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La Fiesta de los Corazones!

En este que es ahora mi pueblo de residencia, Tejina, en Tenerife, celebramos las fiestas en honor a San Bartolome. En estas fiestas se realiza la Exaltación de los Corazones.

sanbartolomegreco

Me gusta el sentir religioso popular que, a pesar de la imposición pagana de la pérdida del sentido de lo religioso, sabe conservar en sus raíces y tradiciones la identidad católica sin la que no se comprendería la fiesta.

La Exaltación de los Corazones es un salir hacia afuera del pueblo que quiere presentarse tal y como es, sin hipocresías ni apariencias. Corazones descarnados que elevan sus plegarias a los cielos, como si quisieran identificarse con aquellos corazones tan amados; los de Jesús y María.

Y es que el patrón de esta nuestra Tejina no puede inspirarnos menos. San Bartolomé, llamado Natanael, uno de los Doce, después de Pentecostés salio a predicar el Evangelio, la buena nueva de Cristo nuestro Dios y Salvador. Llegó a tierras de la India y allí, según la tradición exorcizo a una de las hijas del rey Polimio encadenando al demonio que la poseía.  El rey Polimio se convirtió al cristianismo. pero como siempre suele ocurrir en la historia de la Iglesia, su fidelidad al Evangelio hizo que el hermano de Polimi, también rey, Astiagues lo mando desollar vivo, decapitándolo después.

Es este Apóstol mártir el que inspira los corazones tejineros a elevar cada año hacia Dios esos sus corazones exaltados, símbolos de un pueblo que no conoce rendición.

Y nosotros que peregrinos llegamos a esta tierra, damos gracia a Dios por los bienes que aquí nos ha ofrecido y pedimos por esta Tejina, por su calle de Arriba, de Abajo y de en medio, por su Pico y Asomada, por su Milan, Jover y Barranquera, y por el pueblo católico que lo identifica.

Paradoja entre paradojas!

No le corresponde a la Iglesia como tal desarrollar un completo programa político o un modelo social determinado como únicas vías de realización humana en el divino proyecto de la Creación.

Pero la Iglesia Católica tiene una completa Doctrina Social y Política promulgada y asentada a través de su Magisterio. Doctrina desarrollada en infinidad de decretos, declaraciones, exhortaciones episcopales y demás documentos eclesiales. Doctrina Social y Política que se estudia y analiza a través de programas universitarios de especialización.

Sin embargo, tanto trabajo, esfuerzo y atención, no obtienen sus frutos en el campo de la política nacional. No hay opciones políticas católicas que asuman las directrices doctrinales y se dejen iluminar en sus programas por el compendio de la Doctrina Social y Política Católica. Y, paradoja entre paradojas, si las hay, son despreciadas y marginadas en primera instancia por las mismas estructuras y jerarquía eclesiales.

Pero nosotros, católicos que aspiramos a la Vida Eterna, en medio de la tempestad y en huracán seguimos confiando en Áquel que bien sabemos no dejará que la barca naufrague. A pesar de que a veces parezca dormido, y la barca a punto de zozobrar.

El mal absoluto!

Denunciaba hace años, uno de los políticos más insignes del siglo XX, que engañados y convencidos por el criterio del voto útil, de la elección del mal menor, los católicos españoles hemos contribuido a traer para España el “mal absoluto”. El tiempo no le ha quitado la razón.

Porque, tal como profetizaba, con el voto católico se ha apoyado a lo largo de estas décadas demócratas una política degradante y anticristiana que ha paganizado la sociedad, destruido la moral tradicional y puesto en trance de fragmentación y lapidación las glorias de España y la propia unidad nacional. Y para España no hay otro mal mayor que el de su propia liquidación.

Sí, porque somos católicos, católicos españoles, católicos votantes que a través de nuestro voto hemos expresado nuestra voluntad de participar activamente en el desenvolvimiento de esta plaga maligna  e infernal que como vasto banco de oscura niebla empaña el horizonte social y católico que se vislumbra para nuestra nación. Ya lo hemos dicho tantas veces: ” España, no se entiende de otra manera, es católica por su propia constitución, es católica en su raíz y fundamento, en su esencia y cultura, y nada ni nadie podrá jamás borrar la realidad histórica de esta España gloriosa de santos, mártires y defensores de la única y verdadera fe.”

El mal que hoy padecemos es el mal absoluto del que tantos y tantas veces nos advirtieron: cuatro millones de parados, más de un 30% de la población bajo el humbral de la pobreza, más de cien mil con niños asesinados cada año antes de su nacimiento, índices de suicidios ocultados por su carácter extremadamente alarmante, Cristo despreciado y vilipendiado públicamente, jóvenes educados bajo una moral promiscua y degenerada, fobia anticristiana  promocionada desde los poderes mediáticos, inversión moral y contra natura, una nación endeudada y dependiente de la financiación internacional, nivel de endeudamiento familiar jamás conocido que convierte a las familias en esclavos de sus deudas, la amenaza continúa de la desfragmentación nacional que llevará a la ruina y desgracia más profunda a todos los españoles de hoy, de ayer y del mañana.

¿Qué otro mal cabe esperar? Cualquier empeoramiento de la situación no puede sino que ser ya esperanza de un nuevo regenerar, no puede ya sino suponer un golpe ineludible en las conciencias católicas españolas que por fin las haga despertar de su letargo, no puede sino alertar a las jóvenes generaciones del funesto proceder de sus mayores para que de alguna forma puedan reconstruir la esperanza nacional que hoy parece pérdida.

Y a nosotros parece que sólo nos resta soñar a España, mientras nos dejen soñar porque hasta nuestros sueños son perseguidos. A nosotros no nos queda sino que embuir en semillas de historia esa España que fue, es y soñamos será, para que el día que encuentre una tierra joven y fértil que las albergue, renazca para siempre esa España grande y gloriosa que Dios nos dió y a la que el enemigo siempre intentó destruir sin decanso. Sin dejar un momento de olvidar que “la virtud más eminente es la de hacer sencillamente lo que tenemos que hacer.”

España se nos muere entre las manos. Nos duele España, soñamos a España, lloramos a España y miramos al cielo queriendo contemplar ese reinado que el mismo Cristo realizó.

¡Cristo reina, de Cristo es la Victoria! ¡Viva España!

 

Feminismo Católico!

El mayor enemigo del catolicismo, hoy, es la ignorancia. La falta de formación, en medio de la sociedad de la desinformación, invita al católico a creer lo que no puede creer, opinar de lo que no debe opinar, y a participar en los pecados estructurales contra los que debe luchar.

El feminismo de hoy atenta contra la verdadera feminidad de la mujer, contra su identidad más profunda y contra su dignidad que participa, al igual que la del hombre, de la imagen divina de Dios.

El feminismo católico es la reivindicación auténtica de la mujer. Es pedir a la mujer que sea mujer, no hay otro humano que pueda alcanzar mayor dignidad que la propia de la mujer, llamada a participar tan profundamente del misterio de la Creación.

Decía Pablo VI en un discurso dirigido al Centro Italiano Femenino en 1976 que:

“La misma imagen y semejanza de Dios que le asemeja e iguala al hombre, se realiza en la mujer de una manera peculiar que la diferencia del hombre, por otra parte no más de los que se diferencia el hombre de la mujer: No en dignidad de naturaleza, sino en diversidad de funciones. Es necesario precaverse contra la engañosa forma de desvalorización de la condición femenina, en la que es posible incurrir hoy, intentando desconocer los rasgos diversificantes inscritos por naturaleza en cada uno de los seres humanos. Pertenece, sin embargo, al orden de la creación, que la mujer se realice a sí misma como mujer, no ciertamente en competición de mutua prepotencia en relación con el hombre, sino en armoniosa y fecunda integración, basada en el reconocimiento respetuoso de las propias funciones de cada uno. Es, por tanto, sumamente deseable que en los distintos campos de la vida social en los que está inserta, la mujer ponga ese sello inconfundiblemente humano de sensibilidad y cuidado, que le es propio”.

¡Con claridad y sencillez!

Quiero exponer con claridad y sencillez algunas cuestiones que vienen siendo discutidas para mayor confusión de los creyentes:

– Entre católicos no existe otra unión conyugal válida que la Contraída por medio del Sacramento del Matrimonio, es decir, el único matrimonio válido es el Sacramental.

– Para los católicos no existe el divorcio. El Matrimonio es indisoluble. Se acepta la resolución civil como medio de regularizar las materias económicas y civiles entre los cónyuges, pero ello no afecta al vínculo matrimonial.

– Cualquier relación sexual realizada fuera del Matrimonio (adulterio, fornicación) es contraria a la ley de Dios y por tanto grave pecado mortal.

– Todo aquel que se haya en pecado mortal no puede acceder al Sacramento de la Eucaristía, pues tal como dice San Pablo, tragaría su propia condenación.

– El que ha celebrado Matrimonio católico, y cuando éste no hubiera sido declarado nulo, y vuelve a unirse con otra pareja distinta a su cónyuge, comete adulterio, grave pecado mortal, si tal situación fuera pública también el pecado sería público (agravante).

– Para acceder al Sacramento de la Eucaristía, hallándose en pecado mortal, es requisito indispensable recibir la absolución a través del Sacramento de la Reconciliación .

– Para recibir la absolución en el Sacramento de la Reconciliación es indispensable el arrepentimiento, la contricción y el propósito de enmienda.

– Todo católico que ha contraído Matrimonio Sacramental tiene el derecho a que la Iglesia declare si este fue nulo por alguna de las causas previstas. Este derecho se convierte en deber cuando el cónyuge a decidido unirse a una nueva pareja.

– Los Sacramentos no son discutibles. Los 7 Sacramentos son de Institución Divina, no son producto del Magisterio eclesial, son fundamento indeleble de la Santa Iglesia Católica que el mismo Cristo instituyó como Sacramento Universal de Salvación.

– Las discusiones y opiniones sobre el problema de los divorciados vueltos a unir en uniones civiles o naturales no es una cuestión de normas, sino de Sacramentos, de pecado y de la salvación de las almas.

– No omita nadie las palabras de Jesús que, siempre antepuso la misericordia a cualquier debilidad humana, pero, no desdeñó la verdad de la gracia: “Vete y no peques más”.