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Ir a Misa, ¿ nos hará malas personas?

Será que Jesús reprendió tanto a los fariseos que se nos ha metido hasta el inconsciente que el ir a Misa o rezar inevitablemente nos convierte en malas personas. Creo que Jesús insistió tanto en ese aspecto para que siempre no estudiásemos por el rabillo del ojo y no dejásemos crecer el “engreimiento de ser hijos de Dios”. Debemos tener claro que dicho título no es para nada mérito nuestro, que lo único que tenemos que hacer es agachar la cabeza para recogerlo, y mantenerla agachada para no darnos contra el techo.

En cualquier caso me resulta curioso cuando le pregunto a cualquiera qué significa eso de “A Dios rogando y con el mazo dando”. La inmensa mayoría de las personas responde que se refiere a personas que rezan mucho pero que luego van dando mazazos de falta de humanidad al primero que se les pone por delante… Lo lamento mucho, respuesta equivocada. Este refrán no hace otra cosa que recoger en lenguaje popular el lema benedictino “Ora et labora”, que significa que la oración y el trabajo son dos caras de la misma moneda, y que por tanto debemos hacer lo que esté en nuestra mano al tiempo que pedimos a Dios que se realice su voluntad; la una sin la otra cosa son maniobras huecas. “Pedid y se os dará” tiene que ver con lo mismo. En ningún sitio dice “pedid y se os dará lo que hayais pedido”, porque no sabemos pedir ni sabemos hacer. Pero aún así, al que pide Dios le da, lo que con amor más necesita.

Para no desviarme del tema, el asunto me surge de un reciente artículo de investigación con mayores ( n= 1011 personas) en el que se cuestionan si la asistencia más o menos frecuente a servicios religiosos se asocia a ayudar más o menos a personas necesitadas, a ser agradecidos y a percibir una mejor salud personal, como de hecho se comprueba. Esto va en contra de la hipótesis que planteábamos en el título de este breve resumen, que espero sea el primero de diversos estudios que se van publicando y que van conmoviendo nuestros muchos prejuicios en ninguna medida contrastados. Ningún estudio científico va a responder totalmente a nuestras cuestiones más profundas, ni siquiera la filosofía puede hacerlo ( desde el principio reconoció su límite en el sólo sé que no sé nada); pero sí que puede orientar y sobre todo ayudar a mejorar nuestras preguntas y a remover los prejuicios. Ese es el verdadero espíritu científico, el que indaga, no el que asevera; el que complementa con su búsqueda las sospechas e insinuaciones de la fe verdadera.

Aquí tienen la referencia por si alguno le interesa:

Res Aging. 2014 Nov;36(6):731-52.
Hostility, religious involvement, gratitude, and self-rated health in late life.
Krause N, Hayward RD

Cientificismo ateo

 

 

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No es fácil presentar, en medio del impuesto cientificismo predominante, una visión integradora de la fe y la ciencia. Ya no digo de la fe y la razón, ya que ambas, más que integradas son, en sí caras de una misma moneda cuyo canto ha costado siglos descubrir. La fe exige la razón, y la misma razón, libre de prejuicios e ideologías, exige la fe.

Quizás la soberbia, tan predominante en la naturaleza humana herida, exige a toda sociedad endiosarse de alguna manera y creer que se haya en la plenitud de la historia y en posesiòn del conocimiento absoluto. Esto ha ocurrido en cada una de las civilizaciones històricas, en toda época y lugar. Esto ocurre también en nuestros días.

El problema ha sido siempre el mismo, cuando una dimensión de la razón ha encontrado un nicho predominante, esta dimensión ha intentado imponerse a toda dimensión de auto-conciencia y realización humana. Si, también ha ocurrido con la teología y la propia fe cristiana cuando no ha sabido reconocer en los otros campos y dimensiones de la realización humana los límites de la propia razón condicionada por una perspectiva, que sólo en la amplitud exigida por la verdad, encuentra su maravillosa realización cogoscitiva: “Partes de un mismo todo”.

La verdad de la fe exige la verdad de la razón pues ambas son partes necesarias de la completa e inmensa Verdad que estamos llamados no solo a conocer sino también a señorear. La razón sin fe queda mutilada,rodeada de prejuicios cae sin remisiòn al servicio de las corrientes de ambiciòn. La fe sin la razón queda oscurecida y se expone al error y a la negación de cambios hacia aspectos de la verdad que de otra forma no podrán ser conocidos (la razón salió en auxilio de la Verdad frente al arrianismo que tan cerca estuvo de destruirla).

A lo largo de la historia de la humaidad han sido muchas las partes del todo que han pretendido ser el todo del saber y ser humanos. Ya nuestros primeros padres decidieron, no que la razón usurpara el todo del sentido de sus existencias, sino que sus propias decisiones abandonadas a las apetencias y emociones se convirtieran en el todo de su saber; y así queriendo saber cayeron en las profundidadez de la ignorancia; y así queriendo vivir Caín sembró la muerte estrellando una quijada de borro sobre el cráneo de su hermano Abel. Después fue el engreimiento y la soberbia humana las que junto con la fuerza y el terror dominaron la limitada sabiduría de tantos pueblos y naciones; la supersticiòn, la filosofía, la teología, la economía, y muchas otras dimensiones del saber humano han tenido un nicho predominante en algún momento y lugar de nuestra historia. También ha habido ocasiones en que la fe, mal entendida por algunos, manipulada por tantos, ha ensombrecido y obstaculizado caminos de saber,aunque si de fe cristiana habláramos, no es comparable los impulsos y enriquecimiento de la sabiduría y ciencias humanas que ha producido la fe en Jesucristo, frente a las obstaculizaciones que tantas veces también han sido producto de las propias limitaciones culturales y cognoscitivas de la època.

Hoy es el cientificismo el que quiere someter toda dimensión del haber humano, violentando y apartando de su camino no solo la luz de la fe sino el  imprescindible fundamento de la filosofía, la metafísica, la teología y el propio reconocimiento de la dimensión espiritual del ser humano. Cientifismo que consiente rebajar la ciencia a pseudociencia con tal de apropiarse de estructuras y recursos propios de una seudoreligión; cientifismo que establece nuevos profetas y rabinos de lo científico y cuenta con sus propios dogmas, preceptos, cultos y devociones; cientifismo que rodea, con sus acólitos y seguidores, teorías y elucubraciones para presentarlas como verdades científicas que todos están obligados a creer, aunque en ellas no se confíe. Pseudociencia que condena al ser humano a la ignorancia oscura del no saber, hoy cuando con más fuerza la luz de la verdad quiere iluminar las conciencias y la razón humanas; hoy que la filosofía y la teología han abandonado viejos prejuicios, y la fe se muestra a la luz de la razón como único camino de sentido trascendental de la existencia humana.

CIENCIA Y FE o FE Y CIENCIA. Cómo dejar de ser agnóstico y resucitar en el intento

Nuestra pequeña razón endiosada alguna vez nos podrá salvar la vida, pero por sí sóla nunca nos llegará a salvar el alma. Si se encierra en sí misma, si no descubre el Amor, estaremos perdidos.

Nos enfrentamos a un tema trascendental, sin duda, en el que está en juego nuestra vida; aparentemente muy complejo, quizá no tanto, ya veremos. Decirlo no es tan difícil, aunque sinceramente en este momento siento, que para saber y decir ésto he nacido y que por decirlo quiero y puedo morir. Soy consciente de que me expongo al ridículo y la burla, si no a la lapidación y el desprecio, en unos tiempos en los que nadie dice de verdad nada, y en los que a muchos se les pasa la vida como si fuera un chiste, aunque en realidad todos estemos sufriendo, algunos más y otros menos, y la mayoría no queriendo pensar en ello. Sé que cuento con el apoyo de mi familia y algunos pacientes, muy numerosos por cierto, aquellos que son pacientes conmigo, que me comprenden y animan, que acuden a lamer mis heridas, como al pobre de Epulón los perros. Y sobre todo cuento con el Supremo, con el que quiero que estos sean mis desposorios: “Señor, tú lo sabes todo, sabes que (a pesar de mis todos mis defectos) te quiero” (Jn 21, 15-19). Les agradecería infinitamente su lectura, reflexión y crítica, y si les merece la pena, su difusión. Por favor, no se queden en los detalles, que seguro he trastocado muchos y me pueden corregir; intentemos ir al fondo de la cuestión.

http://foro.unioncatolica.com/viewtopic.php?f=10&t=6

Un feliz descubrimiento ( subtítulo: “Como salir del armario”)

Mi nombre es Adelto y trabajo como psiquiatra para la Seguridad Social hace unos 16 años… y para la Gloria de Dios hace 3. Hasta entonces nunca se me hubiera ocurrido promocionar la práctica católica (… sí, el ir a Misa, la oración y esas cosas que a algunos les parece tan obsoletas), pero en cambio recomendaba mucho la el yoga y otras prácticas venidas de oriente con tan grande éxito. El día menos pensado redescubrí el catolicismo, y al poco tiempo llegaron a mis manos estudios de las principales revistas de Psiquiatría ( como el American Journal en Enero de 2012) en los que se señala los beneficios que supone para la salud mental la práctica cristiana, demostrada muy por encima de cualquier otra religión o sucedáneo.

Disponemos actualmente de más de 40000 publicaciones al respecto que señalan los efectos beneficiosos incluso para patologías “físicas” como el cáncer y la demencia, y efectos protectores comparables o superiores al ejercicio físico y dieta mediterranea en general, no solo en cuanto a la “calidad de vida” ( concepto a aclarar), sino incluso en cuanto a reducción de la morbi-mortalidad ( por diversos posibles mecanismos).

Es de destacar que lo que “funciona” es la práctica, no la creencia (es como si te gusta el futbol pero nunca juegas). Jesucristo dijo “aquí el ciento por uno y después la vida eterna”; ¿ se te ocurre un negocio mejor?.

No sólo es una cuestión de estudios científicos. Las normas, tan sencillas en teoría, los famosos mandamientos, siguen siendo un pilar de la educación en nuestros tiempos de relativismo: no matarás, no darás falso testimonio… Y sí, no adulterarás el amor. Hoy día se llama amor a cualquier cosa. No me quiero extender porque sería muy largo; lo dejamos para otra ocasión.

Dicen que los del “estado islámico” quieren reconquistar Al Andalus. En un pais en el que se supone ( dicen las estadísticas) que la mayoría somos católicos ¿ por qué nos hemos dejado comer la tostada de semejante manera?. Tendremos que reconquistar España, pero no a fuerza de espada, sino a fuerza de amor.

Uno de los bulos que corren como la pólvora es que el catolicismo es de ignorantes. Es cierto que los “pobres” lo agradecen mucho y no hay peor canallada que robarle a un pobre hasta la religión. Pero también es cierto que hay gente muy culta e inteligente que ha descubierto en Cristo el único y verdadero sentido de su vida y esto les lleva a una práctica más entregada tanto en lo profesional como en lo personal. Recientemente hemos constituido una asociación de profesionales ( médicos, abogados, psicólogos, profesores… ) en la que reflexionamos sobre todos estos aspectos y promovemos iniciativas para el mejor conocimiento y difusión de la práctica católica. De hecho esta publicación es fruto de esa iniciativa. Si estás interesado, seas profesional o pobre de solemnidad ( con todas las opciones intermedias), no dudes en ponerte en contacto en mi email ( aggmelch@wanadoo.es) o con tu parroquia más cercana.

Este mensaje va dirigido a los católicos y “simpatizantes” ( aquellos que se sienten atraídos pero sus prejuicios o la presión del entorno no los deja avanzar, así estaba yo hasta que conseguí “salir del armario”, mejor dicho Él me sacó, pero yo se lo pedí): por una vez tómatelo en serio, quítate de complejos y lánzate a Cristo. Hoy como a Lázaro Él te dice: “levántate y anda”.