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De parte de D. Pío Moa

Clarificar el pasado tiene mucha más importancia actual de lo que la gente cree.  En el artículo  “¿Por qué mienten?”, Julián Marías exponía dos ideas clave contra la  esa “mentira profesional” centrada en nuestra historia, sobre todo la reciente: “Con diversos pretextos, hay gentes dedicadas a lo que llamo la“calumnia de España“. Ningún pretexto me parece aceptable para ello; no sólo en nombre de España, sino, todavía antes, en nombre de la verdad”. Y  “No se abrirá de verdad el horizonte de España mientras no haya una decisión de establecer el imperio de la veracidad”.  

Estas frases están escritas hace dieciocho años y siguen siendo actuales, porque el imperio de la falsedad y la calumnia a España  no solo no ha cedido, sino que ha dado grandes pasos adelante, hasta institucionalizarse en una ley grotesca. Ello se debe, fundamentalmente, a que la derecha ha decidido colaborar en el proceso, primero por omisión y luego sumándose a la acción demoledora. El “Himalaya de falsedades” no ha tenido entonces más contención que las investigaciones de unos pocos francotiradores sometidos a un hostigamiento y silenciamento permanentes.  Actitud muy reveladora, pues la verdad absoluta nunca se alcanza, y progresar hacia ella exige el debate, rehuido sistemáticamente por los profesionales de la tergiversación.

Mucha gente no entiende la frase de Marías sobre la necesidad de abrir el horizonte de España restableciendo la verdad sobre el pasado. Por elcontrario, se busca, como el PP, “mirar al futuro” desde la falsificación de la historia. Y se adopta una postura de desprecio moral sobre nuestros antepasados, culpables, al parecer, de infinidad de errores y horrores. Pero, con todos sus errores y aciertos, maldades y bondades, son nuestros antepasados,  nosotros no somos mejores que ellos, aunque podamos aprender de sus fallos, y la postura de severo juez ético sobre nuestros padres y abuelos solo revela la ridícula vanidad, la profunda estupidez de quienes se creen tales jueces. Todas las generaciones hacen historia, y si pretenden hacerla sobre la distorsión de la anterior a ellas, harán una historia de decadencia, corrupción y miseria moral. Algo muy perceptible hoy.

  Por ello, cualquier iniciativa que se oponga a “la calumnia de España” no en nombre dela patriotería sino de la verdad, merece el estímulo y apoyo de  “cuantos respetan la verdad  y sienten la necesidad de defenderla”, que siguen siendo seguramente bastantes pero que, por desmoralización o pasividad no se hacen muy presentes. Una de esas iniciativas es precisamente “Cita con la Historia”, emprendida con muy escasos medios y en una radio de pequeña cobertura. Es un pequeño David enfrentado al Goliat de la fraudulenta “memoria histórica” y la “calumnia de España”.

 

(El texto original en http://www.gaceta.es/pio-moa/rescatar-historia-yabrir-horizonte-espana-27042015-0858)

Visita también http://www.piomoa.es/

http://citaconlahistoria.es/

Memoria Histórica

Hoy hay un movimiento que lucha por presentar la verdad histórica.“Establecer el imperio de la veracidad es esencial para abrir el horizonte de España. La mentira sobre el pasado es una forma de corrupción que genera otras muchas corrupciones.”

Asomarse a la verdad histórica puede ser desagradable. No se trata de abrir herida alguna, más bien de que cicatricen todas.

El historiador Pío Moa nos presenta la extrema crueldad que sobre los católicos se realizo en la persecución religiosa que el califica como “La Mayor Persecución Religiosa de la Historia”:

“Acompañó a la siega una extrema crueldad. Un anciano coadjutor fue desnudado, martirizado y mutilado, metiéndole en la boca sus partes viriles. A otro le fusilaron poco a poco, apuntando sucesivamente a órganos no vitales. Varios fueron toreados, y a alguno le sacaron los ojos y le castraron. A un capellán le sacaron un ojo, le cortaron una oreja y la lengua, y le degollaron. A otro le torturaron con agujas saqueras ante su anciana madre. Otro fue atado a un tranvía y arrastrado hasta morir. Once detenidos en una checa fueron golpeados y cortados con mazas, palos y cuchillos, hasta hacerlos pedazos. Bastantes fueron asesinados lentamente, en espectáculos públicos, a hachazos, etc. Un cadáver tenía una cruz incrustada entre los maxilares. A una profesora de la Universidad de Valencia le arrancaron los ojos y le cortaron la lengua pa ra impedirle seguir gritando ¡Viva Cristo Rey!. A otra seglar la violaron delante de su hermano, atado a un olivo, y luego mataron a ambos. Las vejaciones y ensañamiento con las víctimas proseguían muchas veces con los cadáveres, los cuales eran golpeados, quemados o tirados por los barrancos”.

Tristemente esto que escribe Don Pío no son más que pocos y suaves ejemplos de lo que en aquel infierno que desataron los mismos demonios ocurrió.

Mientras haya lengua y hálito de vida:

¡VIVA CRISTO REY!

Confianza…

Siempre digo que la fe brota de esa fundamental opción de confianza personal en Aquél que todo nos lo ha dado: Jesucristo.

En Jesús confiamos y en el se fundamenta nuestra esperanza.

Y nuestra esperanza no encuentra su realización en esta vida, más bien esta vida es la antesala la preparación para aquella que esperamos: vida eterna, divina, sin llanto ni luto ni dolor, vida en la plenitud del amor; vida en la que misericordia y justicia se funden en la infinita e insondable realidad de un Dios que solo desea la salvación de todos.

Esta realidad que configura nuestra religión, da sentido, no sólo a nuestras vidas, sino, a toda la historia de la humanidad. Esta realidad que se hace historia en Jesucristo alumbra toda posibilidad de regeneración, de pacífica y fraternal convivencia. Fuera de la Verdad todo se torna en mentiras; fuera de la Luz reinan las tinieblas; fuera del Camino la humanidad desespera en el orgulloso engreimiento de los poderosos que aplastan a la foribunda mayoría de los pobres y oprimidos.

Cientificismo ateo

 

 

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No es fácil presentar, en medio del impuesto cientificismo predominante, una visión integradora de la fe y la ciencia. Ya no digo de la fe y la razón, ya que ambas, más que integradas son, en sí caras de una misma moneda cuyo canto ha costado siglos descubrir. La fe exige la razón, y la misma razón, libre de prejuicios e ideologías, exige la fe.

Quizás la soberbia, tan predominante en la naturaleza humana herida, exige a toda sociedad endiosarse de alguna manera y creer que se haya en la plenitud de la historia y en posesiòn del conocimiento absoluto. Esto ha ocurrido en cada una de las civilizaciones històricas, en toda época y lugar. Esto ocurre también en nuestros días.

El problema ha sido siempre el mismo, cuando una dimensión de la razón ha encontrado un nicho predominante, esta dimensión ha intentado imponerse a toda dimensión de auto-conciencia y realización humana. Si, también ha ocurrido con la teología y la propia fe cristiana cuando no ha sabido reconocer en los otros campos y dimensiones de la realización humana los límites de la propia razón condicionada por una perspectiva, que sólo en la amplitud exigida por la verdad, encuentra su maravillosa realización cogoscitiva: “Partes de un mismo todo”.

La verdad de la fe exige la verdad de la razón pues ambas son partes necesarias de la completa e inmensa Verdad que estamos llamados no solo a conocer sino también a señorear. La razón sin fe queda mutilada,rodeada de prejuicios cae sin remisiòn al servicio de las corrientes de ambiciòn. La fe sin la razón queda oscurecida y se expone al error y a la negación de cambios hacia aspectos de la verdad que de otra forma no podrán ser conocidos (la razón salió en auxilio de la Verdad frente al arrianismo que tan cerca estuvo de destruirla).

A lo largo de la historia de la humaidad han sido muchas las partes del todo que han pretendido ser el todo del saber y ser humanos. Ya nuestros primeros padres decidieron, no que la razón usurpara el todo del sentido de sus existencias, sino que sus propias decisiones abandonadas a las apetencias y emociones se convirtieran en el todo de su saber; y así queriendo saber cayeron en las profundidadez de la ignorancia; y así queriendo vivir Caín sembró la muerte estrellando una quijada de borro sobre el cráneo de su hermano Abel. Después fue el engreimiento y la soberbia humana las que junto con la fuerza y el terror dominaron la limitada sabiduría de tantos pueblos y naciones; la supersticiòn, la filosofía, la teología, la economía, y muchas otras dimensiones del saber humano han tenido un nicho predominante en algún momento y lugar de nuestra historia. También ha habido ocasiones en que la fe, mal entendida por algunos, manipulada por tantos, ha ensombrecido y obstaculizado caminos de saber,aunque si de fe cristiana habláramos, no es comparable los impulsos y enriquecimiento de la sabiduría y ciencias humanas que ha producido la fe en Jesucristo, frente a las obstaculizaciones que tantas veces también han sido producto de las propias limitaciones culturales y cognoscitivas de la època.

Hoy es el cientificismo el que quiere someter toda dimensión del haber humano, violentando y apartando de su camino no solo la luz de la fe sino el  imprescindible fundamento de la filosofía, la metafísica, la teología y el propio reconocimiento de la dimensión espiritual del ser humano. Cientifismo que consiente rebajar la ciencia a pseudociencia con tal de apropiarse de estructuras y recursos propios de una seudoreligión; cientifismo que establece nuevos profetas y rabinos de lo científico y cuenta con sus propios dogmas, preceptos, cultos y devociones; cientifismo que rodea, con sus acólitos y seguidores, teorías y elucubraciones para presentarlas como verdades científicas que todos están obligados a creer, aunque en ellas no se confíe. Pseudociencia que condena al ser humano a la ignorancia oscura del no saber, hoy cuando con más fuerza la luz de la verdad quiere iluminar las conciencias y la razón humanas; hoy que la filosofía y la teología han abandonado viejos prejuicios, y la fe se muestra a la luz de la razón como único camino de sentido trascendental de la existencia humana.

VIDA

Jesucristo se presenta a sí mismo como el camino, la verdad y la vida. La claridad de sus palabras no puede sino interpelar a todos aquellos que, con sincero corazón, buscan en la verdad el sentido verdadero y último de la existencia.

Entonces…, qué nos ha ocurrido…?  Hemos perdido la sinceridad de nuestros corazones,  decimos ser seguidores de Jesús pero vivimos envueltos en la mentira, afirmamos creer y defender la vida pero somos cómplices de la muerte.

400 millones de niños eliminados. Jamás nadie pudo imaginar tal horror. 4 millones cada año solo en Europa, cerca de 10000 cada mes en nuestra nación; 8 peques, sangre de nuestra Tierra Canaria, que no han tenido la oportunidad de ver la luz, de lanzar su llanto como único medio de defensa son masacrados cada día laborable en la funesta, terrible e ignominiosa clínica de la muerte en Tacoronte.

Y nuestro silencio se hace cómplice de la abominación; y nuestro voto nos convierte en coautores del mayor genocidio jamás narrado; y tu comodidad y miedo y la mía nos convierten en colaboradores necesarios, por omisión, de tantos crímenes, de tanta sangre derramada que clama al cielo como la de Abel.

Aceptamos la falacia y la mentira. Somos prisioneros de una sociedad que paga nuestro silencio e inactividad con sobreabundancia de bienes y servicios, y nos regala multitud de razones para permanecer impasibles mientras se descuartizan y trituran los cuerpecitos de nuestros más pequeños hermanos, a los que les negamos hasta la gracia del bautismo.

Mirarlo…miralo…

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Tiene 10 semanas, la inmensa mayoría de los abortos no se realizan antes de este tiempo. Es un ser humano, es tu hermano y el mío. ¿Ves sus manitas, sus piececitos, sus ojitos, su corazóncito que lucha por la vida? Todo quedara destrozado, triturado y vertido en un cubo de basura; mañana otros ocho, ahí al lado, en Tacoronte; y tú y yo continuaremos subiéndonos a nuestros coches, desayunandonos con las prisas para llegar al trabajo, con ese silencio encubridor, con esa indiferencia de  cómpliplices necesarios. El lunes otros ocho.

Es imperiosa la necesidad de afrontar esta verdad y seguir el único camino posible: no callar, clamar a tiempo y a destiempo, negar nuestro voto a quien tiene en su mano luchar por leyes justas, aunar nuestros esfuerzos para crear proyectos y más proyectos que acojan a madres e hijos.

No los matéis, por el amor de Dios, no los mateis; yo estoy dispuesto a hacerme cargo de ellos, y tú?