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El que tenga oídos que entienda

 

A algunos les parece demasiado fuerte, atrevido, reaccionario o anacrónico el atreverse a solicitar y defender el estado confesional para nuestro pais, España, y salir del estado confusional en el que todo católico se encuentra o lamenta… Hoy tengo que darte toda la razón con el corazón hermano Alfonso, con cierta vergüenza por no haber sido más claro y potente. Llego a este convencimiento viendo como otros, dígase un tal Pedro Sánchez, se atreven a defender el estado laico como la prioridad de su gobierno, de llegar a ser presidente… Dios no lo quiera. Estamos ya preparados para todo, hasta para el Armagedon si se tercia, del que creo que estamos más cerca, como advirtió Netanyahu por si a alguno le interesa.

Virgen de La Victoria!

Mañana día ocho de Septiembre celebramos el día de la Virgen de La Victoria.

La advocación de La Victoria no sólo hace referencia a la victoria de María sobre el Mundo, la carne y el demonio, que tanto la hacen merecedora del título de corredentora.

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La Virgen de La Victoria hace referencia también a tantas victorias que, tras duros y cruentos combates, el bien ha conseguido sobre el mal gracias a la intervención sobrenatural de María la Madre de nuestro Señor y Rey Jesucristo.

Es el día de la Natividad de María. Aquí se centran muchas advocaciones marianas, pero para nosotros hoy es tan necesaria ésta, la de La Victoria, para recobrar ese aliento de esperanza cierta de que aun derrotados somos copartícipes de la Victoria de Cristo y de María.

Victoria de María que principalmente es famosa en su intervención en la batalla de Lepanto, pero no menos importantes han sido otras victorias que gracias a su intervención e influencia han preservado a la cristiandad del enemigo.

Sirva de ejemplo aquella victoria que, sobre la Málaga conquistada por los musulmanes, lograron los Reyes Católicos tras la aparición en sueños al rey Fernando.

Podréis contemplar y prestar devoción a tal estampa de nuestra Señora y Madre en un cuadro que luce en una de las paredes de la Iglesia de la Virgen del Rosario en Valle Guerra, Tenerife.

Virgen de la Victoria, ruega por nosotros, ruega por España, ruega por la Cristiandad.

 

Amor a Cristo y misión del cristiano en el mundo

El amor a Jesucristo, la amistad con Él, implica cumplir con determinados preceptos al decir  del mismo Señor: “El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama” (Jn 14, 21),  “Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando” (Jn 15, 14). Además, hay una imposibilidad de ruptura en la relación de amor con Cristo cumpliendo su voluntad “Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor” (Jn. 15, 10).  Jesús, en sus últimas palabras, añade una proyección social más explícita que se relaciona con su último mandato “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio” (Jn. 16, 15).  Ésta es una misión que está encomendada a todos lo cristianos.

Dentro de la misión común, cada discípulo de Jesús va concretando el modo de cumplir con ella según estados de vida, circunstancias, etc. Conocemos el diálogo de Cristo, después de resucitado, con san Pedro (Jn. 21, 15- 19), que especifica con toda claridad no sólo su particular responsabilidad, y la de sus sucesores, sino el orden de prelación de la relación personal con el Señor y la misión. Por tres veces le interroga sobre el amor hacia su divina persona ¿Pedro me amas? La repuesta del apóstol es clara y pronta. A la que Jesús añade como mandato apacienta mis ovejas. Primero el amor, luego la misión. Porque me amas te encomiendo mi rebaño. Todos aquellos que aman al Señor han de cumplir con una misión. La de san Pedro está bien definida, pero ¿y la nuestra?

En este querer cumplir con la voluntad de Jesús, con la misión que nos encomienda, encuadramos todo nuestro quehacer en el mundo, en la sociedad. Igual que el amor de Dios impregna toda nuestra realidad, el amor al Dios encarnado, muerto y resucitado, ha de empapar la actividad de cualquier cristiano comprometido. No se puede dejar de ser cristiano en ningún aspecto ni por atraer simpatías ni por querer consensuar con el mal objetivo. Los mártires son un buen testimonio del deseo de nunca posponer la voluntad de Dios a la de la veleidad mundana. Por todo ello, hemos de tener clara la idea de que un abogado o un médico o un albañil o un político no dejan de ser católicos en el cumplimiento de sus deberes personales, familiares, laborales y sociales. No es un profesional católico sino mucho más un católico que realiza una determinada profesión. Lo sustantivo es su condición de católico.

El amor a Dios no puede tener, en mi existencia, compartimentos estancos, lo amo en todo lo que hago y, en consecuencia, cumplo con su Voluntad. La peligrosa división, que muchos realizan entre su vida privada, plena de religiosidad, con respecto a su vida pública donde tienen más fuerza las corrientes de pensamiento relativistas en boga, no deja de ser perversa. Los llamados políticos católicos, que conviven y gobiernan con leyes totalmente contrarias al orden natural de la creación, al Evangelio y al Magisterio Católico, son buena muestra de lo expuesto.

No me extraña, por tanto, que, ante tanta claudicación en sus deberes de los políticos católicos de los partidos mayoritarios, se haya alzado la voz de católicos de toda condición y pertenecientes a un amplio espectro de carismas religiosos, en un manifiesto, apoyando a unos católicos que desean actuar en política para cumplir con una misión más, pero importante, que entra dentro del mandato del Señor de Evangelizar todas las realidades desde la Caridad. No son poseedores sino servidores de la Verdad, no imponen sino proponen unos valores y principios, no intentan agotar lo que es inagotable sino poner su granito de arena, y todo ello en medio de una gran crisis moral. Entre los firmantes del manifiesto, he descubierto hasta algún sacerdote. Como escribiría, en su día, el entonces Arzobispo Pamplona Mons. Sebastián, un grupo de personas que quieren ser testimonio de su Credo y de la Doctrina Social de la Iglesia han de contar con el respeto de todos. Creo que AES (Alternativa Española) se ha ganado estos apoyos merecidamente. Que Dios les ayude a mantener la batalla por la vida, la familia, las raíces cristianas de nuestra civilización desde el amor a Dios, a su Voluntad y a la misión que Jesús nos encomienda a todos.

ya.com

 

El mal absoluto!

Denunciaba hace años, uno de los políticos más insignes del siglo XX, que engañados y convencidos por el criterio del voto útil, de la elección del mal menor, los católicos españoles hemos contribuido a traer para España el “mal absoluto”. El tiempo no le ha quitado la razón.

Porque, tal como profetizaba, con el voto católico se ha apoyado a lo largo de estas décadas demócratas una política degradante y anticristiana que ha paganizado la sociedad, destruido la moral tradicional y puesto en trance de fragmentación y lapidación las glorias de España y la propia unidad nacional. Y para España no hay otro mal mayor que el de su propia liquidación.

Sí, porque somos católicos, católicos españoles, católicos votantes que a través de nuestro voto hemos expresado nuestra voluntad de participar activamente en el desenvolvimiento de esta plaga maligna  e infernal que como vasto banco de oscura niebla empaña el horizonte social y católico que se vislumbra para nuestra nación. Ya lo hemos dicho tantas veces: ” España, no se entiende de otra manera, es católica por su propia constitución, es católica en su raíz y fundamento, en su esencia y cultura, y nada ni nadie podrá jamás borrar la realidad histórica de esta España gloriosa de santos, mártires y defensores de la única y verdadera fe.”

El mal que hoy padecemos es el mal absoluto del que tantos y tantas veces nos advirtieron: cuatro millones de parados, más de un 30% de la población bajo el humbral de la pobreza, más de cien mil con niños asesinados cada año antes de su nacimiento, índices de suicidios ocultados por su carácter extremadamente alarmante, Cristo despreciado y vilipendiado públicamente, jóvenes educados bajo una moral promiscua y degenerada, fobia anticristiana  promocionada desde los poderes mediáticos, inversión moral y contra natura, una nación endeudada y dependiente de la financiación internacional, nivel de endeudamiento familiar jamás conocido que convierte a las familias en esclavos de sus deudas, la amenaza continúa de la desfragmentación nacional que llevará a la ruina y desgracia más profunda a todos los españoles de hoy, de ayer y del mañana.

¿Qué otro mal cabe esperar? Cualquier empeoramiento de la situación no puede sino que ser ya esperanza de un nuevo regenerar, no puede ya sino suponer un golpe ineludible en las conciencias católicas españolas que por fin las haga despertar de su letargo, no puede sino alertar a las jóvenes generaciones del funesto proceder de sus mayores para que de alguna forma puedan reconstruir la esperanza nacional que hoy parece pérdida.

Y a nosotros parece que sólo nos resta soñar a España, mientras nos dejen soñar porque hasta nuestros sueños son perseguidos. A nosotros no nos queda sino que embuir en semillas de historia esa España que fue, es y soñamos será, para que el día que encuentre una tierra joven y fértil que las albergue, renazca para siempre esa España grande y gloriosa que Dios nos dió y a la que el enemigo siempre intentó destruir sin decanso. Sin dejar un momento de olvidar que “la virtud más eminente es la de hacer sencillamente lo que tenemos que hacer.”

España se nos muere entre las manos. Nos duele España, soñamos a España, lloramos a España y miramos al cielo queriendo contemplar ese reinado que el mismo Cristo realizó.

¡Cristo reina, de Cristo es la Victoria! ¡Viva España!

 

¡GLORIAS DE DIOS!

¿Quién se empeña en romper con la más sana tradición católica que a tantas almas a llevado al Cielo? ¿Quién pretende acabar con las glorias, profundamente enraizadas en la fe, que no son otras que las glorias de Dios que se han resuelto en la Gran Historia de España.

Tenemos, y ya es una gran victoria del liberalismo y del oscuro señor a quien sirve, una generación completamente atrofiada, ignorante de sus raíces e identidad, generación amputada de su historia a la que se le ha convencido que sin Dios y sin pasado es posible alcanzar la felicidad. ¡Y vamos camino de dos!

¿Quién conociendo la historia de nuestra patria no se honrase de llamarse español? Y es que no hay otra historia como la de España, tan grande y tal llena de glorias, que no son otras, repito que glorias de Dios.

Tran grande es la Historia de la Hispanidad entera que de Mella exclamaba: “Esa epopeya fue tan grande, que sólo podían cantarla el Cielo y el Infierno; el Cielo, para premiarla con un mundo; y el infierno, con un rugido de impotencia que, aun estando decadentes, todavía la persigue como si temiera que volviéramos a ser grandes.”

Como español no entiendo a Dios y a la Iglesia sin España, y no puedo entender a España sin Dios y la Iglesia. Aquél el Creador que todo nos ha dado, nos ha regalado la mayor de las naciones, la mayor de las historias, el mayor de los orgullos que un humano puede sentir después de reconocerse hijo de Dios. Esta España que a brillado en medio de la tiniebla del mundo como faro precursor de la recta fe y la grandeza de la Iglesia. Ambos, como padre y madre, en los que se afianza toda mi dignidad y aprecio.

Unos pueden conservar Gibraltar, otros nos quedamos en el sitio de Cartagena de Indias, para mejor honrar a nuestros muertos.

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