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¡NO TODOS SON DEMONIOS!

La persecución desatada contra aquellos, nuestros pastores, que se atreven a levantar su voz profética en contra de la imposición de la Ideología de Género o en defensa de la vida, se ha visto reforzada por las acciones que el mismo Partido Popular ha decidido emprender.

Y es que ya sabemos como se las trae este liberalismo impositivo en el que nos vemos obligados a vivir: ¿Libertad de Pensamiento? Sí, siempre que no te expreses en contra del Nuevo Orden Mundial; ¿Libertad de Expresión? Sí, siempre que no digas lo que no deseamos escuchar; ¿Libertad de Conciencia? De ninguna manera, en el Imperio de la Ley, es ésta y no otra la única referencia que dice lo que es bueno y malo, aunque la Ley sea nefanda.

Y la sociedad sumida bajo los efectos anonadadores de aquella píldora del bienestar que ingirió sin prudencia ni reflexión, se aviene a toda inmoralidad, violación de su dignidad y vulneración de sus derechos fundamentales, con tal de que este espejismo material de comodidad y placer terrenal no desaparezca de sus sentidos inmediatos.

Algunos de nuestros Obispos alzan la voz. Pero como bien dicen, si un católico no puede votar a ninguno de los partidos con representación parlamentaria por propugnar con sus actos acciones e ideologías completamente contrarias a la moral y doctrina de la Iglesia Católica, entonces tenemos que pocos católicos son los que pueden quedar con las manos limpias del voto ensangrentado, y por otro lado quienes y que son aquellos que con las manos que votan manchadas en la sangre de los inocentes reciben sacrilégamente la Santa e Inmaculada Eucaristía: “No todos son demonios”, diría el Santo Cura de Ars. ¡No todos son demonios!

¡Libertad Religiosa!

Broken Cross

 

¡En nombre de la libertad te impido ser libre!

¡La “libertad religiosa” ha sido esgrimida tantas veces como argumento para impedir la libre y pública profesión religiosa!

Muchos, enemigos de la religión, y más particularmente enemigos de Cristo, hablan de libertad religiosa para tras la falacia dialéctica ocultar la verdadera acción e intención que les mueve: ¡la persecución religiosa!

Y es curioso que cuando se descubre hacia que religión apuntan todas las armas anti-religiosas, es el cristianismo el que se presenta a lo largo de la historia como la víctima propicia de la mayor y más encarnizada persecución que jamás se haya emprendido contra colectivo humano alguno.

Y es que el cristianismo, y en especial el catolicismo porta esta seña de identidad desde sus orígenes; Jesucristo fue perseguido, primero sutil y maliciosamente, más tarde abierta y violentamente hasta que lo clavaron en un madero; los primeros cristianos fueron perseguidos en toda comunidad judía, más tarde fueron perseguidos por el Imperio Romano; a la lista histórica de perseguidores de Jesucristo se suman un sinfín de sectas, movimientos, religiones: arrianos, musulmanes, hindús, comunistas, masones, liberales, etc. Y especialmente a los católicos se suman cristianos anglicanos, protestantes, acatólicos y demás.

Y es que claro, a los cristianos es fácil perseguirlos, acosarlos, oprimirlos y martirizarlos; profesan aquello de pon la otra mejilla, y hay que perdonar siempre. Además, si se atreven a responder o a defenderse, sus enemigos lograrán manipular la información, incluso la historia para que aparezcan ellos como los perseguidores (claro ejemplo la infamia y negra leyenda de las cruzadas que intentaban recuperar aquellos territorios cristianos arrebatados cruel y genocidamente en la expansión violenta y encarnizada del islám).

Hoy la persecución en nuestra patria empieza a dejar de ser sutil. Se levantan voces frente a toda una Nación Católica como España que pretenden acabar con las celebraciones católica, con  la enseñanza católica, que ha arrasado con los valores morales y las costumbres evangélicas y se atreven a corear impunemente que van a quemar la “Conferencia Episcopal”, como si eso de quemar iglesias, seminarios y conventos fuera a ser algo original o novedoso en nuestra historia.

Pero los católicos aguantamos todo menos lo que no se puede aguantar. ¡Sí!, vocación de santos, pero no de imbéciles o gilip… (perdón). Es deber supremo del católico, exigencia divina me atrevería a decir, defender la patria, la familia y la fe de nuestros padres; ¡cuidado con la furia de las legiones!

Hemos echado una mirada atrás, a nuestros hermanos mexicanos y su célebre “Cristiada”. Cristiada que comenzó en Jerusalén hace ya casi dos mil años. Cristiada que nadie jamás podrá vencer porque se sustenta en la misma sangre de Cristo y de aquellos mártires que entregaron su vida perdonando a sus agresores y renunciando al supremo derecho a defenderse.

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Hoy, en esta España herida, en este mundo moribundo de injusticia, intolerancia y opresión de poderosos y pervertidos, enemigos de Dios, del Dios en Jesucristo, elevamos nuestras oraciones para que la paz sea posible y la hordas infernales y maléficas no horaden la tranquila convivencia de nuestras gentes que a precio de sangre fue ganada.

 

LIBERTAD no es libertad constitucional!

Hago un repaso a mis miedos y reparos y, mås allå del caråcter impetuoso que me configura, descubro que si no venciara en tantas objeciones sentiría verdaderamente el yugo totalitario y opresor que el Estado liberal camufla socialmente a base de pan y placer (estado del bienestar le llaman).

Por ahí andan pidiendo que se pene a quien hable bien del régimen del Generalísimo Franco; otros nos advierten que arderemos como en el 36; los hay que pretenden coaccionarnos para que abandonemos la defensa del derecho natural y nos arrogemos desmelenados a los brazos de la perversa y sodomita ideología de género; algunos, cada vez mås, ridiculizan y persiguen a los jóvenes que pretenden vivir su fe, la católica claro porque si fuera la musulmana puente de plata que el miedo todo lo puede, con naturalidad allá donde se encuentren; muchos exigen e imponen el asesinato premeditado de seres humanos inocentes como un derecho gratuíto y facilitado por el propio, permitanme que lo diga, antiestado. El totalitarismo liberal impone el liberalismo, y al que no le guste, que se lo trague.

La LIBERTAD de los hijos de Dios, anuncia San Pablo es la libertad de no pecar, es la libertad de hacer el bien y rechazar el mal. La LIBERTAD no es la libertad constitucional de los decadentes estados occidentales, como nuestro antiestado en el que una Constitución impuesta bajo la apariencia de un espíritu conciliador, se ha manifestado como un depravado espíritu del mal. Y es que no se puede llamar al mal bien ni al bien mal, yo creó que ese es el pecado contra el Espíritu Santo que no serå perdonado en esta vida ni en la venidera. No se puede proclamar que todos tienen derecho a la vida, y después pretender que es conciliable, tan taxativa aseveración, con la muerte provocada de los no nacidos, ancianos, enfermos y ya veremos quien mås.

El antiestado ya se va manifestando, con el asesinato de sus propios miembros, con el rechazó radical de Dios, con la inversión del Derecho Natural, con la inmoralidad impuesta a jóvenes y mayores, con el falseamiento público de nuestra historia.

Sólo Dios sabe a qué nos está llamando. Qué Él, Omnipotente Creador, nos de la fuerza y el espíritu necesarios.

¡BASTA YA!

Parece que nuevamente la consigna de ataque a la Iglesia por el pecado de algunos sacerdotes vuelve a establecerse. No es algo nuevo. Lo que no había visto es que fueran los mismos sacerdote, de clériman incluso, los que den pávilo, a lo que es un ataque visceral e injusto contra Cristo y su Iglesia.

Si hablamos del abuso de menores, ¡qué bueno sería que nos preocupáramos tanto también de 99,98% de abusos a menores que se cometen por personas de su más cercano círculo familiar y social: PADRES, MADRES, HERMANOS, tíos, abuelos, primos, amigos, vecinos, MAESTROS, PROFESORES, entrenadores, cuidadores y otros familiares y allegados! Si que bueno sería que acabáramos con el CANCER SOCIAL de la pedofilia, la prostitución, la pornografía, la perversión y la anametización de la Iglesia Católica siempre perseguida!!!!

Mentes estrechas y miopes que sólo valoran el gesto y la consigna, que alargan sus filacterias para avenirse al mundo mientras el mundo muere y agoniza.

¿Quien señalara a aquellos que cada día mueren atrozmente por la corrupción de este mundo al que nos avenimos? ¿Quien alzará el llanto por los más de 60.000 niños que cada día son descuartizados en el vientre de sus madres y tirados como basura a un vertedero? ¿Quien gritará por aquellos más de 18.000 niños que cada día mueren por causas directas del hambre en el mundo? ¿Quién clamarå a Dios por la sangre de tantos inocentes oprimidos, explotados, prostituídos, y esclavizads? Tu y yo no, claro, que alta es nuestra comodidad.

Pero si un miembro de la Iglesia, y sólo de la Católica, como humano deleznablemente peca, entonces sí, denunciamos y nos indignamos y nos ponemos al lado de quienes la tachan de ramera.

¡Hipócritas, nido de víboras! ¿Cómo escapareis del fuego eterno? Consentimos la prevaricación de Sodoma y Gomorra, y nos creemos santos por pedir perdón por pecados que no son nuestros mientras abrazamos los satánicos signos del genocidio entre nuestros brazos y pecho.

¡Y aquí no pasa nada! ¡Que nos salvamos todos! ¡Judios, moros, budistas, hindús, ateos! ¡Todos, menos, eso sí los curas que hayan osado caer en el pecado del mundo! Esos no. Si acabamos con esos se salva el mundo. Pues ale, leña al mono que es de goma!

¿Dispuestos a perder esta vida…?

En todos los tiempos el signo de identificación de los seguidores de Jesús ha sido la persecución. Sí, en todos los tiempos la persecución se ha presentado de forma abierta o velada, desde el exterior o el propio interior de la Iglesia (cuanto lobo que gusta usar del disfraz de pastor), cruenta o incruenta, pero siempre persecución.

El cristiano siempre ha sido perseguido bajo su propia responsabilidad de sentirse y reconocerse cristiano y no estar dispuesto a renunciar a esta más que profunda identidad. El cristiano perseguido siempre ha tenido la posibilidad de apostatar ó, incluso, simular la apostasía y continuar con la relativa normalidad de su vida. El cristiano frente a la persecución cruenta siempre a tenido la oportunidad de avenirse a las exigencias de sus perseguidores y librarse del castigo con el que se le amenazaba y de la muerte.

En tiempos de las persecuciones romanas, la cuestión era dilucidada por el efímero hecho de comer carne sacrificada o de quemar incienso en honor del Cesar. En aquel entonces muchos, muchos, cristianos se doblegaron a las exigencias de sus perseguidores y quemaron incienso y consumieron carne sacrificada a los dioses paganos. Así se libraron de la persecución y de la muerte, pero así fueron apartados de la comunión de la Iglesia. Sí, fueron excomulgados porque se interpretó el hecho del reconocimiento de otros Dioses fuera del Dios en Cristo, aunque se tratara del mismo Cesar y de quemar un poco de incienso en su honor, como un signo de apostasía.

Muchos, pero mucho otros cristianos, hombres, mujeres, y niños, familias enteras, permanecieron fieles a Cristo y a su Iglesia y se negaron a las pretensiones de sus perseguidores. Fieles a Cristo fueron unos despellejados vivos, otros crucificados, otros quemados, otros devorados por fieras. No hubo distinción entre hombres mujeres o niños. Padres que fueron obligados a contemplar el martirio de sus hijos, hijos que fueron obligados a presenciar la tortura y el sacrificio de sus padres, ninguno negó a Cristo, entregaron entre cantos y alegría su sangre a la Iglesia y su vida a Cristo.

Hoy parece que hemos aprendido a olvidar, y cuanto menos despreciar, el sacrificio cruento que tantos católicos realizaron voluntariamente, sí voluntariamente, por la Madre Iglesia. Sangre martirial que fue menospreciada por aquellos que seguían apostatando y animaban desde desde sus foros teológicos a simular la apostasía para escapar del martirio!

Aquella sangre, la de tantos cientos de miles de mártires de la Iglesia perseguida, que se une a la sangre derramada por Cristo en su Pasión y Cruz, sigue hoy siendo despreciada por tantos católicos que propician, animan, promueven, aceptan, celebran y aplauden el avenimiento con la abominación modernista, marxista o liberal. Hoy no se nos pide quemar un poco de incienso a unos dioses, que si lo pensamos bien taxativamente hacemos. Hoy se nos impele a convivir aceptablemente con el genocidio estructurado del crimen de los inocentes, y no se declara a quien quema el incienso en la aprobación y mantenimiento de esas leyes, a quien consume la carne del voto a los partidos que promueven, aprueban o toleran el asesinato sistemático del inocente no nacido, fuera de la comunión de la Iglesia.

Hoy quemamos el incienso de la bandera multicolor, de la inversión de la moral cristiana, de la desestructuración de la familia, de la perversión de la moral y costumbres de nuestros jóvenes, mientras que políticos, colaboradores, votantes y demås responsables, no sólo permanecen en  comunión sino que en tantas ocasiones ocupan los primeros puestos de las celebraciones litúrgicas católicas.

Hacemos inmundo el sufrimiento atroz de aquellos que envueltos en la gracia de la fe soportaron las torturas y sufrimientos que el sadismo de sus verdugos les produjo en el intento que quemaran un poco de incienso, que consumieran un trocito de carne.

Hoy más que nunca alzamos la voz frente aquellos que nos persiguen y frente aquellos que se avienen: ¿Hermanos por qué perseguís a  Cristo? ¡Os avanzamos nuestro perdón! ¡Aquí nuestras vidas, aquí nuestra sangre! ¡Pierdalo todo con tal que alcance a Cristo!

¡Viva Cristo Rey!