Archivo de la categoría: OPINIÓN

La famosa X de la renta o la financiación de la Iglesia

Resulta curioso el hecho de que una de las pocas cosas que podamos decidir acerca de a qué se destinan nuestros impuestos sea esta, pero más curioso aún resulta oir día tras día como se critica la ingente cantidad de dinero que el estado da a la Iglesia. Esa es la pobre idea que tienen los ciudadanos sobre una institución, que aunque muchos se empeñen en ningunear, realiza una GRAN LABOR SOCIAL.
Cuantos colectivos reciben ingentes cantidades de dinero sin que sean los ciudadanos los que libremente escogen el destino de esos fondos, pero claro, no son la denostada Iglesia Católica. Más curioso resulta aún que muchos de los que se sienten molestos sean los que a la hora de realizar la encuesta del CISS se definan como católicos, que si las continuas campañas mediáticas que atacan directamente a las bases de la sociedad, como son el matrimonio, la familia y la moral cristiana, no han logrado reducir, significan un 75% de la sociedad.
Los católicos, que realmente valoran la labor de la Iglesia, deberían tener claro su deber moral de marcar la casilla de la Iglesia Católica en su declaración, algo que no cuesta nada, pero que ayuda a que esta institución realice su labor callada y abnegada en ámbitos como la educación, la sanidad, la atención a los más necesitados, a los que nadie ayuda, porque no nos olvidemos, que en los países donde el riesgo es mayor, donde hace tiempo que organizaciones como la ONU, Médicos del Mundo, Cruz Roja y demás ONG han dejado el país en cuestión, siempre hay un misionero o misionera que valora más su labor que su propia vida. A nosotros, sólo nos cuesta un minuto de nuestro tiempo marcar esa X, pero aún así, cuantos y cuantos católicos dejan de marcarla.
No olvidemos que existe otra opción, la famosa otros fines sociales, por ese camino, una muy pequeña parte de ese 0,7 por ciento llegará a Cáritas, el resto para averiguarlo tendremos que sumergirnos en el BOE para averiguar a que organización va destinada.
A todos aquellos que siguen dudando en marcar la X o lo dejan en manos de la persona que le realiza la declaración, sepan que en el mejor de los casos marcarán la opción de otros fines sociales, si no ese dinero estará disponible para los fines que el estado decida usarlo, la financiación de los partidos políticos, el dinero destinado a patronal y sindicatos, la ayuda a los bancos, la interrupción de una vida…
En fin, de tí depende, en la parte que te dejan decidir, que es muy poca, en donde acaba ese 0,7 por ciento, ya sea en financiar la Iglesia Católica, otros fines sociales o dejar que sea el Gobierno de turno quien decida en que utilizarlo. También puedes marcar las dos, con lo que aparte de financiar la Iglesia Católica, una muy pequeña parte de otros fines sociales llegará a Cáritas.

De donde venimos y a donde vamos.

La situación actual se presenta difícil, pero siempre esperanzadora. El vuelco que nuestra sociedad está experimentando es quizás necesario. Es posible que a través de este trance surrealista se produzca el milagro que esperamos. No aquel que lo transforma todo mágicamente, sino ese otro que de hundidos en el temor y la ignorancia transformó a aquellos apóstoles en verdaderos testigos de la fe.

Y es que algo tiene que pasar para que el pueblo católico deje, de una ver por todas, la avenencia con aquellas opciones contrarias a la fe, liberales o progresistas, todas ellas en el común propósito de degradar al ser humano a un trozo de carne y expulsar a Cristo definitivamente de la conciencia social y, especiecialmente, del corazón de nuestros más pequeños. Clama al cielo encontrar a supuestos católicos apoyar a neo progresistas que abiertamente han decidido eliminar la asignatura de nuestra cultura en la única religión verdadera. Es una perversión presentar a quienes pagan con nuestros impuestos los nefandos crímenes que cada día se producen en las tenebrosas clínicas abortivas, y proponen seguir haciéndol, como esperanza social, en nuestro caso canaria. Resulta una verdadera perversión haber reducido la verdad y doctrina de nuestra fe a un folclore cultural; flores y perlas que pisotean aquellos cerdos que hoy se vuelven contra nosotros. Es impresentable que importantes personalidades de instituciones católicas den su bendición aquellos bajo cuyas siglas se combate abiertamente a Cristo y a su Iglesia.

Quizás llegará el momento, actual en tantos lugares del mundo, en el que, tú loco que te atreves a leer estas lineas y yo loco que las escribo, debamos regar nuestra sangre por tanto pecado de tibieza y omisión, como tantas veces en la historia, solo para gloria de Dios y su Iglesia.

Y es que la historia, más aun cuando queda en el olvido, siempre se repite. Y si no lean lo que D. Ramiro de Maeztu escribió hace ya más de ochenta años, como si lo hubiera escrito ayer especialmente para ti y para mi:

“Es evidente que todos nuestros males se reducen a uno solo: la pérdida de nuestra idea nacional. Nuestro ideal se cifraba en la fe y en su difusión por el haz de la tierra. Al quebranto de la fe siguió la indiferencia. Si la chispa de nuestra alma no se identifica con la Cruz, mucho menos con ese imperativo categórico que solo nos obligaría a desear la felicidad del mayor número, aunque el mayor número se compusiera de cínicos e hijos del placer. A falta de ideal colectivo nos contentamos con vivir como podemos.”

Hoy el Católico, no el que se dice católico, sino el Católico con mayúsculas, aquel que acepta íntegro el Magisterio y la Tradición de la Iglesia sin perros ni remedios y los hace vida; ese Católico ya no puede contentarse con vivir como pueda, sino que es exigencia que viva plenamente como Católico y muera como debe, que en el Cielo nos encontraremos y allí será nuestra dicha.

CARAS

La confesionalidad católica de una persona conlleva el reconocerla como honrada, solidaria, persecutora del bien común, respetuosa con la dignidad de todo ser humano al que reconoce como imagen de Dios y convencida de que la justicia social es un imperativo de la acción social comprometida del cristiano.

Bien es cierto que no basta con esgrimir de palabra y ritualmente tal confesionalidad. Bien es cierto que siempre encontraremos farsantes, traidores y lobos disfrazados con piel de cordero que pretendan esgrimir tal confesionalidas (en estos casos siempre que les fuera a aportar algún beneficio calculado). Pero también es cierto que fuera de la confesionalidad católica quedamos al desamparo de la suerte de toparnos con almás generosas y de recto corazón. Y digo desamparo porque la realidad se presenta abrumadora con respecto a los datos de quienes administran y ostentan poder entre nosotros.

Nuestra sociedad ha visto como más que una clase, una casta de políticos desinteresados de los problemas reales del pueblo pugnan no por la realización del bien común, ni tan siquiera del bien general sino po lo que a ellos les parece o les viene bien, desbordandose la situación con un saco inmenso de casos de corrupción, prevaricación, vulneración de derechos fundamentales y otras componendas para beneficiar únicamente a los suyos y afines.

Esta sociedad en la que hemos visto como en el colmo de las injusticias y de lo inimaginable, el poder económico ha usurpado y violado el más preciado bien de la familia, el hogar; miles de familias, que, invirtiendo sus ahorros en una vivienda, al verse imposibilitadas a afrontar el pago de intereses y amortización de la misma, han visto como aquellos mismos a los que entregaron sus ahorros, se han quedado con la vivienda y además les adeudan el importe de la misma vivienda que ya no es suya: indignante, abominable, demoníaco. Pensionistas y ancianos a los que por demás de la picaresca, siempre española, que les engaña con un seguro, el tubo del gas o la revisión de un contador, han visto como aquellos directores de banca siguiendo las instrucciones de los poderosos del capital y ante la indiferencia de gobernantes y públicos administradores, se han quedado por la cara con todos sus ahorros; esto, señores, es un latrocinio y aquellos que lo han procurado y permitido ladrones y complices necesarios.

Pero, o no aprendemos la lección o bien es que al final tenemos lo que merecemos. Nos acercamos a nuevas elecciones y lo único que nos encontramos son con caras, más o menos bonitas, que intentan sacar la máxima expresión de bondad electoralista, acompañadas en su caso de algún eslogan o declaración de aptitudes: crecer, para todos, podremos, cambio, u otras memeces del estilo. Digo memeces porque son simplezas vacias de contenido y compromiso que la propia historia de la democracia española se ha encargado de desacreditar.

Caras y más caras, acompañadas de unas siglas y unas letras o palabras carentes de contenido. Realmente no sabemos la cualificación de las personas que reclaman nuestro voto, ignoramos sus principios y valores, sus antecedentes, que es lo que piensan realmente de la moral y fundamentos de esta España cristiana y católica, y lo que no deja de ser importante, desconocemos completamente como se ganan la vida ellos y cuantos les rodean o acompañan.

Sin embargo, si contrato a alguien para mi empresa o negocio, le exijo un currículum y referencias, me importa su aspecto aunque quizás no tanto como su capacidad de trabajo, su honradez, sus principios y fundamentos humanos, su voluntad de esfuerzo y sacrificio, y entrevisto y examino a unos y a otras hasta que doy con la persona que creo idonea para el puesto referido. Pero para administrar nuestros bienes, para dirigir y gobernar nuestra nación, tutelar la moral de nuestros jóvenes, la seguridad y cuidado de nuestro mayores, nuestro énfasis queda en el prejuicio y la significación, antes política, de unas siglas y algunas bonitas caras.

http://naturaycultura.com/img/actividades/170-1.jpg

Caras, quizás caretas, buenas, bondadosas, caras atrevidas, algunas sospechosas, pero en general caras en las que depositamos la esperanza de que nos toque como una lotería en la que aparezca aquel o aquella que verdaderamente se preocupe de que no haya ni un español sin hogar, sin trabajo, sin alimento; aquel o aquella que se preocupe por la calidad humana de nuestros jóvenes, que le importe verdaderamente que en nuestras escuelas se forjen hombres y mujeres del mañana y no personal para contratación; aquel o aquella que imponga la honradez, la vida y el bien común por encima de cualquier circustancia e interés, y sepa reconocer que somos dignos no porque sus leyes quiran reconocernos así, sino porque hay un Dios que es Padre y que es Amor y que nos reconoce como hijos suyos, sin distinción, y ante el que deberemos responder por cada una de nuestras acciones.

Caras que son personas, ¿creyentes? ¿honradas? ¿dignas y de alta moral? ¿Cualificadas y dispuestas a servir a la nación que les contrata? Quien sabe. Yo ruego a Dios que así sean y rezo por ellos cada día.

IRÓNICO

Recientemente una paciente ( ¿ cómo no, con quién hablo yo más que con pacientes?), de nombre Loli ( hay muchas Dolores, Rosarios, Angustias y Soledades, además de Remedios y Milagros entre nuestra rica fauna de epónimos, nos guste o no nos guste… y ya no digamos Marias) me señalaba mi frecuentemente irónica forma de expresión, lo cual reconozco que es característica personal al menos que yo recuerde desde la adolescencia, habiendo recibido ya a los 16 años el sobrenombre de “sutilezas”, aunque en alguna ocasion llegue al sarcasmo.

Lo reconozco, tengo una gran tendencia que en ocasiones puede llevar a que no se me entienda, pero “no lo quiero evitar”, reconozco que me gusta y a pesar de los malos entendidos que pueda originar me parece una forma efectiva de cuestionar los pensamientos. Por si me quedase alguna duda, en las últimas semanas con estos escritos a los que he estado solicitando críticas, no de los que opinan como yo que esos “no me hacen falta”, no he recibido ni un sí ni un no ni todo lo contrario. Supongo que soy un majadero diciendo sandeces a diario. En cualquier caso no voy a parar, aunque cada vez lo haga con menor esperanza. Para mí lo de hablar irónicamente supongo que es como para Jesús, salvando las diferencias, hablar en parábolas.

Me parece irónica la cuestión de Dios, el que no se pueda discutir. La cuestión trascendental sobre el ser humano parece haber salido del debate. Yo pensaba que porque era demasiado íntimo, pero da la impresión de que esté prohibido, e incluso que esté fuera ya de toda discusión, como algo totalmente resuelto. Hay una serie de tesis que parece que no merecen una mínima consideración, porque ya son de sobra conocidas o porque son tantas las pruebas evidentes que no merece la pena ni siquiera contemplarlas. Discúlpenme ustedes que en las siguientes expresiones utilice de manera sistemática mi irónica forma de expresión:

1) “se encuentra probada de forma irrefutable la inexistencia de Dios, hasta el punto de que no es necesario ni siquiera considerar las pruebas. La única forma de que cambiemos de opinión es que Él mismo se nos presentase, e incluso así lo rechazaríamos. Pero es que además el que exista o deje de existir es absolutamente irrelevante para nuestras vidas; es más, sería un absoluto incordio a nuestra libertad”.

– frente a esto, replico que la única forma de que yo dejase de creer en Él es que un día se me presentase y me dijese que no existe, o que el día en que me muera efectivamente no encuentre nada.

2) “se encuentra demostrado, de forma archi-irrefutable, que la Iglesia católica es una aberración, que todos los curas son pederastas, que el Vaticano mueve una cantidad de dinero inimaginable que invierten fundamentalmente en placeres terrenales cuando no en el lucrativo negocio de las armas, las drogas y la prostitución (a ser posible de menores). Es de sobra conocido que lo único que ha hecho la Iglesia a lo largo de su historia es ser una fuente de atraso, dogmatismo y oscuridad, claramente reflejado por esa odiosa edad media en la que nada tuvieron que ver las bárbaras ocupaciones, sino que por culpa del debilitamiento que supuso tan retrógrada institución sobre el sanísimo y santísimo Imperio Romano, cayó la humanidad en una época de oscuridad de la que sólo logró salir lentamente mil años después gracias a la progresiva liberación de las mentes. Pero no fue esto lo peor, sino la irreparable tendencia que tienen todos sus pervertidos miembros de practicar la inquisición con cualquiera que no comparta alguno de sus dogmas. La quema de brujas ha sido un hecho constante, así como la persecución de homosexuales sobre los que se aplicaba de forma sistemática todo tipo de suplicio y tortura. No es para nada cierto que el cristianismo supusiera un cambio de tuerca en los tradicionales procedimientos del judaismo, como la lapidación, que en el mundo musulmán (en una parte al menos) aún continúa vigente. Es de sobra conocido que ese tipo de actos “vandálicos” no eran cometidos por ningún otro pueblo salvo los judios”.

– De todo lo recogido en el Antiguo Testamente solamente los 10 mandamientos se mandaron grabar en piedra: no matarás, no robarás, amarás al prójimo como a tí mismo etcétera. Los críticos de la Biblia deben ser cuidadosos en no imponer el sistema moral actual al de una cultura antigua encontrada en la Escritura para entonces juzgarla como si ésta fuera inferior a su sistema subjetivo de moralidad. En el nuevo testamento la lapidación sólo viene mencionada una vez: Jesús, quien dijo no venir a cambiar la ley sino a darle cumplimiento, se plantó con una joven que iba a ser lapidada diciendo “quien esté libre de pecado que tire la primera piedra”. Eso sí que fue un avance en la historia de la humanidad, y ahora no estoy siendo irónico.