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¿Demolición?

Hay signos en nuestros días que apuntan a un plan demoledor en contra de la Santa Iglesia Católica. Quizás es el mismo plan que aquel de hace casi dos mil años que llevo a escribas y fariseos a crucificar a Jesús y perseguir denodadamente a la entonces Iglesia naciente.

Hoy no se trata tanto de una persecución externa a la que los cristianos hemos acabado por acostumbrarnos después de casi dos milenios de acoso e impúdicos ataques contra la Fe. Hoy hay un corriente modernista, y me atrevo a decir ultra modernista (no entienda nadie el término modernista en la linea de usar o no watsupp, sino atiendase a aquella corriente ideológica y de pensamiento, condenada por la Iglesia, que se opone al dogma y a los fundamentos de la fe), que rompe con la Santa Tradición, la historia y la propia Doctrina tradicional de la Iglesia.

El pueblo católico, no es que haya vuelto a las catacumbas, es que se ha insertado y confundido en medio de una sociedad que ha renunciado al patrimonio histórico de los valores cristianos. 

Los muros de la Iglesia siempre han contado con fuertes defensas que se han mantenido incólumes frente a todo ataque externo que ha sufrido a lo largo del tiempo. Pero frente a los ataques que provienen ad intra, la Iglesia ha sufrido siempre trágicamente. No hay más que recordar la terrible herejía arriana que perduró tantos siglos, y que tan profundamente socavaba los fundamentos de nuestra fe.

Hoy tomamos a San Atanasio como referencia frente al modernismo y relativismo que impera entre nosotros, frente a la demolición de la identidad y corazón de tantas instituciones y congregaciones, frente al rechazo de las verdades de fe y de las obligaciones que como católicos tenemos frente a la sociedad, la patria y el mundo entero, frente a la avenencia con la inmoralidad y el abandono de los principios cristianos en los  cuales solo puede quedar garantizada la paz, la dignidad y la libertad de todo el género humano.

¡Gran campaña social!

Pues si! Estamos llamados a organizar una “gran campaña social”. El laicado católico esta llamado a dar la cara, por Cristo y por la Iglesia. ¿Hasta cuando? ¿Hasta donde llegará nuestro pecado de omisión? Es exigencia de nuestra fe. Está en juego nuestra salvación, el cielo que anhelamos, y no solo el nuestro, sino también el de todos aquellos pequeños que por nuestra desgana, apatía y pusilanimidad, no alcanzarán a ser bautizados ni a conocer a Cristo nuestro redentor.

En Marzo de 1922 fueron los prelados españoles los que se propusieron tal campaña. En Junio de 2015 son los católicos laicos españoles los que recogen aquella propuesta, y adaptada a los tiempos actuales la hacen suya:

” Se proponen los prelados españoles emprender una gran campaña social con el nobilísimo fin de atajar la gangrena que está carcomiendo las células del organismo social, y aplicar una conveniente terapéutica que, principiando por desterrar gérmenes morbosos de la inteligencia y el corazón, tonifique todos los miembros de la sociedad a fin de que vuelvan a reinar la armonía, el orden, la justicia y la paz, que elevan a los pueblos y los hacen dignos de su misión en el concierto de las naciones.”

“¡Arriba, pues, los corazones, y aprestados todos, hijos amadísimos, a formar en las filas de la gran campaña social! ¡Católicos sed patriotas! ¡Patriotas sed católicos, porque Dios así lo quiere y la patria lo reclama! Consagremos a la magna empresa, unos, las horas de tranquilidad; otros, un poco de su tiempo; éstos, la contribución de la inteligencia; aquellos, la eficacia de su dinero, y todos mucho calor del corazón, que con ello hay que afrontar con éxito la responsabilidad de esta hora y la salvación de la sociedad!”

Hoy, unidos bajo la única bandera de Cristo, fortalecidos por la doctrina de la Iglesia, en nuestra identidad irrenunciable de católicos, consagramos nuestras vidas a este empeño que no es otro que el del bien común.

“Porque lo que Dios quiere es que todos se salven”.

Destrucción de la Iglesia desde dentro

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Que Satanás está actuando desde dentro de la Iglesia Católica no se puede poner en duda. La masonería, el relativismo moral y social, la ideología de género, el liberalismo,…. Todo ello invade los cerebros y los corazones tanto de los seglares como los presbíteros, tanto en el pueblo más pequeño como en el Vaticano. Nada nuevo estoy diciendo. Sin embargo, hay que saber distinguir entre la IGLESIA CATÓLICA y las personas que están dentro de la misma. Somos las personas quienes introducimos a Satanás en nuestras acciones, nuestros pensamientos, nuestros sentimientos, hasta el punto de considerarlos como “normales”, “aceptables”, “razonables”, “éticos”  e incluso “morales”.

Decía ayer el párroco de mi pueblo que “tenemos que estudiar, tenemos que conocer la doctrina cristiana acudiendo a las Encíclicas y al Catecismo. Si restringimos nuestro conocimiento a lo que “otros interpretan”, a lo que otros piensan desde su propio desconocimiento, incluso a nuestra propia interpretación de lo que oímos, el resultado es confusión, contaminación de pensamiento, vacío, y apertura al relativismo moral (qué acertado estaba el Papa Benedicto XVI al avisar, al prevenir, del relativismo moral que invade al hombre contemporáneo).

Esta mañana, leyendo religionenlibertad.com he visto este vídeo que os animo a ver y oír. En seis minutos, el Padre Santiago Martín expone dos datos de porcentaje extraídos de un informe sobre la situación de la Iglesia Católica en Holanda y Alemania. La verdad es que pone los pelos de punta oír cómo se comportan los sacerdotes en ambos países, cómo han abandonado la doctrina cristiana, cómo abren las puertas a Satanás.

Después de oírlo se puede entender (que no aceptar, por supuesto) el avance de las actitudes de la cultura de la muerte que Adelto ya ha comentado en un post anterior, el avance de actitudes pro-pederastia en Holanda, la defensa del aborto post-parto, el apoyo de movimientos anticatólicos, etc.

Pido a Dios para que el Papa Francisco sea valiente, fuerte y firme en la defensa de la doctrina católica en el próximo Sínodo de la Familia. Una reunión muy esperada por Satanás para poner a la Iglesia patas arriba, lista a rendirle honores.