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¿Por qué lo llaman matrimonio?

Estados Unidos ha declarado como derecho constitucional el mal llamado “matrimonio” homosexual. Y por qué digo mal llamado, por la sencilla razón de que cuando tú tienes dos cosas cuya naturaleza es diferente, no pueden compartir una misma denominación, es decir, la unión entre personas del mismo sexo, podría tener otro nombre,  que no fuera matrimonio, lo que contribuiría a diferenciar el tipo de unión de lo que ultimamente se ha dado en llamar “matrimonio tradicional”.

Muchos son los ejemplos que se podrían argumentar, no es lo mismo una separación que un divorcio, no es lo mismo un préstamo que una hipoteca, y esto es debido a que aunque sean figuras parecidas, hay una serie de características que las hacen singulares. Por eso no se puede entender que en este caso no se haya realizado esa distinción que parece del todo lógica y racional, dadas las peculiaridades de este tipo de uniones.

Otro ejemplo de un uso inapropiado del vocabulario sería el mal llamado bautismo civil, detrás de estos y otros ejemplos lo que se encuentra es un deseo de usar términos de carácter religioso en otros contextos, esto no es un fenómeno nuevo, ya que basta con oir una simple narración, ya sea televisiva o radiofónica de cualquier deporte para ver como de manera torticera se usan expresiones del vocabulario religioso sin ningún reparo.

 

 

 

No se entiende España…

No se entiende España sin Cataluña, pero tampoco se entiende Cataluña sin España. Los separatistas catalanes, minoría antipática y resentida donde las haya, deberían buscar, más bien inventar al estilo euskalduno, un nombre para esa entidad nacional que pretenden, porque Cataluña fuera de España no es Cataluña.

Esta realidad  condiciona sumamente la posibilidad de una España sin Cataluña, tanto, que no es posible. Cataluña siempre formará parte de España porque España es esa unidad de destino a la que siempre perteneció y en la que fueron constituídas ambas: Cataluña  como región, junto a tantas, España como unidad de aquellas. Y esta es la historia señores, y si algunos se empeñan en quebrarla, otros se empeñarán en recomponerla.

Aunque no sirva de alivio, debemos recordar que el egoísmo de unos pocos que manipulan y utilizan los sentimientos y desesperaciones de otros no es de ahora. Se preguntaba Ramiro de Maeztu allá por el año 1934: ¿Por qué, diréis, nos habla España de unificación de la Hispanidad cuando los hijos de España desgarran su propia unidad?

Y así tendremos que esperar el resurgir de España, quizás primero en nuestras conciencias tan domesticadas en unos casos, amedrentadas o inmunizadas en otros. Como decía Maeztu “resurgirá España porque las fuerzas latentes de su espíritu, los valores que cien generaciones cristianas han depositado en el fondo del alma nacional, vencerån la resistencia de esta costra de escorias que la oprimen, y saldrá otra vez a la superficie de la vida social el oro puro de nuestra alma añeja, la del catolicismo a machamartillo, la del sentido de jerarquía, más arraigado en España que en ninguna otra nación del mundo, la de los nobles ideales, la que ha cristalizado en obras e instituciones que nos pusieron a la cabeza de Europa.”

Y esta visión clara de Maeztu viene avalada, mejor garantizada, por la promesa del reinado predilecto de Cristo sobre nuestra Patria, y aquella de nuestra amada Madre, la del Pilar, de que España sería siempre tierra de María, de forma que España no dejarå nunca de ser esa unidad en la que fue constituída con predilección divina.

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De parte de D. Pío Moa

Clarificar el pasado tiene mucha más importancia actual de lo que la gente cree.  En el artículo  “¿Por qué mienten?”, Julián Marías exponía dos ideas clave contra la  esa “mentira profesional” centrada en nuestra historia, sobre todo la reciente: “Con diversos pretextos, hay gentes dedicadas a lo que llamo la“calumnia de España“. Ningún pretexto me parece aceptable para ello; no sólo en nombre de España, sino, todavía antes, en nombre de la verdad”. Y  “No se abrirá de verdad el horizonte de España mientras no haya una decisión de establecer el imperio de la veracidad”.  

Estas frases están escritas hace dieciocho años y siguen siendo actuales, porque el imperio de la falsedad y la calumnia a España  no solo no ha cedido, sino que ha dado grandes pasos adelante, hasta institucionalizarse en una ley grotesca. Ello se debe, fundamentalmente, a que la derecha ha decidido colaborar en el proceso, primero por omisión y luego sumándose a la acción demoledora. El “Himalaya de falsedades” no ha tenido entonces más contención que las investigaciones de unos pocos francotiradores sometidos a un hostigamiento y silenciamento permanentes.  Actitud muy reveladora, pues la verdad absoluta nunca se alcanza, y progresar hacia ella exige el debate, rehuido sistemáticamente por los profesionales de la tergiversación.

Mucha gente no entiende la frase de Marías sobre la necesidad de abrir el horizonte de España restableciendo la verdad sobre el pasado. Por elcontrario, se busca, como el PP, “mirar al futuro” desde la falsificación de la historia. Y se adopta una postura de desprecio moral sobre nuestros antepasados, culpables, al parecer, de infinidad de errores y horrores. Pero, con todos sus errores y aciertos, maldades y bondades, son nuestros antepasados,  nosotros no somos mejores que ellos, aunque podamos aprender de sus fallos, y la postura de severo juez ético sobre nuestros padres y abuelos solo revela la ridícula vanidad, la profunda estupidez de quienes se creen tales jueces. Todas las generaciones hacen historia, y si pretenden hacerla sobre la distorsión de la anterior a ellas, harán una historia de decadencia, corrupción y miseria moral. Algo muy perceptible hoy.

  Por ello, cualquier iniciativa que se oponga a “la calumnia de España” no en nombre dela patriotería sino de la verdad, merece el estímulo y apoyo de  “cuantos respetan la verdad  y sienten la necesidad de defenderla”, que siguen siendo seguramente bastantes pero que, por desmoralización o pasividad no se hacen muy presentes. Una de esas iniciativas es precisamente “Cita con la Historia”, emprendida con muy escasos medios y en una radio de pequeña cobertura. Es un pequeño David enfrentado al Goliat de la fraudulenta “memoria histórica” y la “calumnia de España”.

 

(El texto original en http://www.gaceta.es/pio-moa/rescatar-historia-yabrir-horizonte-espana-27042015-0858)

Visita también http://www.piomoa.es/

http://citaconlahistoria.es/

Manipulación de Conciencias

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No me había encontrado hasta hoy con un ejemplo tan claro, sutil y perverso de la manipulación de conciencias que desde diferentes áreas de la educación pública se ejerce sobre nuestros jóvenes.

Hoy una alumna de bachiller me abordó con algunas dudas sobre un ejercicio que debía de rehacer. La tarea era definir e identificar la cuestión vital en la pregunta ¿La creencia en Dios tiene sentido?

Ya en una primera instancia di cuenta de lo incorrecto e inadecuado del planteamiento ante una sociedad compuesta por cerca de un 80% de católicos y mas de un 90 % de personas creyentes.

Pero una vez profundicé un poco más en la posible intencionalidad del cuestionamiento me di cuenta de la sutil y perversa maniobra del autor original; no era posible contestar tal pregunta. Responder a tal pregunta es admitir y asumir tácitamente que Dios no es más que una creencia y situarlo al nivel de tales realidades conceptuales: las creencias.

La propia formulación de la cuestión: ¿La creencia en Dios tiene sentido? impone axiomaticamente que Dios no puede llegar a ser más que una creencia para el ser humano; que Dios no es un ser cognoscible y cercano que se manifiesta ampliamente en la creación y en cada uno de los seres humanos.

Con este tipo de maniobras se ha ido minando las conciencias de nuestros jóvenes, golpeando y golpeando, degradando y degradando el concepto de Dios y de la fe de sus mayores, hasta el punto de que muchos de ellos sentirían vergüenza de declararse creyentes ante un grupo dominado por el descaro y la prepotencia del ateísmo radical.

¿Por que filósofos y pensadores, sociólogos y educadores no se cuestionan si tiene sentido no creer en Dios?; cuando el ateísmo es la opción de una minoría muy minoritaria, tan minoritaria como radical y ruidosa: ¿Qué sentido puede tener una existencia sin Dios? Una existencia que solo puede considerarse como una manifestación absurda del azar químico de una fuente incognoscible, que ha sido como podría no ser, cuya razón se auto-destruye al reconocerse a si misma sin más fundamente que el enlace iónico o covalente de sus átomos.