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RESURRECCIÓN

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No comprendo como un católico puede emplear expresiones tales como “el Dios en el que creo”, cuanto más este católico fuere sacerdote y se dirigiera en una conferencia organizada por una congregación religiosa, a un público reunido en un colegio religioso católico. Cómo si fuere posible que un católico creyere en un Dios distinto al Dios en Jesucristo resucitado de entre los muertos.

Porque nuestra fe, que no es creencia, a pesar de muchos, es algo sencillo, simple y claro. El católico cree que Jesucristo es el Hijo de Dios, el Mesías, el que tenía que venir al mundo; y de esta forma reconoce a Jesucristo como quien Él mismo dijo ser, el mismo Dios hecho hombre. Y ésta que es nuestra fe, la fe de la Santa Iglesia Catolica, se funda en un hecho histórico donde los haya, le pese a quien le pese, a mi me gusta referirme a él como al hecho histórico por antonomasia, en el que se descubre la clave de la propia historia de la humanidad: la Resurrección de Jesucristo.

Debemos señalar aquí, que aquellos católicos que no afirman junto a la Iglesia, tal como ella misma lo manifiesta en su Catecismo, que la Resurrección de Jesucristo es un “acontecimiento histórico demostrable”,” acontecimiento real que tuvo manifestaciones históricamente comprobadas”, imposible de interpretarlo “fuera del orden físico, y no reconocerlo como un hecho histórico”, en el que la verdad de la divinidad de Jesús se confirma; son herejes o apóstatas de la fe.

FUNDAMENTOS!

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En estos tiempos donde impera la ignorancia; en estos tiempos donde fuera de ella la mayor de las veces sólo encontramos confusión; en estos tiempos quiero y necesito remontarme a la Doctrina de mis mayores, que no puede ser distinta a la Doctrina recta y verdadera de nuestros días si a una misma Iglesia nos referímos. El depósito de la fe es inalterable, y la Santa Iglesia Católica da buena cuenta de ello.

La fe de mis mayores, la fe en la que fui bautizado, me fue trasmitida por mis padres y los padres de mis padres, especialmente recuerdo el testimonio de fe de la madre de mi madre, Isabel. Fe culta, pero transparente, confianza plena en un abandono a la divina providencia en la oración. Aquella fe se fundamentó en el sistemático desarrollo magisterial que Leon XIII inició y que cada Santo Padre y los concilios en este tiempo celebrados han tenido a bien desarrollar, profundizar y clarificar allá donde fue menester.

Pero la lectura del Magisterio se rige por un principio sencillo pero clarificador: ” El magisterio no puede negar el Magisterio”. Es sencillo, la Doctrina es siempre la misma, las pastorales, modos y formas de hacer llegar a Cristo al mundo pueden ser diversos pero la Verdad es una e inmutable: “Un sólo Dios, una sola Fe, un sólo Bautismo”.

Abriremos una sección en el foro donde podamos presentar de forma resumida los distintos documentos magisteriales desde Leon XIII hasta Francisco I, resumiendo el contenido y señalando las verdades doctrinales que presentan o clarifican, si las hubiere, siempre bajo el análisis del Magisterio anterior que se funda en el Evangelio y en la predicación de los Apóstoles.

Pero en medio de la confusión reinante ante tantas materias en las que la doctrina hace referencia a cuestiones morales, litúrgicas, sociales, políticas, etc., me gustaría hacer referencia en este lugar a un documento clarificador sobre la posición del Magisterio de la Santa Iglesia Católica frente a algunas cuestiones. Me refiero al Syllabus, resumen y compendio de los principales errores a los que el Papa Pio IX se enfrentó en su pontificado y que fueron condenados clara y directamente por la Cátedra de Pedro. Estos mismos errores se presentan hoy mismo en muchos aspectos:

“El Romano Pontífice puede y debe reconciliarse y transigir con el progreso, con el liberalismo y con la moderna civilización.”

“En esta nuestra edad no conviene ya que la Religión católica sea tenida como la única religión del Estado, con exclusión de otros cualesquiera cultos.”

“Es bien que la Iglesia sea separada del Estado y el Estado de la Iglesia.”

“Los católicos pueden aprobar aquella forma de educar a la juventud, que esté separada, disociada de la fe católica y de la potestad de la Iglesia, y mire solamente a la ciencia de las cosas naturales, y de un modo exclusivo, o por lo menos primario, los fines de la vida civil y terrena.”

“El Estado, como origen y fuente de todos los derechos, goza de cierto derecho completamente ilimitado.”

“Los Romanos Pontífices y los Concilios ecuménicos se salieron de los límites de su potestad, usurparon los derechos de los Príncipes, y aun erraron también en definir las cosas tocantes a la fe y a las costumbres.”

“Socialismo, Comunismo, Sociedades secretas, Sociedades bíblicas, Sociedades cléricoliberales: Tales pestilencias han sido muchas veces y con gravísimas sentencias reprobadas en la Encíclica Qui pluribus, 9 de noviembre de 1846; en la Alocución Quibus quantisque, 20 de abril de 1849; en la Encíclica Noscitis et Nobiscum, 8 de diciembre de 1849; en la Alocución Singulari quadam, 9 de diciembre de 1854; en la Encíclica Quanto conficiamur maerore, 10 de agosto de 1863.”

Aquel que lea, que forme su conciencia…

CIENCIA Y FE o FE Y CIENCIA. Cómo dejar de ser agnóstico y resucitar en el intento

Nuestra pequeña razón endiosada alguna vez nos podrá salvar la vida, pero por sí sóla nunca nos llegará a salvar el alma. Si se encierra en sí misma, si no descubre el Amor, estaremos perdidos.

Nos enfrentamos a un tema trascendental, sin duda, en el que está en juego nuestra vida; aparentemente muy complejo, quizá no tanto, ya veremos. Decirlo no es tan difícil, aunque sinceramente en este momento siento, que para saber y decir ésto he nacido y que por decirlo quiero y puedo morir. Soy consciente de que me expongo al ridículo y la burla, si no a la lapidación y el desprecio, en unos tiempos en los que nadie dice de verdad nada, y en los que a muchos se les pasa la vida como si fuera un chiste, aunque en realidad todos estemos sufriendo, algunos más y otros menos, y la mayoría no queriendo pensar en ello. Sé que cuento con el apoyo de mi familia y algunos pacientes, muy numerosos por cierto, aquellos que son pacientes conmigo, que me comprenden y animan, que acuden a lamer mis heridas, como al pobre de Epulón los perros. Y sobre todo cuento con el Supremo, con el que quiero que estos sean mis desposorios: “Señor, tú lo sabes todo, sabes que (a pesar de mis todos mis defectos) te quiero” (Jn 21, 15-19). Les agradecería infinitamente su lectura, reflexión y crítica, y si les merece la pena, su difusión. Por favor, no se queden en los detalles, que seguro he trastocado muchos y me pueden corregir; intentemos ir al fondo de la cuestión.

http://foro.unioncatolica.com/viewtopic.php?f=10&t=6

Un feliz descubrimiento ( subtítulo: “Como salir del armario”)

Mi nombre es Adelto y trabajo como psiquiatra para la Seguridad Social hace unos 16 años… y para la Gloria de Dios hace 3. Hasta entonces nunca se me hubiera ocurrido promocionar la práctica católica (… sí, el ir a Misa, la oración y esas cosas que a algunos les parece tan obsoletas), pero en cambio recomendaba mucho la el yoga y otras prácticas venidas de oriente con tan grande éxito. El día menos pensado redescubrí el catolicismo, y al poco tiempo llegaron a mis manos estudios de las principales revistas de Psiquiatría ( como el American Journal en Enero de 2012) en los que se señala los beneficios que supone para la salud mental la práctica cristiana, demostrada muy por encima de cualquier otra religión o sucedáneo.

Disponemos actualmente de más de 40000 publicaciones al respecto que señalan los efectos beneficiosos incluso para patologías “físicas” como el cáncer y la demencia, y efectos protectores comparables o superiores al ejercicio físico y dieta mediterranea en general, no solo en cuanto a la “calidad de vida” ( concepto a aclarar), sino incluso en cuanto a reducción de la morbi-mortalidad ( por diversos posibles mecanismos).

Es de destacar que lo que “funciona” es la práctica, no la creencia (es como si te gusta el futbol pero nunca juegas). Jesucristo dijo “aquí el ciento por uno y después la vida eterna”; ¿ se te ocurre un negocio mejor?.

No sólo es una cuestión de estudios científicos. Las normas, tan sencillas en teoría, los famosos mandamientos, siguen siendo un pilar de la educación en nuestros tiempos de relativismo: no matarás, no darás falso testimonio… Y sí, no adulterarás el amor. Hoy día se llama amor a cualquier cosa. No me quiero extender porque sería muy largo; lo dejamos para otra ocasión.

Dicen que los del “estado islámico” quieren reconquistar Al Andalus. En un pais en el que se supone ( dicen las estadísticas) que la mayoría somos católicos ¿ por qué nos hemos dejado comer la tostada de semejante manera?. Tendremos que reconquistar España, pero no a fuerza de espada, sino a fuerza de amor.

Uno de los bulos que corren como la pólvora es que el catolicismo es de ignorantes. Es cierto que los “pobres” lo agradecen mucho y no hay peor canallada que robarle a un pobre hasta la religión. Pero también es cierto que hay gente muy culta e inteligente que ha descubierto en Cristo el único y verdadero sentido de su vida y esto les lleva a una práctica más entregada tanto en lo profesional como en lo personal. Recientemente hemos constituido una asociación de profesionales ( médicos, abogados, psicólogos, profesores… ) en la que reflexionamos sobre todos estos aspectos y promovemos iniciativas para el mejor conocimiento y difusión de la práctica católica. De hecho esta publicación es fruto de esa iniciativa. Si estás interesado, seas profesional o pobre de solemnidad ( con todas las opciones intermedias), no dudes en ponerte en contacto en mi email ( aggmelch@wanadoo.es) o con tu parroquia más cercana.

Este mensaje va dirigido a los católicos y “simpatizantes” ( aquellos que se sienten atraídos pero sus prejuicios o la presión del entorno no los deja avanzar, así estaba yo hasta que conseguí “salir del armario”, mejor dicho Él me sacó, pero yo se lo pedí): por una vez tómatelo en serio, quítate de complejos y lánzate a Cristo. Hoy como a Lázaro Él te dice: “levántate y anda”.

Manipulación de Conciencias

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No me había encontrado hasta hoy con un ejemplo tan claro, sutil y perverso de la manipulación de conciencias que desde diferentes áreas de la educación pública se ejerce sobre nuestros jóvenes.

Hoy una alumna de bachiller me abordó con algunas dudas sobre un ejercicio que debía de rehacer. La tarea era definir e identificar la cuestión vital en la pregunta ¿La creencia en Dios tiene sentido?

Ya en una primera instancia di cuenta de lo incorrecto e inadecuado del planteamiento ante una sociedad compuesta por cerca de un 80% de católicos y mas de un 90 % de personas creyentes.

Pero una vez profundicé un poco más en la posible intencionalidad del cuestionamiento me di cuenta de la sutil y perversa maniobra del autor original; no era posible contestar tal pregunta. Responder a tal pregunta es admitir y asumir tácitamente que Dios no es más que una creencia y situarlo al nivel de tales realidades conceptuales: las creencias.

La propia formulación de la cuestión: ¿La creencia en Dios tiene sentido? impone axiomaticamente que Dios no puede llegar a ser más que una creencia para el ser humano; que Dios no es un ser cognoscible y cercano que se manifiesta ampliamente en la creación y en cada uno de los seres humanos.

Con este tipo de maniobras se ha ido minando las conciencias de nuestros jóvenes, golpeando y golpeando, degradando y degradando el concepto de Dios y de la fe de sus mayores, hasta el punto de que muchos de ellos sentirían vergüenza de declararse creyentes ante un grupo dominado por el descaro y la prepotencia del ateísmo radical.

¿Por que filósofos y pensadores, sociólogos y educadores no se cuestionan si tiene sentido no creer en Dios?; cuando el ateísmo es la opción de una minoría muy minoritaria, tan minoritaria como radical y ruidosa: ¿Qué sentido puede tener una existencia sin Dios? Una existencia que solo puede considerarse como una manifestación absurda del azar químico de una fuente incognoscible, que ha sido como podría no ser, cuya razón se auto-destruye al reconocerse a si misma sin más fundamente que el enlace iónico o covalente de sus átomos.