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¿Donde está la Verdad?

Cristo vence

En medio de esta sociedad que parece nos abruma con las imposiciones ideológicas de unos cuantos, parece que nos hemos resignado a intentar sobrevivir como católicos. Hemos bajado los brazos, y como púgil casi noqueado, no nos queda más que aguantar todos los golpes con la única esperanza de que el adversario se canse en su embestida. ¡Pero el adversario no se cansará!

Esta actitud sería aceptable si lo único que estuviera en juego fuéramos cada uno de nosotros que particularmente tomamos tan defenestrada decisión. Quizás porque pudiéramos justificarnos aludiendo a que nuestra esperanza es sobrenatural y nuestra verdadera patria está en el Cielo que esperamos más allá de este transir terreno.

Pero esta actitud es inadmisible porque bajo nuestra responsabilidad no se limita al propio devenir, sino que bajo nuestra tutela y acción se encuentra el destino de infinidad de almas que jamás tendrán la oportunidad de encontrar la Verdad, ni tan siquiera de oír hablar de ella, si bajamos la guardia y nos abandonamos al perverso vapuleo del enemigo.

Jóvenes y niños, pobres y abandonados, enfermos y desasistidos, bebes no nacidos, tantas y tantas almas que tienen el derecho de conocer que existe una Verdad, que la vida tiene sentido, que toda vida merece la pena vivirla, porque nuestro destino no acaba frustrado, nuestro destino es la vida, y vida divina, a la que estamos llamados.

Algunos, sometidos a las corrientes de los tiempos, argüirÁn que cada uno posee su verdad, que todo es opinable, que no existe verdad absoluta. Otros incluso se atreverán a preguntar que ¿dónde está la Verdad?, aún cuando la sostengan en alto con sus propias manos.

Nosotros no podemos sino que afirmar que Cristo es la Verdad, el Camino, único Camino, y la Vida. Son palabras del mismo Jesús, y nosotros hemos confiado en Él, y no quedamos defraudados.

Hay una Verdad que es Jesucristo. Es irrenunciable. Bajo esta bandera debemos combatir, con toda alma y esfuerzo, hasta derramar la sangre si fuere necesario. Hoy más que nunca es necesario alzar los brazos y pertrechados con las armas de la luz combatir bien el combate al que estamos llamados, no sólo porque Dios lo quiere, puesto que a ello nos llama, sino porque nos lo exige nuestra responsabilidad, de padres, hermanos, vecinos y cristianos. ¿Quién saldrá en nuestra defensa el día del juicio? ¿Quién declarará a nuestro favor si abandonamos a generaciones enteras, presentes y futuras, a la ignominiosa voluntad del mordaz liberalismo infernal?

¡GLORIAS DE DIOS!

¿Quién se empeña en romper con la más sana tradición católica que a tantas almas a llevado al Cielo? ¿Quién pretende acabar con las glorias, profundamente enraizadas en la fe, que no son otras que las glorias de Dios que se han resuelto en la Gran Historia de España.

Tenemos, y ya es una gran victoria del liberalismo y del oscuro señor a quien sirve, una generación completamente atrofiada, ignorante de sus raíces e identidad, generación amputada de su historia a la que se le ha convencido que sin Dios y sin pasado es posible alcanzar la felicidad. ¡Y vamos camino de dos!

¿Quién conociendo la historia de nuestra patria no se honrase de llamarse español? Y es que no hay otra historia como la de España, tan grande y tal llena de glorias, que no son otras, repito que glorias de Dios.

Tran grande es la Historia de la Hispanidad entera que de Mella exclamaba: “Esa epopeya fue tan grande, que sólo podían cantarla el Cielo y el Infierno; el Cielo, para premiarla con un mundo; y el infierno, con un rugido de impotencia que, aun estando decadentes, todavía la persigue como si temiera que volviéramos a ser grandes.”

Como español no entiendo a Dios y a la Iglesia sin España, y no puedo entender a España sin Dios y la Iglesia. Aquél el Creador que todo nos ha dado, nos ha regalado la mayor de las naciones, la mayor de las historias, el mayor de los orgullos que un humano puede sentir después de reconocerse hijo de Dios. Esta España que a brillado en medio de la tiniebla del mundo como faro precursor de la recta fe y la grandeza de la Iglesia. Ambos, como padre y madre, en los que se afianza toda mi dignidad y aprecio.

Unos pueden conservar Gibraltar, otros nos quedamos en el sitio de Cartagena de Indias, para mejor honrar a nuestros muertos.

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NUEVO BOLETÍN UNIÓN CATÓLICA

Ya hemos editado el boletín número 1 de Unión Católica. Puede descargarse en formato digital en el siguiente enlace ó pulsando sobre la magen:

http://foro.unioncatolica.com/documentos/bolet01pdf.pdf

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Si alguien está interesado en conseguir el ejemplar en formato papel y distribuir algunos entre amigos y conocidos, no tiene más que enviar un e-mail a unioncatolica@unioncatolica.com e indicar los datos completos con dirección postal y le enviaremos 5 ejemplares impresos.

 

¡Bendiciones!

 

¡Cristo Reina!

BOLETIN UNIÓN CATÓLICA

Ya editamos hace unos meses el boletín número 0 de Unión Católica. Es esta una tarea difícil, mantener la periodicidad y el interés  en una publicación que pretende ser vínculo de comunicación entre católicos comprometidos no está carente de innumerables dificultades. Pero ese es nuestro propósito.

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El boletín número 0 en formato pdf puede ser bajado gratuítamente en este enlace:

http://foro.unioncatolica.com/documentos/boletin0.pdf

El boletín número 1 está ya enmaquetado y en breve será publicado. Si quieres recibirlo directamente en tu correo electrónico o en versión papel, envía un e-mail con todos tus datos a unioncatolica@unioncatolica.com. También puedes enviar a ese mismo correo cualquier aportación que desees ver publicada, bien en el mismo boletín, en nuestro foro o en este blog.

Saludos y bendiciones!

¡Cristo Vive!

DE ESPAÑA Y LOS ESPAÑOLES

Para hablar de España y los españoles debemos primero establecer el presupuesto del que partimos a la hora de realizar el análisis que nos proponemos.

Luis María de Sandoval nos presenta la raíz de donde debe partir toda reflexión que involucre al hombre o a cualquier dimensión que desde éste se proyecta: ¿Qué se afirma del Hombre?

No podemos sino reconocer en el Hombre esa trascendencia de la que él mismo se siente portador: amor, honor, fidelidad, amistad, lealtad, honradez; son todas virtudes que capacitan al Hombre a reconocerse como trascendental. La virtud no se genera de la carne, no es química ni física que pueda formularse matemáticamente.

Y en esta trascendencia en la que el Hombre no puede sino reconocer que no se hace a sí mismo, que su vida y existencia le vienen dadas,  el hombre desde su propia razón encuentra la existencia del Otro en el que el Universo se manifiesta.

Es cada uno de los miembros de la familia humana portador de valores eternos, portador de un destino eterno que se confina aquí y ahora en lo universal. Es la unión histórica de estos valores la que configura la unidad de destino en lo universal que es nuestra patria y nación España.

España, predilecta del reinado de Cristo. Españoles, especiales testigos de la fe y defensores históricos de la catolicidad de la única Iglesia de Cristo.

Y de estas realidades, que pueden ser sujetas con sus peculiaridades y circunstancias a cualquier nación  y a cualquier nacional del mundo y de la historia, brota la consideración de la trascendente dignidad del ser humano. Dignidad a la que el mismo Dios hecho hombre en Jesucristo sale al encuentro para elevarla, divinizarla, a la categoría inimaginable de hijos de Dios, pues lo somos; de patria y nación de Dios, España, que lo es.

Españoles que olvidando lo que somos hemos olvidado hasta la verdad de nuestra religión. Católicos que avenidos al mundo, a la carne y quizás, en algunos casos, al demonio también, hemos olvidado que Dios una Patria nos ha dado y Cristo y la Virgen la han bendecido.

Cantaba Vázquez de Mella las grandezas de España y de los españoles y así rezaba: “Cristiano y español, con fe y sin miedo, canto mi religión, mi patria canto”

 

Y como insigne figura, Juan Vázquez de Mella definía así a nuestra patria y nación: “España es como un tronco, y en ese tronco la savia no ha muerto todavía; todavía cabe pedir que no se convierta en uno de esos palos largos y secos que se levantan en la llanura demandando una centella o el hacha de un leñador, sino que con savia nueva, que ahora va naciendo en todas las regiones, se levante otra vez y rejuvenezca el tronco para que extienda su copa, para que allí, el altar del sacerdote, la lira del poeta, la espada del guerrero, las herramientas de los trabajadores y la esteva del labrador, todo se cobije el día en que la tormenta sacuda los cimientos de Europa.”

Divina profecía un día ya cumplida, y que quiera Dios se vuelva a cumplir.