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El que tenga oídos que entienda

 

A algunos les parece demasiado fuerte, atrevido, reaccionario o anacrónico el atreverse a solicitar y defender el estado confesional para nuestro pais, España, y salir del estado confusional en el que todo católico se encuentra o lamenta… Hoy tengo que darte toda la razón con el corazón hermano Alfonso, con cierta vergüenza por no haber sido más claro y potente. Llego a este convencimiento viendo como otros, dígase un tal Pedro Sánchez, se atreven a defender el estado laico como la prioridad de su gobierno, de llegar a ser presidente… Dios no lo quiera. Estamos ya preparados para todo, hasta para el Armagedon si se tercia, del que creo que estamos más cerca, como advirtió Netanyahu por si a alguno le interesa.

Bajo el vínculo de Cristo.

“La palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza; enseñaos unos a otros con toda sabiduría; corregíos mutuamente. Cantad a Dios, dadle gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados.

La indicación que San Pablo hacía a los Colosences es hoy también apropiada para cada uno de nosotros.

Bajo el vínculo de Cristo, como miembros de la Iglesia instituida por Él mismo, no podemos sino que enseñarnos unos a otros y corregirnos cuando sea necesario en favor de la unidad tan querida y deseada por Jesús.

Pero esta Palabra en la que nos debemos instruir y corregir, no es palabrería sujeta a nuestra  opinión e interpretación. Esto es, por otro lado, lo que llevó a Lutero a provocar el mayor cisma, la peor victoria infernal, en perjuicio de Cristo y la Iglesia; otra batalla.

La Palabra de Dios, la Palabra del Señor fue trasmitida y depositada en el seno de la Iglesia naciente, y ella, a través de los siglos, por medio de sus Santos, Doctores, Padres y Pontífices, la ha interpretado lícita y acertadamente y la ha trasmitido indeleble hasta nuestros días.

Así, para nosotros católicos no cabe opinión o interpretación que no se ajuste al Magisterio y a la Tradición de la Iglesia. Caer en esta tentativa es seguir a Lutero y protestar con el y contra Él.

No se comprende a los católicos!

¿Cuåndo la ideología neoliberalismo tomó el poder en las conciencias de los católicos españoles? La Doctrina Social de la Iglesia ha sido siempre clara y firme en la obligación de los católicos frente a su compromiso en la  vida social y política de su nación.

¿Cuando los católicos españoles asumimos el falaz criterio masónico de que cualquier referencia política a la cuna moral y tradicional católica de España es consigna exclusiva de opciones de extrema derecha?

¿Acaso nos hemos convencido que el estado neoliberal; estado del bienestar le llaman, bienestar de las familias que no conocen el paro, de los niños que no son abortados, de los ancianos que no son abandonados, de los que no viven bajo el yugo de una abusiva hipoteca, de los que no tienen que ocupar ilegalmente una vivienda para encontrar techo, no de los miles que se quitan la vida voluntariamente, no de cuantos caen presa de tantas adiccones, de tantas familias rotas; bienestar de unos pocos, los siempre poderosos; ilusión de los ilusos que han perdido hasta la esperanza de un sentido trascendental de la existencia; es un mal menor? ¿Mal menor frente a qué? Porque creó que el negocio que nos ocupa es el de la salvación o la perdición de nuestras almas, y en el debe imperar una conciencia bien formada; el resto le corresponde a Dios.

El Magisterio de la Iglesia es muy claro en materia política, siempre lo ha sido.

El católico no puede apoyar, ni con el voto, opción alguna opuesta a la moral católica: “los creyentes, deben oponerse y no pueden apoyar con su voto” tales opciones; “cuando la acción política tiene que ver con principios morales que no admiten derogaciones, excepciones o compromiso alguno, es cuando el empeño de los católicos se hace más evidente y cargado de responsabilidad”. (Benedicto XVI).

No se comprende a los católicos cuando renuncian a los valoesr más grandes que los acompañan, Cristo y la Iglesia; ¿qué queda del católico sin ellos? ¡Pues eso, un liberal!

NUEVO BOLETÍN UNIÓN CATÓLICA

Ya hemos editado el boletín número 1 de Unión Católica. Puede descargarse en formato digital en el siguiente enlace ó pulsando sobre la magen:

http://foro.unioncatolica.com/documentos/bolet01pdf.pdf

bolet01pdf_Page_1

 

Si alguien está interesado en conseguir el ejemplar en formato papel y distribuir algunos entre amigos y conocidos, no tiene más que enviar un e-mail a unioncatolica@unioncatolica.com e indicar los datos completos con dirección postal y le enviaremos 5 ejemplares impresos.

 

¡Bendiciones!

 

¡Cristo Reina!

Cozarín y Betsaida!!!

Vanidad de vanidades, sin Dios todo es vanidad, nada nuevo hay bajo el sol.

Sin embargo, la conciencia de sabernos trascendentales no sólamente nos aporta una profunda esperanza sino que además nos proyecta a una patria donde en verdad y plenitud se alcanzará toda justicia, a través del camino de la Divina Misericordia, sí, pero toda justicia.

Piensa el malvado que Dios no existe, que su pecado quedará siempre escondido, que no tendrá que pagar jamás por sus culpas.

Frente a esta enorme inconsciencia e irresponsabilidad, Jesús nos presenta la parábola del rico Epulón.

Nuestra fe y esperanza deben dotarnos de una enorme y severa responsabilidad frente al pecado en el que nos hayamos inmersos y las almas que pudieran salvarse y se pierden por tantas y tantas limitaciones que consciente o inconscientemente nos imponemos.

Ay de tí, Cozarín, Ay de tí, Betsaida! advertía el Señor.  Sodoma y Gomorra se levantarán el día del juicio y declararán contra ellas. ¿Entonces? Podemos imaginar los crímenes de Sodoma y Gomorra, ¿hay alguno de los que hoy como sociedad nos veamos libres? Recordamos los milagros de Jesús en Galilea, ¿acaso no son mucho mayores y abundantes los que se dan en todo lugar y tiempo en nuestra Iglesía?

¡Quizás la paciencia de Dios se ve sostenida por aquellos que en Sodoma no llegaban a diez!

Urge oponerse al mal. Urge tomar conciencia de que no hacer el bien es un mal en sí mismo, que no oponerse a mal es participar en él. Urge un modelo esperanzador y renovado que a la luz del Evangelio y de la Doctrina fielmente trasmitida por la Iglesia ofrezca a las nuevas generaciones un modelo de convivencia que, opuesto a la depravación que hoy se nos impone, tenga como metas la justicia y la paz sólo alcanzables bajo el divino espíritu de la verdad.