Ir, ¡Vamos!

Celebrábamos ayer a San Felipe Neri. ¡Qué Apóstol de la juventud y la infancia! Con que sencillez y alegría supo trasmitir a cuantos le rodeaban que nuestro destino final es la Patria que esperamos en el Cielo.

Esta visión preclara de nuestra meta nos debe hacer afrontar con alegría y entusiasmo cualquier circunstancia que el devenir de nuestras vidas nos suponga.

¡Siempre alegres, siempre audaces!

Afrontar en nuestros tiempos el desafío de confesarnos católicos, allá donde vayamos, allá donde estemos, allá donde nos hagamos presentes, no debe comportarnos dificultad alguna. ¡Cristo está con nosotros! ¡El Espíritu Santo nos ilumina! ¡Y nuestro Padre Dios nos espera!

¿Qué dirán, de nuestras vergüenzas, miedos y pusilinamidades, aquellos que eran echados junto a sus hijos y ancianos a las fieras del circo para ser devorados? ¿Aquellos que hoy cada día entregan sus vidas en testimonio de la fe bajo la oscura opresion criminal del fundamentalismo Islámico?

Nos encontramos en la encrucijada de nuestro tiempo. No es hora de seguir mirando lo que otros hacen o pueden hacer. Es hora de levantar la voz y ofrecer nuestras vidas y nuestro aliento.

Cerca de un 40% de nuestros compatriotas electores se han quedado en casa sin bajar a las urna a papeletear. Siguiendo los sondeos resulta que el 32% de los electores, los cuales no han votado,  se declaran abiertamente católicos.

Nuestra patria merece un social-catolicismo que proyecte por encima de todo la luz de Cristo en la Paz y la Justicia que nuestra nación España, espera y merece.

Es Cristo el que reina. ¿Quién eres tú, quién soy yo para desdecirlo?

 

cerroangelescristo

 

De donde venimos y a donde vamos.

La situación actual se presenta difícil, pero siempre esperanzadora. El vuelco que nuestra sociedad está experimentando es quizás necesario. Es posible que a través de este trance surrealista se produzca el milagro que esperamos. No aquel que lo transforma todo mágicamente, sino ese otro que de hundidos en el temor y la ignorancia transformó a aquellos apóstoles en verdaderos testigos de la fe.

Y es que algo tiene que pasar para que el pueblo católico deje, de una ver por todas, la avenencia con aquellas opciones contrarias a la fe, liberales o progresistas, todas ellas en el común propósito de degradar al ser humano a un trozo de carne y expulsar a Cristo definitivamente de la conciencia social y, especiecialmente, del corazón de nuestros más pequeños. Clama al cielo encontrar a supuestos católicos apoyar a neo progresistas que abiertamente han decidido eliminar la asignatura de nuestra cultura en la única religión verdadera. Es una perversión presentar a quienes pagan con nuestros impuestos los nefandos crímenes que cada día se producen en las tenebrosas clínicas abortivas, y proponen seguir haciéndol, como esperanza social, en nuestro caso canaria. Resulta una verdadera perversión haber reducido la verdad y doctrina de nuestra fe a un folclore cultural; flores y perlas que pisotean aquellos cerdos que hoy se vuelven contra nosotros. Es impresentable que importantes personalidades de instituciones católicas den su bendición aquellos bajo cuyas siglas se combate abiertamente a Cristo y a su Iglesia.

Quizás llegará el momento, actual en tantos lugares del mundo, en el que, tú loco que te atreves a leer estas lineas y yo loco que las escribo, debamos regar nuestra sangre por tanto pecado de tibieza y omisión, como tantas veces en la historia, solo para gloria de Dios y su Iglesia.

Y es que la historia, más aun cuando queda en el olvido, siempre se repite. Y si no lean lo que D. Ramiro de Maeztu escribió hace ya más de ochenta años, como si lo hubiera escrito ayer especialmente para ti y para mi:

“Es evidente que todos nuestros males se reducen a uno solo: la pérdida de nuestra idea nacional. Nuestro ideal se cifraba en la fe y en su difusión por el haz de la tierra. Al quebranto de la fe siguió la indiferencia. Si la chispa de nuestra alma no se identifica con la Cruz, mucho menos con ese imperativo categórico que solo nos obligaría a desear la felicidad del mayor número, aunque el mayor número se compusiera de cínicos e hijos del placer. A falta de ideal colectivo nos contentamos con vivir como podemos.”

Hoy el Católico, no el que se dice católico, sino el Católico con mayúsculas, aquel que acepta íntegro el Magisterio y la Tradición de la Iglesia sin perros ni remedios y los hace vida; ese Católico ya no puede contentarse con vivir como pueda, sino que es exigencia que viva plenamente como Católico y muera como debe, que en el Cielo nos encontraremos y allí será nuestra dicha.

Demonios!!!

Apreciaba en mi tesina, “La Más Grande de las Batallas”, que el poder más grande que los demonios poseen sobre la tierra son los de la tentación, inspiración y confusión, y sobre todos el más perverso y aterrador de ellos, poder pasivo y silencioso donde los haya, el poder del miedo.

Miedo que principalmente se dirige a inhabiltar a los buenos para responder frente al mal. El miedo, en combinación con la perversa acción demoniaca coordinada y planeada por inteligencias que se elevan sobre la humana inimaginablemente. Miedo que permite que aquellos que han decidido someterse a las tentaciones, trabajar profusamente bajo inspiración maligna y realizarse como maestros y artesanos de la confusión, da lugar a la infernal situación en la que una gran mayoría anonadada de buena gente ve, pasivamente, como se derrumba ante ellos cualquier vestigio de grandeza moral, y cuanto más la destrucción completa de aquellos rectos principios que elevan la grandeza del hombre cuando proyecta su alma hacia Dios, la Patria o la Justicia.

Hoy contemplamos la completa pasividad de tantos buenos. Algunos resignados a “papeletear”, otros, un 40% aproximadamente, resueltos a dejarlo todo pasar y a abandonarse a la providencia que nos empuja irreparablemente al desastre.

Providencia no divina, porque Dios ha sido expulsado de nuestra cultura y civilización.

Algunos esperan un milagro, pero yo les digo que el milagro somos cada uno de nosotros que, a pesar de nuestras caídas, nos levantamos contra viento y marea y reemprendemos el camino tras los pasos de Cristo único y verdadero Señor de la Historia.

Siento vergüenza frente a mis hijos. He sido un cobarde y he vivido como un cobarde. Me he guardado lo que pienso y, a pesar de lo impulsivo de mi carácter, no he sabido levantar mi voz, que es lo que tengo, contra la arrogancia de la inmoralidad y del fáctico proceso concertado de destrucción de nuestra fe y cultura. Pero hoy, un día después de Pentecostés de 2015, digo ¡Basta ya! ¡Desenterrar mis talentos y ponerlos todos al servicio de aquellos, los más pequeños, los predilectos del Señor!

Ir a Misa, ¿ nos hará malas personas?

Será que Jesús reprendió tanto a los fariseos que se nos ha metido hasta el inconsciente que el ir a Misa o rezar inevitablemente nos convierte en malas personas. Creo que Jesús insistió tanto en ese aspecto para que siempre no estudiásemos por el rabillo del ojo y no dejásemos crecer el “engreimiento de ser hijos de Dios”. Debemos tener claro que dicho título no es para nada mérito nuestro, que lo único que tenemos que hacer es agachar la cabeza para recogerlo, y mantenerla agachada para no darnos contra el techo.

En cualquier caso me resulta curioso cuando le pregunto a cualquiera qué significa eso de “A Dios rogando y con el mazo dando”. La inmensa mayoría de las personas responde que se refiere a personas que rezan mucho pero que luego van dando mazazos de falta de humanidad al primero que se les pone por delante… Lo lamento mucho, respuesta equivocada. Este refrán no hace otra cosa que recoger en lenguaje popular el lema benedictino “Ora et labora”, que significa que la oración y el trabajo son dos caras de la misma moneda, y que por tanto debemos hacer lo que esté en nuestra mano al tiempo que pedimos a Dios que se realice su voluntad; la una sin la otra cosa son maniobras huecas. “Pedid y se os dará” tiene que ver con lo mismo. En ningún sitio dice “pedid y se os dará lo que hayais pedido”, porque no sabemos pedir ni sabemos hacer. Pero aún así, al que pide Dios le da, lo que con amor más necesita.

Para no desviarme del tema, el asunto me surge de un reciente artículo de investigación con mayores ( n= 1011 personas) en el que se cuestionan si la asistencia más o menos frecuente a servicios religiosos se asocia a ayudar más o menos a personas necesitadas, a ser agradecidos y a percibir una mejor salud personal, como de hecho se comprueba. Esto va en contra de la hipótesis que planteábamos en el título de este breve resumen, que espero sea el primero de diversos estudios que se van publicando y que van conmoviendo nuestros muchos prejuicios en ninguna medida contrastados. Ningún estudio científico va a responder totalmente a nuestras cuestiones más profundas, ni siquiera la filosofía puede hacerlo ( desde el principio reconoció su límite en el sólo sé que no sé nada); pero sí que puede orientar y sobre todo ayudar a mejorar nuestras preguntas y a remover los prejuicios. Ese es el verdadero espíritu científico, el que indaga, no el que asevera; el que complementa con su búsqueda las sospechas e insinuaciones de la fe verdadera.

Aquí tienen la referencia por si alguno le interesa:

Res Aging. 2014 Nov;36(6):731-52.
Hostility, religious involvement, gratitude, and self-rated health in late life.
Krause N, Hayward RD

ALGUNOS AYES!

Mañana nos toca a los españoles enfrentarnos a unas urnas para, en el ejercicio democrático,  dar con nuestra papeleta la legitimación social a cuantas deficiencias, horrores, abusos e injusticias se realizan, sin posibilidad de solución o enmienda, en nuestra nación.

Y es que, una vez que los mismos poderes públicos han sentenciado a Dios al destierro de nuestra vida patria, todo queda al arbitrio de aquellos a los que puedes votar, aquellos que te han vendido su voto, que te han convencido en una campaña como si la de Navidad del Corte Inglés se tratara.

Pero ay! No puedo votar a ninguno del millón de españoles que en los últimos diez años fueron descuartizados, antes de que pudieran llegar a ver la luz, y para mayor escarnio e indignidad tirados a un cubo de basura.

Pero ay! No puedo votar a ninguna de esas mujeres que sufren la violencia del Estado Democrático en el desamparo de sus vidas ante el corte de luz, de agua o la negación de un tratamiento médico para sus hijas.

Pero ay! No puedo votar a ninguno de aquellos que se han suicidado o viven tarados y olvidados porque el Estado Democrático los abandono frente a las fauces del capital descarnado que les arrebato sus ahorros, les robó el hogar y la vida y los expulsó de toda posibilidad socializadora con la losa de una deuda impagable y el registro y escarnio público a través de tanta lista y registro de morosos.

Pero Ay! Que no puedo votar a tanto joven que como resultado de tanta paradójica desafección, tanta educación afectivo sexual, tanto relativismo bananero y un impuesto materialismo deshumanizador  han visto reducida su vida al valor de un trozo de carne con ojos y deambulan, en unos casos deprimidos, en otros drogados, pervertidos, o alcoholizados por las nocturnas calles de nuestras ciudades.

Pero Ay!  Que yo quiero votar a ese papá estado que vele por sus hijos que lo conforman y les garantiza un trabajo digno, la estabilidad y el valor en el amor de una familia, un hogar permanente, una sanidad sin demagogias, una educación en valores y dignidad humana irrenunciables…

Pero Ay! Que esto último solo puedo realizarlo a la luz de Cristo y Cristo ha sido desterrado de nuestra sociedad materialista y terroríficamente frívola y genocida.

Ay!, Monseñor, deme la absolución que no quiero perder mi alma y perecer en la eternidad del infierno. Que peco cada día mortalmente por omisión porque no hago lo que puedo hacer ante tanta injusticia, horror y malversación, y mi silencio me hace cómplice del autor.

Que mi condena no sea por haber permanecido callado; que mi condena no sea por mi silencio ante el atropello y la malversada violación; que la condena, que se que merezco, no sea eterna, que no se me vaya en esa papeleta el alma que es la única que tengo, y no introduzca en la urna la condena a muerte de mis hermanos y la asunción cómplice de la injusticia y la inmoralidad.

¡Gracias Monseñor! Munilla para más detalle