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¡NO TODOS SON DEMONIOS!

La persecución desatada contra aquellos, nuestros pastores, que se atreven a levantar su voz profética en contra de la imposición de la Ideología de Género o en defensa de la vida, se ha visto reforzada por las acciones que el mismo Partido Popular ha decidido emprender.

Y es que ya sabemos como se las trae este liberalismo impositivo en el que nos vemos obligados a vivir: ¿Libertad de Pensamiento? Sí, siempre que no te expreses en contra del Nuevo Orden Mundial; ¿Libertad de Expresión? Sí, siempre que no digas lo que no deseamos escuchar; ¿Libertad de Conciencia? De ninguna manera, en el Imperio de la Ley, es ésta y no otra la única referencia que dice lo que es bueno y malo, aunque la Ley sea nefanda.

Y la sociedad sumida bajo los efectos anonadadores de aquella píldora del bienestar que ingirió sin prudencia ni reflexión, se aviene a toda inmoralidad, violación de su dignidad y vulneración de sus derechos fundamentales, con tal de que este espejismo material de comodidad y placer terrenal no desaparezca de sus sentidos inmediatos.

Algunos de nuestros Obispos alzan la voz. Pero como bien dicen, si un católico no puede votar a ninguno de los partidos con representación parlamentaria por propugnar con sus actos acciones e ideologías completamente contrarias a la moral y doctrina de la Iglesia Católica, entonces tenemos que pocos católicos son los que pueden quedar con las manos limpias del voto ensangrentado, y por otro lado quienes y que son aquellos que con las manos que votan manchadas en la sangre de los inocentes reciben sacrilégamente la Santa e Inmaculada Eucaristía: “No todos son demonios”, diría el Santo Cura de Ars. ¡No todos son demonios!

Libertad, libertad, sin ira libertad!

Es curioso como aquellos que más proclaman la libertad, y mås escudan sus argumentos y acciones tras ella, son después realmente los más intolerantes y autoritario.

Feministas, abortistas, gays, lesbianas, libertarios, anarquistas y un largos etcétera de posicionamientos sociales e ideológicos que no pretenden otra cosa que imponer, someter y destruir a los que ellos tienen por adversarios.

En la época de la transición, andaba yo por mis doce catorce años, escuchaba la cancioncita aquella de “libertad, libertad, sin ira libertad, guardaré tu miedo y tu ira porque hay libertad, sin ira libertad y si no la hay sin duda la habrá”. Pues a la vuelta de casi cuarenta años de aquellas voces, cada día siento mås el miedo y la falta de libertad.

Libertad mal entendida por tantos que creen que la misma sirve para posibilitar la apetencia aunque ésta sea desordenada y se encamine al mal. Eso no es libertad, es degradación e iniquidad. La libertad es la facultad humana de dirigir sus acciones hacia el bien común por los medios y actoss que uno lícitamente determine. Otros tipos de acciones y medios que no persiguen el bien común son condicionados y por tanto no libres, condicionados y sujetos a la apetencia, egoísmo, vanidad, ira, frustración o rencor, pero nunca depararån en actos libres sino en actos sometidos al mal.

Defender la Verdad tiene hoy el precio del descrédito y la difamación. Veía un video de Gador en un debate televisivo, al que por otro lado nunca tenía que haberse brindado, frente a aquellos defensores de el asesinato de seres humanos inocentes que le gritaban, perdigoneaban literalmente, revolviéndose en sus asientos, mientras Gador serena respondía con sonrisa y tranquilidad. Aquellos que mostraban violencia dialéctica se sentían apoyados por aplausos, programados y preparados, en el zenit de la arenga dialéctica. Claro que de aquellos que creen que el ejercicio de la libertad se expresa quitándole la vida al ser humano más frágil e indefenso, no se puede esperar otra cosa que en el ejercicio de su libertad te trate también con violencia. Jesús fue testigo de este proceder social cuando fue expuesto al pueblo por Pilato.

¿Libertad? ¡Ja! Aquella gente de la que hablaba la canción, hoy son presa del miedo y la desinformación frente a la ira de aquellos que viviendo encadenados al pecado quieren que ardamos como en el 36. ¡Ah! me olvidaba que al amparo de la libertad no se puede hablar del 36, ni de Franco, ni de Dios, ni de lo universal, ni del Estado confesional católico, porque entonces las cadenas de esa libertad falsa y revolucionaria caen sobre el autor y se le descalifica, difama, calumnia, excluye y amenaza, y no más porque todavía no hay la suficiente “libertad” para acabar con su vida.