La llamada a la acción.

Frente a que somos llamados?

Frente a que cabe la defensa ?

Frente al Estado Liberal, Estado Social.
Frente al laicismo y el Islam, confesionalidad.
Frente a la ideología de género, Derecho Natural.
Frente al modernismo y relativismo imperante, Evangelio de la Vida.

Así reza nuestra proclamala, llamada que nace hoy en lo mås profundo de nuestras conciencias.
¡Católicos! ¡Discípulos de Cristo! ¡Llamados a dar testimonio fiel de nuestra fe! ¡Llamados a trabajar por el bien común en todas las esferas sociales!
Hoy más que nunca es exigencia de nuestra fe dar la cara por nuestra doctrina y tradición en toda esfera social, especialmente en la política. Ofreciendo desde la luz del Evangelio y del Magisterio Político y Social de la Iglesia, un modelo de sociedad cristificada en la que el hombre, todo hombre, pueda alcanzar la verdadera realización de su dignidad humana, desde la verdadera libertad y respeto a toda opción por el bien común.
Esa es la llamada que hoy sentimos en nuestros corazones anunciar a Cristo como único Camino, Verdad y Vida. Sin que ello suponga coacción alguna frente a la libre opción personal de cada individuo. Pero con la firmeza de que todo mal debe ser rechazado, que todo atentado contra la dignidad del ser humano, de todo ser humano, debe ser combatida, con la convicción contundente de que la libertad sólo es verdadera cuando se desenvuelve y desarrolla en opciones de bienestar, bondad, generosidad y misericordia; que el mal individual y social, moral, económico o ideológico, no es una realización de la libertad sino una perversión de la misma.

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Humo blanco, humo negro

¿ Qué clase de humo se habrá infiltrado en la Iglesia y en cada una de nuestras consciencias que nos hace dudar de cuál sea la verdad, o mejor dicho, si la Verdad existe?. Ya muchos “católicos” no contemplan a Jesucristo como la única Verdad posible, sino como una posibilidad más. Hasta qué punto se ha infiltrado el racionalismo que nos hace dudar de la Roca, que nos deja en las tinieblas de la indecisión y desconcierto.

Jesús no sólo es la Verdad, sino también el Camino y la Vida. No hay más camino, no hay más Verdad, no hay más Vida. Cuanto más dudamos, cuanto más indecisos más perdemos la Vida creyendo encontrarla, y las de otros hermanos que esperan al borde del camino, que se desangran, que languidecen por falta de alimento. Alimento que no nos hace efecto a causa de nuestras dudas; efecto que no se traducen en fruto por una excesiva complacencia hacia el mundo. Por una comodidad que nubla nuestra vista y que nos deja a merced de los que tienen claro al enemigo que deberíamos ser nosotros, amigos de los enemigos, enemigos del Enemigo, proclamadores del Reino que no llega, que se aleja a consecuencia de nuestros pecados, de omisión y de falta de Caridad principalmente.

Podemos creer que estas disquisiciones sobre la Verdad es un avance moderno, sin embargo era el estado de la cuestión en tiempos de Jesús cuando Pilato pregutó con cierta sorna a Jesús “¿ qué es la Verdad?”, probablemente sin esperar respuesta. Pero Jesús le respondió, con un señorío nada usual, ante el que aún dos mil años después no podemos dejar de sentir un escalofrío que nos recorre todo el cuerpo. De hecho aquello fue el gran terremoto del que aún sentimos la honda expansiva.

Ahora el “nuevo orden mundial” se jacta de haber superado todo aquello. Ya Jesús lo advertía “¿ encontraré algo de fe el día en que Yo vuelva?”, venía a preguntar. Si cuando aún andaba por estos lares nos acusaba y con razón “hombres de poca fe”, ¿ qué diría de nosotros ahora?. ¿Donde ha quedado la fe relegada?… Como mucho a una esperanza postrera que da sentido a nuestra existencia y a la que podemos agarrarnos cuando sufrimos lo insufrible o cuando todo lo demás nos falla. No es que esté mal del todo esto, es Él quien se nos ofrece “venid a mí los que esteis cansados y agobiados”, pero ¿ no somos desagradecidos?, ¿ dónde nos quedamos cuando lo llevan a crucificarlo?. ¿ Somos conscientes de todo lo que nos ha proporcionado, no ya en el otro mundo, sino en este el ciento por uno?. ¿ Nos damos cuenta de que gran parte de lo que tenemos, de nuestra cultura, de nuestra forma de pensar y actuar, y de la relativa paz que disfrutamos es a consecuencia de su sacrificio?… ¿ o es que nos hemos creído que todo viene a consecuencia de la revolución francesa o de las luchas de clases y las nuevas auroras del siglo XX?.

Demasiadas preguntas se acumulan en mi cabeza, demasiadas preguntas y pocas respuestas. Quizá me puedas responder tú, lector callado que nunca hablas, que siempre te guardas lo que opinas, que te ocultas en la masa que sin acusar ejecuta.

La Historia sí se repite…

Lo español no esta de moda. Nuestra dignidad, nuestro orgullo, nuestras raíces, cultura, historia y religión estån nuevamente a merced de aquellos que en la continuidad histórica de nuestra patria siempre han pretendido la destrucción de la misma. ¿Masonería? ¿Protestantismo? ¿Anglicanismo? ¿Islam? Sin querer caer en ningún tópico, he de afirmar que la historia contra España es una historia contra el catolicismo, una historia que se repite una y otra vez con un denominador común: el ultraje a lo patrio, porque la patria es portadora de valores eternos, y nuestra Patria es portadora de la verdadera Religión en Cristo Señor  nuestro y su Iglesia Universal, Una, Santa, Católica, Apostólica y Romana.

Y es que allí donde miramos, en otras circunstancias, tiempo y contexto, la historia se repite, ¡vaya si se repite!:

“Siempre se habían tenido por glorias el Descubrimiento de América y el Pacífico, la conquista, colonización y evangelización de América y Filipinas, la lucha con turcos, franceses y protestantes… y de pronto todo esto suscitaba desdén.

Otros lamentaban la propia Reconquista contra los refinados islámicos.

Menéndez Pelayo denunció ” el lento suicidio de un pueblo que, engañado por garrulos sofistas… hace espantosa liquidación de su pasado, escarnece a cada momento la sombra de sus progenitores…reniega de cuanto en la Historia hizo de grande… y contempla con ojos estúpidos la destrucción de la única España que el mundo conoce. Un pueblo viejo no puede renunciar a su cultura sin extinguir la parte más noble de su vida y caer en una segunda infancia muy próxima a la imbecilidad senil””.

(Efectos del 98, Pío Moa, en Nueva Historia de España)

Dificultades entre dificultades…

Si hay un signo claro de identidad, un hilo conductor, en la Historia de la Salvación este es la dificultad de las obras a las que Dios llama a su Pueblo. En ellas, en las obras, se manifiesta nuestra fe, como diría Santiago el Apóstol. Las obras sin fe son bamales, pero la fe sin obras es estéril.

Y en medio de las obras a las que creemos que Dios nos llama, en medio del discernimiento de espíritus, las dificultades son signos inequívocos de nuestro acertado seguimiento de Cristo camino de la Cruz.

Ancha es la puerta de la perdición, estrecho el camino de la Salvación. ¿Que estamos locos? ¡Claro! ¿Que somos radicales? ¡Por supuesto, hasta el extremo más elevado de aquel monte de la Calavera! ¿Qué nos llaman fundamentalistas? ¡No esperó otra cosa pues toda mi vida, mi pensamiento, palabra y obra encuentra un único fudamento:e Cristo! ¿Facha? ¡Si eso supone que amo a la Patria en la que Dios me dio la vida! A mi me gusta que me llamen simplemente Cristiano, o Católico que no puede llamar a engaño, que en esos conceptos ya se recoge más claramente lo anterior.

Dificultades y dificultades, ¿qué esperáis que encontremos sino? Dificultades, persecución y violencia contra nuestras personas, las mismas que encontró Cristo, o más, que no somos más que leños secos en nosotros mismos.

Pienso a lo que Dios nos llama y me parece una locura, un imposible; quizás entonces no esté tan errado, quizás sea ese el camino, el que esta lleno de dificultades y tropiezos, el que amenaza  con persecuciones y desconciertos, el que me compromete y exige insufribles sacrificios. Más fácil y apetecible se presenta el sillón y la cervecita, el juego y la tertulia, el descanso y la playa, pero, ¡que va!, todo lo estimó por basura con tal que yo alcance a Cristo.

No es laicidad lo que existe en España

Con motivo de la Ofrenda del Reino de Galicia al Santísimo Sacramento,se ha puesto claramente en evidencia que en España, a pesar de que la Constitución dice que España es aconfesional, gran parte de los gobiernos autonómicos y los ayuntamientos, NO SON ACONFESIONALES sino ANTICATÓLICOS.
Así lo denuncian los Obispos de Galicia en la nota que os dejo.

http://www.archicompostela.es/20150612/