una cuestión de “traditio”. Es una cuestión que afecta a la propia palabra del Evangelio y al fundamento más profundo de la Iglesia Católica, que son los Sacramentos cuya institución divina, los católicos, reconocemos.

¿Miedo a los cismas? Ninguno. Siempre ha habido cismas, de hecho la cismática iglesia anglicana se separo de la Iglesia Católica por no admitir esta el divorcio del Rey, y muchos ingleses pagaron con su vida el permanecer junto a Roma antes que junto al rey.

¡Miedo, quizás, a que no se produzcan los cismas! Aunque miedo, ninguno, porque Cristo va en esta barca, aunque algunos crean que parece dormido.

http://psantodomingosavio.arquibogota.org.co/media/27/sacramentos-img/vitral-sacramentospng-2_1024.png

 

¡QUIEN CON INFANTES PERNOCTA, EXCREMENTADO ALBOREA!

Sentimos una gran tristeza y pesar al contemplar aquello que supuestamente sería el cuerpo traspasado de nuestro Señor Jesucristo sujeto al signo marxista de la hoz y el martillo. La tristeza se convierte en profundo sopor, cercano quizás a la agonía, cuando contemplamos dicha escenificación sobre las manos del Santo Padre Francisco y bajo su cara sonriente.

Algunos dicen que el Papa al contemplarlo exclamó “eso no está bien”, pero si no esta bien no puede acogerse entre las manos y agradecer el gesto y signo realizado por el mandatario marxista, y menos ofrecer una sonrisa de complacencia.

El vídeo de la escena hay que verlo entero:

Nuestro dolor acompaña al dolor de la Iglesia entera, de la Iglesia fiel, de la Iglesia sufriente que tanta sangre a derramado y sigue derramando bajo el yugo marxista.

Quiera Dios que esta horrible violación de la dignidad cristiana, que el señorito Evo Morales a propinado a la Iglesia Universal, sirva de experiencia y aprendizaje para que jamás pueda volverse a dar pie a tan repudiable ofensa.

Un dicho muy español, refinado en sobre manera porque de otro modo suena chabacana e impropiamente, dice que: ”quien con infantes pernocta escrementado alborea”.

Quizås alguien quiera repetir hoy aquello que a tantos ha burlado: “no hay presos políticos en los regímenes marxistas”. ¿Por qué no visitarlos a ellos en vez de a sus opresores? El mismo Felipe Gonzålez tuvo que tomar las de Villadiego cuando pudo contemplar en primera persona las bonanzas del otro tan admirado régimen bolivariano.

¿Dispuestos a perder esta vida…?

En todos los tiempos el signo de identificación de los seguidores de Jesús ha sido la persecución. Sí, en todos los tiempos la persecución se ha presentado de forma abierta o velada, desde el exterior o el propio interior de la Iglesia (cuanto lobo que gusta usar del disfraz de pastor), cruenta o incruenta, pero siempre persecución.

El cristiano siempre ha sido perseguido bajo su propia responsabilidad de sentirse y reconocerse cristiano y no estar dispuesto a renunciar a esta más que profunda identidad. El cristiano perseguido siempre ha tenido la posibilidad de apostatar ó, incluso, simular la apostasía y continuar con la relativa normalidad de su vida. El cristiano frente a la persecución cruenta siempre a tenido la oportunidad de avenirse a las exigencias de sus perseguidores y librarse del castigo con el que se le amenazaba y de la muerte.

En tiempos de las persecuciones romanas, la cuestión era dilucidada por el efímero hecho de comer carne sacrificada o de quemar incienso en honor del Cesar. En aquel entonces muchos, muchos, cristianos se doblegaron a las exigencias de sus perseguidores y quemaron incienso y consumieron carne sacrificada a los dioses paganos. Así se libraron de la persecución y de la muerte, pero así fueron apartados de la comunión de la Iglesia. Sí, fueron excomulgados porque se interpretó el hecho del reconocimiento de otros Dioses fuera del Dios en Cristo, aunque se tratara del mismo Cesar y de quemar un poco de incienso en su honor, como un signo de apostasía.

Muchos, pero mucho otros cristianos, hombres, mujeres, y niños, familias enteras, permanecieron fieles a Cristo y a su Iglesia y se negaron a las pretensiones de sus perseguidores. Fieles a Cristo fueron unos despellejados vivos, otros crucificados, otros quemados, otros devorados por fieras. No hubo distinción entre hombres mujeres o niños. Padres que fueron obligados a contemplar el martirio de sus hijos, hijos que fueron obligados a presenciar la tortura y el sacrificio de sus padres, ninguno negó a Cristo, entregaron entre cantos y alegría su sangre a la Iglesia y su vida a Cristo.

Hoy parece que hemos aprendido a olvidar, y cuanto menos despreciar, el sacrificio cruento que tantos católicos realizaron voluntariamente, sí voluntariamente, por la Madre Iglesia. Sangre martirial que fue menospreciada por aquellos que seguían apostatando y animaban desde desde sus foros teológicos a simular la apostasía para escapar del martirio!

Aquella sangre, la de tantos cientos de miles de mártires de la Iglesia perseguida, que se une a la sangre derramada por Cristo en su Pasión y Cruz, sigue hoy siendo despreciada por tantos católicos que propician, animan, promueven, aceptan, celebran y aplauden el avenimiento con la abominación modernista, marxista o liberal. Hoy no se nos pide quemar un poco de incienso a unos dioses, que si lo pensamos bien taxativamente hacemos. Hoy se nos impele a convivir aceptablemente con el genocidio estructurado del crimen de los inocentes, y no se declara a quien quema el incienso en la aprobación y mantenimiento de esas leyes, a quien consume la carne del voto a los partidos que promueven, aprueban o toleran el asesinato sistemático del inocente no nacido, fuera de la comunión de la Iglesia.

Hoy quemamos el incienso de la bandera multicolor, de la inversión de la moral cristiana, de la desestructuración de la familia, de la perversión de la moral y costumbres de nuestros jóvenes, mientras que políticos, colaboradores, votantes y demås responsables, no sólo permanecen en  comunión sino que en tantas ocasiones ocupan los primeros puestos de las celebraciones litúrgicas católicas.

Hacemos inmundo el sufrimiento atroz de aquellos que envueltos en la gracia de la fe soportaron las torturas y sufrimientos que el sadismo de sus verdugos les produjo en el intento que quemaran un poco de incienso, que consumieran un trocito de carne.

Hoy más que nunca alzamos la voz frente aquellos que nos persiguen y frente aquellos que se avienen: ¿Hermanos por qué perseguís a  Cristo? ¡Os avanzamos nuestro perdón! ¡Aquí nuestras vidas, aquí nuestra sangre! ¡Pierdalo todo con tal que alcance a Cristo!

¡Viva Cristo Rey!