Y al tiempo que las naciones se destruyen y revientan…

En primer lugar, como en la Misa, entono un mea culpa ( sin demasiados golpes en el pecho, pues lo importante es el arrepentimiento y propósito de enmienda) por no haber prestado la debida atención a los asuntos sociales, ni desde el punto de vista religioso ni secular, sino que siempre me he limitado a actuar de la forma más esforzada que me ha sido posible y tratando de no cometer excesivas injusticias, aliñadas con algunos actos, demasiado pocos, de caridad indecisa. En mi descargo he de decir que nunca había encontrado una teoría que me satisfaciera suficientemente, sino que todas me padecían tendenciosas. Lamentablemente he de decir que ni siquiera en la Iglesia existe una postura única, sino múltiples opiniones, en el actual imperio de la opinión, en el cual es fácil extraviarse, principalmente atendiendo a los propios intereses. Por suerte el Magisterio de la Iglesia nos sale nuevamente al paso, reflejando de forma diáfana desde hace más de un siglo, y con visión profética, el punto de vista ecuánime que siempre andaba buscando. Está claro que no va a ser fácil, es más, probablemente llevarlo a cabo sea imposible sin la ayuda del Espíritu Santo, pero hace mucho oí decir que una buena teoría es la mejor primera práctica, y el Espíritu Santo puede actuar de múltiples maneras, también a través de la inteligencia, a cuyo propósito convocamos ya desde el inicio, en esta para algunos estraña mezcla de asuntos económicos con el espíritu.

En el libro “Política cristiana” que tanto he recomendado, encontramos un buen resumen que ahora pretendo re-resumir si se me admite la expresión. Defendamos o no el estado confesional, si algo tengo claro es que el cristianismo es la más justa y eficaz base para el desarrollo de la humanidad. Algunos lo entenderan como verdadero Magisterio, y otros se lo tomarán como una opinión más, es inevitable. La libertad no es sólo un derecho, sino que podríamos decir con los existencialistas que en realidad es una condena: estamos condenados a ser libres, y por tanto responsables. Empecemos por tratar de formarnos un poco al respecto, al tiempo que nos vamos librando de algunos prejuicios. A medida que he ido conociendo y discutiendo con diversas personas estas directrices católicas se me repite por unos y otros ( católicos o no) que el liberalismo ya no es lo que era antes, salvaje; a lo que yo respondo que sí, e incluso peor, aunque se encuentra más disimulado: nunca a lo largo de la historia ha existido un reparto más desequilibrado de las riquezas, acumulando el 1% de la población casi más de la mitad de la riqueza mundial, lo cual se ha incrementado durante la actual “crisis” económica. Otro dato de los múltiples disponibles y que da idea de la dimensión del problema: la mitad más pobre de la población mundial posee la misma riqueza que las 85 personas más ricas del mundo. Es verdad que el esfuerzo debe ser premiado ¿ pero tanto?… A menos que se adopten soluciones políticas valientes que pongan freno a la influencia de la riqueza en la política, los gobiernos trabajarán en favor de los intereses de los ricos, y las desigualdades económicas seguirán aumentando. Como dice la famosa cita de Louis Brandeis, que fue miembro del Tribunal Supremo de los Estados Unidos, “podemos tener democracia, o podemos tener la riqueza concentrada en pocas manos, pero no podemos tener ambas”. A este paso, si no se produce una ruptura social y violencia lo podremos considerar un milagro; esperemos que al menos sepan identificar a los verdaderos responsables y de que no nos puedan acusar de haberlos apoyado. De la justicia humana podremos escapar, pero no de la divina.

Cuando mis hijos me preguntan si somos ricos les respondo: depende, si nos comparamos con esa minoría somos muy pobres, si con la mayoría y a través de la historia, asquerosamente ricos y no sólo en medios económicos. La consideración que cada uno tenga acerca de sí mismo tiene mucho que ver con lo que está dispuesto a hacer. Hay gente que por mucho que tenga siempre le parece poco ( de ahí el famoso dicho de “era un hombre tan pobre que lo único que tenía era dinero”), y están los bienaventurados que como San Francisco decía “yo para ser feliz necesito poco, y de ese poco muy poco”.

En el siguiente enlace vamos a hablar del liberalismo pricipalmente económico. El liberalismo es una corriente filosófica, económica y política que se supone promueve las libertades civiles y se opone a cualquier forma de despotismo y en la que se fundamentan la mayoría de Estados modernos y democráticos y con supuesta división de poderes. Actualmente parece haber muy pocas voces críticas al respecto ¿ o sí?, porque críticos con el sistema hay muchos, pero quizá no han identificado al verdadero enemigo. ¿ No se estará enmascarando a la más sibilina de las dictaduras?. Como siempre digo, cada uno que crea y defienda lo que quiera o pueda pero, como siempre también, intentemos aclarar los principios y consecuencias.

http://foro.unioncatolica.com/viewtopic.php?f=8&t=30

Vanidad de vanidades!

Nada nuevo hay bajo el sol.

Cada día trae sus propias preocupaciones, pero sólo  una es importante.

Hoy no parece que se identifique la importancia de lo espiritual como dimensión antropológica del ser humano.

Vanidad de vanidades, mil millones de historias de la humanidad no son capaces de mover un hilo en el destino de lo universal, del universo que hoy podemos atisbar a observar.

Sólo una cosa es importante, es aquello que acaba con la vanidad, el destino de lo espiritual.

Hace unos días me decían que andaba metido en política, quizás porque me pierde el celo por la salvación de las almas, especialmente la de aquellas a las que debo un aprecio especial. Yo no creó que el celo por las almas sea política, aunque también la política tenga carácter divino.

Si no nos preocupamos por las almas, primero por la nuestra porque un ciego no puede guiar a otro ciego, caemos en los razonamientos relativistas y ultramodernistas que imponen la vanidad como sentido último de la existencia, caemos un modo de vida que realmente responde a un sin sentido trascendental.

Sin espíritu no somos, ni piedra ni nada. Sin espíritu todo es vanidad. Tu y yo no somos, y los malos, los malos de verdad ya han ganado la partida. Sin espíritu el amor es falacia química, un defecto de la evolución.

Pero bien sabemos tú y yo, que nada es vanidad, que Dios ha visitado a su pueblo, y lo ha salvado de la oscura vanidad!

No necesitamos ovejas disfrazadas de lobos!

Agradezco al Obispo Munilla poner las cosas en su sitio.

Son tantas las veces que caemos en las formas, criterios, tácticas y actitudes de lobos amparándonos en aquello que dice Jesús de “astutos como serpientes”, pero ser astuto no significa ponerse disfraz de lobo para intentar defender al rebaño de los lobos. Parece contradictorio, porque lo único que se consigue es crear mayor confusión y pánico entre el rebaño e incluso lo que se puede conseguir es hacer huir a los pastores. Como rebaño necesitamos pastores que nos cuiden, protejan apacienten y pastoreen, no ovejas disfrazadas de lobos que tantas veces acaban olvidándose que son ovejas y, o se convierten en los propios lobos.

Munilla denuncia el error generalizado en la acogida mediática a la encíclica del Santo Padre Francisco.  Recuerda Munilla que el propio término “conversión ecológica” fue acuñado por San Juan Pablo II y que el propio Benedicto XVI dedicó múltiples documentos a esta cuestión. Pondera nuestro querido Obispo de San Sebastián las denuncias proféticas del Papa Francisco frente a la subyugación científica bajo el poder económico, la hipocresía ecologista frente al aborto y la iniquidad de la ideología de género frente a la integridad de la naturaleza humana. La encíclica, recuerda también monseñor, ha sido contestada duramente por sectores republicanos de dentro y fuera de los EEUU. Y yo me preguntó ¿Será que eso del republicanismo está tambièn de moda ad intra? ¡Porque es lo que nos faltaba!

Necesitamos pastores fuertes y capaces, porque parece que nos enfrentamos a la liquidación moral y ontológica de la humanidad. Y la confusión tan imperante sólo puede ser frenada con la claridad y rotundidad de la voz autoritaria del Buen Pastor.

El Buen Pastor es escuchado por sus ovejas, el Buen Pastor siempre sale en defensa del rebaño y pone en huída a los lobos con el coraje y la valentía del que se sabe actúa como el único Pastor de las ovejas. Necesitamos de nuestros Pastores, necesitamos del Sumo Pastor. Necesitamos su voz oponiéndose a la misería y perversión del mundo, orientando al rebaño y descubriendo a los lobos disfrazados de ovejas. Necesitamos la voz fuerte, profética y autoritaria de Cristo frente a aquellos que nos piden adorar al Cesar de la perversión moral y de la depravación sexual y humana sin límites; frente a aquellos que nos exigen convivir con los modernos campos de exterminio de los seres humanos más inocentes e indefensos, nuestros hermanos no nacidos; frente a los que pretenden que quememos nuestro incienso a otros dioses fuera de Jesucristo o que lo compartamos con ellos porque, dicen, hay otros caminos de salvación o que no hay nada de que salvarse, mientras nos empujan hacia el acantilado de la perdición; frente a aquellos que pretenden convencernos que Dios ya no conviene que ilumine nuestros gobiernos y sociedades, que Cristo ya no debe reinar en nuestras familias y naciones.

Necesitamos a nuestro Papa Francisco; Santo Padre te pedimos, te imploramos, te suplicamos alces tus brazos y la var que otra hora alzara Moisés frente al Mar Rojo, y como sucesor de Pedro y Padre de la Iglesia de hoy, invoques al Dios de nuestra salvación para que nos permita atravesar el océano de las desidias que hoy nos afligen y dirijas nuestros pasos a la vida eterna que Cristo nos mereció de una vez para siempre.

Libertad, libertad, sin ira libertad!

Es curioso como aquellos que más proclaman la libertad, y mås escudan sus argumentos y acciones tras ella, son después realmente los más intolerantes y autoritario.

Feministas, abortistas, gays, lesbianas, libertarios, anarquistas y un largos etcétera de posicionamientos sociales e ideológicos que no pretenden otra cosa que imponer, someter y destruir a los que ellos tienen por adversarios.

En la época de la transición, andaba yo por mis doce catorce años, escuchaba la cancioncita aquella de “libertad, libertad, sin ira libertad, guardaré tu miedo y tu ira porque hay libertad, sin ira libertad y si no la hay sin duda la habrá”. Pues a la vuelta de casi cuarenta años de aquellas voces, cada día siento mås el miedo y la falta de libertad.

Libertad mal entendida por tantos que creen que la misma sirve para posibilitar la apetencia aunque ésta sea desordenada y se encamine al mal. Eso no es libertad, es degradación e iniquidad. La libertad es la facultad humana de dirigir sus acciones hacia el bien común por los medios y actoss que uno lícitamente determine. Otros tipos de acciones y medios que no persiguen el bien común son condicionados y por tanto no libres, condicionados y sujetos a la apetencia, egoísmo, vanidad, ira, frustración o rencor, pero nunca depararån en actos libres sino en actos sometidos al mal.

Defender la Verdad tiene hoy el precio del descrédito y la difamación. Veía un video de Gador en un debate televisivo, al que por otro lado nunca tenía que haberse brindado, frente a aquellos defensores de el asesinato de seres humanos inocentes que le gritaban, perdigoneaban literalmente, revolviéndose en sus asientos, mientras Gador serena respondía con sonrisa y tranquilidad. Aquellos que mostraban violencia dialéctica se sentían apoyados por aplausos, programados y preparados, en el zenit de la arenga dialéctica. Claro que de aquellos que creen que el ejercicio de la libertad se expresa quitándole la vida al ser humano más frágil e indefenso, no se puede esperar otra cosa que en el ejercicio de su libertad te trate también con violencia. Jesús fue testigo de este proceder social cuando fue expuesto al pueblo por Pilato.

¿Libertad? ¡Ja! Aquella gente de la que hablaba la canción, hoy son presa del miedo y la desinformación frente a la ira de aquellos que viviendo encadenados al pecado quieren que ardamos como en el 36. ¡Ah! me olvidaba que al amparo de la libertad no se puede hablar del 36, ni de Franco, ni de Dios, ni de lo universal, ni del Estado confesional católico, porque entonces las cadenas de esa libertad falsa y revolucionaria caen sobre el autor y se le descalifica, difama, calumnia, excluye y amenaza, y no más porque todavía no hay la suficiente “libertad” para acabar con su vida.

 

Hasta el Cielo … y más allá!

Seguimos el Camino y no nos vence el desánimo, porque este Camino es Cristo y sólo en Él descansa nuestra esperanza. No miramos lo que hacen unos u otros, no nos escondemos ni descansamos en la desidia o los miedos de quien pretende desanimarnos. Caminamos seguros de que queremos caminar hasta el Cielo y más allå.

Y es que este caminar es maravilloso, sí, en medio de tantos sufrimientos y contrariedades, en medio de derrotas y horrores, con los ojos fijos en la Cruz la gloria que contemplamos, y que sólo por Cristo podemos merecer alcanzar, se intuye en un esplendor glorioso que nos permite imaginar aquel señorío sobre el universo al que, como hijos de Dios que somos, estamos llamados.

No por ello podemos olvidar la misión a la que hemos sido llamados, ni los peligros que debemos enfrentar, las almas que debemos proteger y los enemigos a los que nos debemos oponer, que no son otros que aquellos que declaran serlo de Cristo y su Iglesia.

Hoy, en el reino de la confusión, es más imperante que nunca sembrar Verdad, conocimiento y posibilidades sanas de formación. Sin desesperación, firmes en la fe y en la esperanza, recordando a aquellos Apóstoles que predicaron en medio de sociedades tanto o más perversas que las nuestras, evangelizando minorías discriminadas y perseguidas, y muriendo cruentamente con apariencia de derrota pero con la sobrenatural visión de la Victoria de Cristo sobre el mundo, Victoria eterna, universal e imperecedera.

Con este ánimo organizamos esta primera Escuela de Verano. Con esta alegría nos disponemos a estar siempre junto a tí, amigo, hermano que necesitas de aliento. Con esta fe, que nos mueve, contemplamos el reinado sobrenatural de Cristo Rey.

Adelante, el Cielo nos espera, y la eternidad se abre gloriosa para nuestras almas!

¡Viva Cristo Rey!