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¡Consagración! ¿Confesional?

Este sábado se renueva la Consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús. Consagración realizada confesionalmente por Alfonso XIII hace ya 97 años.

¡Que pena que, a  pesar de tan gran testimonio de Fe, Esperanza y Caridad, el monarca aflojara pocos años después, cuando el milagro era patente (ya hemos hablado de la llamada de la Iglesia a la “gran campaña social”), y sometido a la presión de la masonería, impidiera a los prelados españoles ser los artífices de la regeneración nacional que del propio Corazón de Jesús surgía.

Y es que no se puede ir poniendo velas a Dios y al diablo. La tibieza y pusilanimidad de Alfonso XIII le costó la corona y el destierro. Hoy esa misma tibieza y pusilanimidad de tantos que se llaman católicos le cuesta a la patria 130000 vidas inocentes cada año, y la sociedad entera paga las diabólicas velas del relativismo neoliberal con el precio de las conciencias más jóvenes, la pérdida de sentido y la prostitución de todo valor bajo un hedonismo escalofriante.

Hoy los últimos fieles, como bien pronosticaba Gustave Thibon hace ya casi 50 años, y parafraseándolo, <nos enfrentamos a la suprema prueba de fe: la pureza, el heroísmo de nuestra fe se mide por la resistencia del pneuma divino interior y libre (spíritus flat ubi vult) al viento servil de la historia. Ante el silencio de Dios, los creyentes de hoy tenemos que elegir entre la realidad invisible de una eternidad en apariencia sin porvenir y el espejismo brillante de un porvenir sin eternidad.>

Quizás es una decisión difícil. Quizás sea cuestión de fe. Pero no podemos seguir poniéndole velas a Dios y negándonos a quitárselas al diablo. La tibieza es la actitud más deplorable ante nuestro Dios.

No podemos mirar a otro lado frente al asesinato indiscriminado de seres humanos no nacidos, no podemos cerrar nuestros ojos frente a una sociedad corrompida en sus valores que exige nuestra convivencia moral con la perversión y la prostitución, no podemos sonreír amablemente como si fueramos imbéciles cuando injurian y degradan a nuestra Madre, no podemos quedar indiferentes ante el atroz sufrimiento de las almas mas jóvenes a las que se les arranca hasta el último sesgo de dignidad y esperanza, no podemos rasgarnos las vestiduras al oír hablar de un Estado Confesional, de una Ley Divina Superior o de una Verdad inmutable.

Somos católicos, apostólicos y romanos. Confesamos que hay Dios, y Éste en Jesucristo. Tenemos un Credo y una sola Doctrina que es el único camino de salvación y la única vía de consecución del bien común. El libro del Apocalipsis ya nos advierte de los sufrimientos que deben de advenir antes que aquello pueda realizarse, y que se realizará solo en el tiempo de la Parusía, cuando Cristo vuelva con toda su gloria a Juzgar a vivos y a muertos. Y no por ello debemos de escatimar esfuerzo alguno en nuestro propósito, cada uno según sus talentos, de trabajar hasta el último aliento por la consecución del Reino.

¿Como no luchar enconada mente por la salvación de las almas, por el alivio de los pobres y sufrientes, por el bien común, por la confesionalidad del estado, y mucho más confesionalmentempor la llegada del Reino de Dios?

Esperamos en las promesas del Sagrado Corazón de Jesús que afirmamos Reina en España; confiamos en las promesas de la Santísima Virgen del Pilar ante cuya presencia España permanecerá siempre Católica, lo quiera confesar o no; nos encomendamos a San José castísimo y virtuoso esposo de la Virgen; buscamos la inspiración del Apóstol Santiago que comprobó personalmente la rudeza de los corazones de nuestra patria; y por último, invocamos la protección del Ángel de la Guarda de España cuyo monumento deseamos restaurar.

¡Dadle a Dios lo que es de Dios, y Dios son la Tierra y todas las naciones!

ALGUNOS AYES!

Mañana nos toca a los españoles enfrentarnos a unas urnas para, en el ejercicio democrático,  dar con nuestra papeleta la legitimación social a cuantas deficiencias, horrores, abusos e injusticias se realizan, sin posibilidad de solución o enmienda, en nuestra nación.

Y es que, una vez que los mismos poderes públicos han sentenciado a Dios al destierro de nuestra vida patria, todo queda al arbitrio de aquellos a los que puedes votar, aquellos que te han vendido su voto, que te han convencido en una campaña como si la de Navidad del Corte Inglés se tratara.

Pero ay! No puedo votar a ninguno del millón de españoles que en los últimos diez años fueron descuartizados, antes de que pudieran llegar a ver la luz, y para mayor escarnio e indignidad tirados a un cubo de basura.

Pero ay! No puedo votar a ninguna de esas mujeres que sufren la violencia del Estado Democrático en el desamparo de sus vidas ante el corte de luz, de agua o la negación de un tratamiento médico para sus hijas.

Pero ay! No puedo votar a ninguno de aquellos que se han suicidado o viven tarados y olvidados porque el Estado Democrático los abandono frente a las fauces del capital descarnado que les arrebato sus ahorros, les robó el hogar y la vida y los expulsó de toda posibilidad socializadora con la losa de una deuda impagable y el registro y escarnio público a través de tanta lista y registro de morosos.

Pero Ay! Que no puedo votar a tanto joven que como resultado de tanta paradójica desafección, tanta educación afectivo sexual, tanto relativismo bananero y un impuesto materialismo deshumanizador  han visto reducida su vida al valor de un trozo de carne con ojos y deambulan, en unos casos deprimidos, en otros drogados, pervertidos, o alcoholizados por las nocturnas calles de nuestras ciudades.

Pero Ay!  Que yo quiero votar a ese papá estado que vele por sus hijos que lo conforman y les garantiza un trabajo digno, la estabilidad y el valor en el amor de una familia, un hogar permanente, una sanidad sin demagogias, una educación en valores y dignidad humana irrenunciables…

Pero Ay! Que esto último solo puedo realizarlo a la luz de Cristo y Cristo ha sido desterrado de nuestra sociedad materialista y terroríficamente frívola y genocida.

Ay!, Monseñor, deme la absolución que no quiero perder mi alma y perecer en la eternidad del infierno. Que peco cada día mortalmente por omisión porque no hago lo que puedo hacer ante tanta injusticia, horror y malversación, y mi silencio me hace cómplice del autor.

Que mi condena no sea por haber permanecido callado; que mi condena no sea por mi silencio ante el atropello y la malversada violación; que la condena, que se que merezco, no sea eterna, que no se me vaya en esa papeleta el alma que es la única que tengo, y no introduzca en la urna la condena a muerte de mis hermanos y la asunción cómplice de la injusticia y la inmoralidad.

¡Gracias Monseñor! Munilla para más detalle

¿Derechos Fundamentales?

Hemos publicado en el foro de Unión Católica aquella Exhortación Pastoral que, aquel que era Obispo de Tenerife, Mons. Dr. D. Luis Franco Cascon, de feliz memoria, promulgó. En aquellos días el actual y mayor genocio procurado contra la humanidad entera era inimaginable para la católica sociedad española y sus hispanas afines, y más aun que ellas mismas asumieran e integraran tal abominación en el proceso de desmoralización y desculturización al que han sido sometidas hasta nuestros días.

http://foro.unioncatolica.com/viewtopic.php?f=7&t=20

Proféticas y visionarias palabras las de Monseñor.  ¿Llegó Monseñor Cascon a imaginar la magnitud de la abominación en la que la humanidad entera y en particular nuestra nación se sumergía?

Según la O.M.S. actualmente son 46.000.000 de seres humanos los que se matan voluntaria y premeditadamente antes de sus nacimientos.

Según los datos de “Human Life International”, los abortos procurados en los últimos cuarenta años ascienden a la diabólica cifra de 1.720.000.

Cada año una nación completa, como podría ser la nuestra, es exterminada, aniquilada y tirada a la basura.

¿Derechos Fundamentales? ¿Dónde? ¿Cuándo?

En mi último trabajo sobre la fundamentación de los Derechos Fundamentales concluía que bajo la sola visión cívica y humanista era imposible fundamentar ningún tipo de derecho si no se establecia el propio derecho a la Vida como la fundamentación, el fundamento, del resto de derechos desde los que éstos emanan.

La violentación del derecho a la vida, no sólo deslegitima cualquier desarrollo de derechos humanos posterior, los cuales quedan al arbitrio de simples leyes o convenios fruto del interés y utilidad de aquellos que llegan a tener la potestad de legislar nacional o internacionalmente; sino que elimina cualquier atisbo de humanidad que pueda ser reconocido en nuestras sociedades posmodernas.

Si, humanos deshumanizados. Sociedades humanas que se han catapultado, en una involución inimaginable, a la era de las bestias insensibles, egoístas y ni tan siquiera instintivas.

Porque lo humano, aquello que se refiere a  la sensibilidad, a la compasión de las desgracias de nuestros semejantes, a la benignidad, mansedumbre y afabilidad de las personas, queda sepultado bajo el infernal cúmulo de cientos y miles de millones de bracitos, piececitos, cuerpos y almas mutiladas de aquellos más inocentes e indefensos seres humanos.

VIDA

Jesucristo se presenta a sí mismo como el camino, la verdad y la vida. La claridad de sus palabras no puede sino interpelar a todos aquellos que, con sincero corazón, buscan en la verdad el sentido verdadero y último de la existencia.

Entonces…, qué nos ha ocurrido…?  Hemos perdido la sinceridad de nuestros corazones,  decimos ser seguidores de Jesús pero vivimos envueltos en la mentira, afirmamos creer y defender la vida pero somos cómplices de la muerte.

400 millones de niños eliminados. Jamás nadie pudo imaginar tal horror. 4 millones cada año solo en Europa, cerca de 10000 cada mes en nuestra nación; 8 peques, sangre de nuestra Tierra Canaria, que no han tenido la oportunidad de ver la luz, de lanzar su llanto como único medio de defensa son masacrados cada día laborable en la funesta, terrible e ignominiosa clínica de la muerte en Tacoronte.

Y nuestro silencio se hace cómplice de la abominación; y nuestro voto nos convierte en coautores del mayor genocidio jamás narrado; y tu comodidad y miedo y la mía nos convierten en colaboradores necesarios, por omisión, de tantos crímenes, de tanta sangre derramada que clama al cielo como la de Abel.

Aceptamos la falacia y la mentira. Somos prisioneros de una sociedad que paga nuestro silencio e inactividad con sobreabundancia de bienes y servicios, y nos regala multitud de razones para permanecer impasibles mientras se descuartizan y trituran los cuerpecitos de nuestros más pequeños hermanos, a los que les negamos hasta la gracia del bautismo.

Mirarlo…miralo…

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Tiene 10 semanas, la inmensa mayoría de los abortos no se realizan antes de este tiempo. Es un ser humano, es tu hermano y el mío. ¿Ves sus manitas, sus piececitos, sus ojitos, su corazóncito que lucha por la vida? Todo quedara destrozado, triturado y vertido en un cubo de basura; mañana otros ocho, ahí al lado, en Tacoronte; y tú y yo continuaremos subiéndonos a nuestros coches, desayunandonos con las prisas para llegar al trabajo, con ese silencio encubridor, con esa indiferencia de  cómpliplices necesarios. El lunes otros ocho.

Es imperiosa la necesidad de afrontar esta verdad y seguir el único camino posible: no callar, clamar a tiempo y a destiempo, negar nuestro voto a quien tiene en su mano luchar por leyes justas, aunar nuestros esfuerzos para crear proyectos y más proyectos que acojan a madres e hijos.

No los matéis, por el amor de Dios, no los mateis; yo estoy dispuesto a hacerme cargo de ellos, y tú?