MOTIVACION

biffi

Comencé ayer la lectura del libro de Vittorio Messori “Leyendas Negras de la Iglesia”. Me sorprendió enormemente encontrar en el prefacio del cardenal Giacomo Biffi, arzobispo de Bolonia, un fiel reflejo de la motivación que el Espiritu Santo está dando a todos los que nos vemos involucrados en esta fabulosa iniciativa que es Unión Católica.

No puedo sino que reproducir aquí un primer planteamiento que Monseñor Biffi realiza y con el que coincido plenamente:

“Para salvar nuestra alegría y orgullo de pertenecer al “pequeño rebaño” destinado al Reino de Dios, no sirve la renuncia a profundizar en las cuestiones que se plantean. Es indispensable, por el contrario, la aptitud para examinar todo con tranquila ecuanimidad: en oposición a lo que comúnmente se piensa, la escéptica cultura contemporánea no carece de cuentos, sino de espíritu crítico; por eso el Evangelio se encuentra tan a menudo en posición desfavorable.

Tal como he dicho en repetidas ocasiones, el problema más radical a consecuencia de la descristianización no es, en mi opinión, la pérdida de la fe, sino la pérdida de la razón: volver a pensar sin prejuicios ya es un gran paso hacia adelante para descubrir nuevamente a Cristo y el proyecto del Padre.

Por otra parte también es verdad que la iniciativa de salvación de Dios tiene una función sanadora integral: salva al hombre en su totalidad; incluida, por lo tanto, su natural capacidad cognoscitiva.

La alternativa de la fe no es, en consecuencia, la razón y la libertad de pensamiento, tal como se nos ha repetido obsesivamente en los últimos siglos; sino, al menos en los casos de extrema y desventurada coherencia, el suicidio de la razón y la resignación a lo absurdo.”

Nuestra alegría y orgullo de ser católicos es la manifestación clara del Espíritu que nos empuja a dar razón de la Verdad frente a la lapidación de nuestra fe y valores. Es una exigencia de nuestro compromiso social y familiar y mucho más de nuestra verdadera identidad como Hijos de Dios que somos; como padres, profesionales, miembros de nuestra comunidad y vecindad, nuestra luz debe irradiar como faros de Fe y Verdad.

 

 

BENDITO SEA DIOS!

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Bendito sea Dios que nos ha colmado con toda clase de bienes naturales y sobrenaturales.

Una Unión, un comienzo, un continuar en el camino y fidelidad de seguimiento a Cristo, siempre fieles a la Iglesia que Él mismo instituyó, la “Santa Iglesia Católica”.

Esta iniciativa, que nace y se concreta a través de la palabra, es fruto de la inquietud que el mismo Espíritu Santo ha provocado en profesionales e intelectuales católicos que sienten la necesidad de alzar su voz frente a todos aquellos que desde fuera y dentro pretenden mancillar la moral y principios que fielmente nuestros mayores nos trasmitieron en la fidelidad a la recta Doctrina Católica.

“No seas incrédulo, sino fiel”. Estas palabras resuenan en nuestros corazones, como resonaron en el corazón de Santo Tomás aquel Domingo “in albis”. ¡Señor mío y Dios mío!, es la aclamación que hoy, junto a Tomás, sale de nuestros labios!

Hoy, en nombre de Cristo alzamos nuestra voz frente aquellos que nos persiguen y pretenden reducirnos al necesario silencio de la omisión y la pusilanimidad aterradora de los que caen bajo el dominio del miedo, para que la cizaña pueda subyugar la buena siembra.

Somos CATÓLICOS y nos sentimos orgullosos de serlo, nuestros padres, abuelos y antepasados son católicos, sí, aunque ya hayan alcanzado la vida eterna que nosotros anhelamos y afirmamos alcanzaremos; nuestras esposas e hijos son católicos y sienten el orgullo de serlo; nuestras ciudades, pueblos, barrios y calles son católicos y proceden de la más brillante historia del cristianismo que se ve iluminada y enriquecida por la sangre de tantos mártires que han entregado sus vidas en la fidelidad a Cristo y a su Iglesia; nuestra Patria es Católica y nos sentimos orgullosos de pertenecer a ella porque ha sido vehículo  evangelizador del mundo entero; nuestra Historia es Católica, historia de santidad, amor y sacrificio.

“Yo soy el Camino, y la Verdad y la Vida”, en esta verdad histórica ponemos al servicio de Cristo y su Iglesia los humildes, débiles e insignificantes recursos que podemos ofrecer, pero “lo que tengo te lo doy”: La fuerza de la palabra en el Espíritu, porque “el Espíritu es Verdad”.

¡Adelate!

¡Cristo es Rey y Señor!