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Libertad, libertad, sin ira libertad!

Es curioso como aquellos que más proclaman la libertad, y mås escudan sus argumentos y acciones tras ella, son después realmente los más intolerantes y autoritario.

Feministas, abortistas, gays, lesbianas, libertarios, anarquistas y un largos etcétera de posicionamientos sociales e ideológicos que no pretenden otra cosa que imponer, someter y destruir a los que ellos tienen por adversarios.

En la época de la transición, andaba yo por mis doce catorce años, escuchaba la cancioncita aquella de “libertad, libertad, sin ira libertad, guardaré tu miedo y tu ira porque hay libertad, sin ira libertad y si no la hay sin duda la habrá”. Pues a la vuelta de casi cuarenta años de aquellas voces, cada día siento mås el miedo y la falta de libertad.

Libertad mal entendida por tantos que creen que la misma sirve para posibilitar la apetencia aunque ésta sea desordenada y se encamine al mal. Eso no es libertad, es degradación e iniquidad. La libertad es la facultad humana de dirigir sus acciones hacia el bien común por los medios y actoss que uno lícitamente determine. Otros tipos de acciones y medios que no persiguen el bien común son condicionados y por tanto no libres, condicionados y sujetos a la apetencia, egoísmo, vanidad, ira, frustración o rencor, pero nunca depararån en actos libres sino en actos sometidos al mal.

Defender la Verdad tiene hoy el precio del descrédito y la difamación. Veía un video de Gador en un debate televisivo, al que por otro lado nunca tenía que haberse brindado, frente a aquellos defensores de el asesinato de seres humanos inocentes que le gritaban, perdigoneaban literalmente, revolviéndose en sus asientos, mientras Gador serena respondía con sonrisa y tranquilidad. Aquellos que mostraban violencia dialéctica se sentían apoyados por aplausos, programados y preparados, en el zenit de la arenga dialéctica. Claro que de aquellos que creen que el ejercicio de la libertad se expresa quitándole la vida al ser humano más frágil e indefenso, no se puede esperar otra cosa que en el ejercicio de su libertad te trate también con violencia. Jesús fue testigo de este proceder social cuando fue expuesto al pueblo por Pilato.

¿Libertad? ¡Ja! Aquella gente de la que hablaba la canción, hoy son presa del miedo y la desinformación frente a la ira de aquellos que viviendo encadenados al pecado quieren que ardamos como en el 36. ¡Ah! me olvidaba que al amparo de la libertad no se puede hablar del 36, ni de Franco, ni de Dios, ni de lo universal, ni del Estado confesional católico, porque entonces las cadenas de esa libertad falsa y revolucionaria caen sobre el autor y se le descalifica, difama, calumnia, excluye y amenaza, y no más porque todavía no hay la suficiente “libertad” para acabar con su vida.

 

Vocación Martirial!

Si echamos una mirada atrás viendo el recorrido social e ideológico de los últimos 40 años, podremos quizás intuir el devenir de los próximos 40.

Y es que parece que en nuestra batalla social contra el mal y en defensa del bien común, los católicos, parece digo, abandonamos nuestras trincheras, otra hora posiciones victoriosas, depusimos nuestras armas y brazos en alto comenzamos a caminar hacia el enemigo en la falsa esperanza que cuanto menos respetarían la convención internacional de los derechos humanos. Pues después de estos 40 años, hagan ustedes balance.

Y si el balance actual, tras 40 años de avenencia e intento de vencer al enemigo (quizás de risa) sin armas y en actitud de sometimiento esto es lo que tenemos, ahora que el enemigo también ha abandonado sus trincheras adoptando una clamorosa actitud de victoria, blandiendo sus armas amenazantes y sin avenirse a razón o entendimiento alguno que no sea el un incondicional sometimiento a sus caprichos, imagínese cada uno que es lo que nos puede esperar en estos 40 años que tratamos de intuir. Yo con mis casi 50 no esperó ver sino apenas la mitad, con la ayuda de Dios.

Alguien dijo a finales del S. XX que el católico del S. XXI o tendría que ser un verdadero místico o no podría ser verdaderamente católico. Hoy vemos como no es suficiente el misticismo para afrontar la terrible persecución cristianofóbica a la que estamos siendo sometidos en todos los frentes, para soportar la perversa ideología de género que hoy se nos impone degradando las más inocentes conciencias infantiles, para convivir con el asesinato sistemático de cientos de miles de seres humanos inocentes en las mismas entrañas maternas, para poner no sólo la otra mejilla sino la espalda, el estómago y la honra ante el acoso, la amenaza, el atentado, la difamación, la ridiculización y marginación de los católicos en los ambientes sociales del trabajo, la política, el ocio, la cultura e incluso en la actividad económica.

Hoy, frente a tantas formas de persecución religiosa, desde la más sutil y tierna presión psicológica a la mås brutal y despiadada decapitación, sólo se puede ser católico confesional con una clara e irrenunciable vocación martirial.

Dificultades entre dificultades…

Si hay un signo claro de identidad, un hilo conductor, en la Historia de la Salvación este es la dificultad de las obras a las que Dios llama a su Pueblo. En ellas, en las obras, se manifiesta nuestra fe, como diría Santiago el Apóstol. Las obras sin fe son bamales, pero la fe sin obras es estéril.

Y en medio de las obras a las que creemos que Dios nos llama, en medio del discernimiento de espíritus, las dificultades son signos inequívocos de nuestro acertado seguimiento de Cristo camino de la Cruz.

Ancha es la puerta de la perdición, estrecho el camino de la Salvación. ¿Que estamos locos? ¡Claro! ¿Que somos radicales? ¡Por supuesto, hasta el extremo más elevado de aquel monte de la Calavera! ¿Qué nos llaman fundamentalistas? ¡No esperó otra cosa pues toda mi vida, mi pensamiento, palabra y obra encuentra un único fudamento:e Cristo! ¿Facha? ¡Si eso supone que amo a la Patria en la que Dios me dio la vida! A mi me gusta que me llamen simplemente Cristiano, o Católico que no puede llamar a engaño, que en esos conceptos ya se recoge más claramente lo anterior.

Dificultades y dificultades, ¿qué esperáis que encontremos sino? Dificultades, persecución y violencia contra nuestras personas, las mismas que encontró Cristo, o más, que no somos más que leños secos en nosotros mismos.

Pienso a lo que Dios nos llama y me parece una locura, un imposible; quizás entonces no esté tan errado, quizás sea ese el camino, el que esta lleno de dificultades y tropiezos, el que amenaza  con persecuciones y desconciertos, el que me compromete y exige insufribles sacrificios. Más fácil y apetecible se presenta el sillón y la cervecita, el juego y la tertulia, el descanso y la playa, pero, ¡que va!, todo lo estimó por basura con tal que yo alcance a Cristo.

No es laicidad lo que existe en España

Con motivo de la Ofrenda del Reino de Galicia al Santísimo Sacramento,se ha puesto claramente en evidencia que en España, a pesar de que la Constitución dice que España es aconfesional, gran parte de los gobiernos autonómicos y los ayuntamientos, NO SON ACONFESIONALES sino ANTICATÓLICOS.
Así lo denuncian los Obispos de Galicia en la nota que os dejo.

http://www.archicompostela.es/20150612/

Fe e Ideología!

 

La adhesión a la fe es un acto libre que brota de la más profunda conciencia de cada hombre que sale al encuentro de Dios.

Sor San José, cuando se le hablaba de los asesinatos de monjas a causa de la fe replicaba: -“Dios mío, si a mi me matan, que sea de un tiro y por detrás, que yo no me de cuenta”- “Porque tengo miedo de no ser lo suficientemente valiente para sufrir el martirio cara a cara y faltándome la fé, fuera capaz de renegar.”

Pensaba nuestra adorable dominica en que aquellos, que empujados por ideologías anticristianas y por un odio acérrimo contra nuestra fe, le pudieran hacer apostatar por su humilde incapacidad al padecimiento, al dolor y el posible sufrimiento que le fueren a infringir.

Úna, la que sostiene la fe, tolera hasta que le quiten la vida, otros embuídos en ideologías que violan el significado de las consignas libertarias que pretenden enarbolar, en nombre de la libertad, ni consienten ni toleran la fe ni otra opción que no se ajuste en extremo a sus consideraciones ideológicas.

Esta intolerancia, esta imposición ideológica hoy se da muy a menudo.  Ocurre con la ideología de género, ocurre con la cultura de la muerte, ocurre con la ideología modernista o la liberal, ocurre con la ideología marxista y con la ideología laicista. Todas ellas, al amparo de las suplantadas “libertad”, “igualdad” y “respeto” (libertad para los que piensan como ellos, igualdad con los que asumen sus posiciones ideológicas, respeto sólo para los que asumen como verdad sus posturas), imponen por cualquier medio, por cualquier medio, sus postulados e instauran hacia aquellos que podrían oponérseles  una marginación social  que desemboca irremediablemente en cruenta persecución.

A sor San José la quisieron hacer blasfemar, ella repetía incansable jaculatorioas como ‘Viva Cristo Rey! ¡Ave María Purísima! o ¡Alabado sea el Santísimo Sacramento! La presionaron a fuerza de golpes, que le daban con la culata de los fusiles, con los machetes, é incluso con unos grandes cuchillos que aquellos defensores de la libertad llevaban en el cinto. Aquellos sus verdugos, ciegos de ira al ver que no podían vencer ni aún amederntrar la fe de aquella débil mujer y anciana, se ensañaron tanto y sin compasión que le cortaron los pechos y pedazos de carne de otros sitios que le metían en la boca. Por otros sitios la quemaban. En fin, hicieron todo cuanto su maldad y el demonio les sugería, para tratar de vencer aquella fortaleza que a otra hora se mostrara tan humildemente temerosa del dolor y sufrimiento.

Ahora que seguro estas en el Cielo, monjita de manos santas, ruega a Dios por nosotros, pídele que infunda en nuestros corazones la fuerza y el valor que llenó tu corazón frente a aquellos demonícos criminales que hoy vuelven a repoblar nuestra sociedad, para que, con la fuerza de la fe que no aborreciste, opongamos nuestra vida y nuestra sangre a la injusticia irracional que ya impera en esta que en otro tiempo fuera la Cristiandad.