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Virgen de La Victoria!

Mañana día ocho de Septiembre celebramos el día de la Virgen de La Victoria.

La advocación de La Victoria no sólo hace referencia a la victoria de María sobre el Mundo, la carne y el demonio, que tanto la hacen merecedora del título de corredentora.

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La Virgen de La Victoria hace referencia también a tantas victorias que, tras duros y cruentos combates, el bien ha conseguido sobre el mal gracias a la intervención sobrenatural de María la Madre de nuestro Señor y Rey Jesucristo.

Es el día de la Natividad de María. Aquí se centran muchas advocaciones marianas, pero para nosotros hoy es tan necesaria ésta, la de La Victoria, para recobrar ese aliento de esperanza cierta de que aun derrotados somos copartícipes de la Victoria de Cristo y de María.

Victoria de María que principalmente es famosa en su intervención en la batalla de Lepanto, pero no menos importantes han sido otras victorias que gracias a su intervención e influencia han preservado a la cristiandad del enemigo.

Sirva de ejemplo aquella victoria que, sobre la Málaga conquistada por los musulmanes, lograron los Reyes Católicos tras la aparición en sueños al rey Fernando.

Podréis contemplar y prestar devoción a tal estampa de nuestra Señora y Madre en un cuadro que luce en una de las paredes de la Iglesia de la Virgen del Rosario en Valle Guerra, Tenerife.

Virgen de la Victoria, ruega por nosotros, ruega por España, ruega por la Cristiandad.

 

Bajo el dominio de Satanás!

Como no morir de dolor al ver tanta gente querida viviendo alejada de Cristo y la Iglesia.

La Fe y la Doctrina no es una broma. El combate con el maligno y la perdición de las almas no es ninguna broma.

En la audiencia del Miércoles de Ceniza del año 1977, el Papa Plablo VI de feliz memoria, advertía de la verdad a la que nos enfrentamos, de la verdad a la que el mundo se enfrenta, y clarividentemente aludía a lo que hoy vivimos por causa de nuestro mal combate:

Denunciaba el Papa en tal audiencia el “dominio del diablo sobre la Tierra y sobre los mismos hombres, dominados, tentados y arruinados por el espíritu del mal”.

No comprendo cómo ante la advertencia y exhortación clara de la Iglesia siempre los más deciden avenirse con el enemigo, en este caso el mundo. El Papa advertía de la existencia de este otro mundo, que tantas veces nos negamos contemplan, “otro mundo que no es tan bello, sino que, más bien y al contrario de aquel cristiano, es el de la humanidad que rechaza, se revela y se separa de Dios, dando lugar a la proliferación del laicismo, del secularismo, del anticlericalismo y del ateísmo,” males tales que claramente vivimos hoy cada vez con mayor intensidad.

En este mundo hoy vive hoy esta  “humanidad que dice: no quiero saber de Cristo ni de Dios.”

“Este es el mundo -añadía el Papa- llamado nada menos, que el reino del príncipe de este mundo, ¿quién es el príncipe de este mundo?, el diablo”, – aclaraba Pablo VI.-

Hoy estas expresiones provocan la risa y el desprecio, incluso de aquellos que tanto alaban a Pablo VI por su reforma postconciliar. Pero el Papa afirmaba taxativamente que “el mundo está bajo el dominio de una potencia grande e indefinida, pero operativa: el espíritu de satanás, que trabaja en la humanidad, la cual rechaza el tener a Dios junto a ella.”  

Y subrayaba Pablo VI que “estamos viviendo precisamente en este mundo en un ambiente contaminado por el mal, del que tenemos que inmunizarnos” y oponernos a él con “un carácter de combate, de milicia”.

Pues ahí es donde queremos situarnos, en el carácter y carisma de combate y milicia católica. Colocados al lado de Cristo bajo los criterios cristianos del Evangelio, el Magisterio y Tradición. Estos son los miembros, amigos y simpatizantes de Unión Católica: Soldados de Cristo, fieles al maestro y a la Iglesia, aun a precio de nuestra sangre.

Amor a Cristo y misión del cristiano en el mundo

El amor a Jesucristo, la amistad con Él, implica cumplir con determinados preceptos al decir  del mismo Señor: “El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama” (Jn 14, 21),  “Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando” (Jn 15, 14). Además, hay una imposibilidad de ruptura en la relación de amor con Cristo cumpliendo su voluntad “Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor” (Jn. 15, 10).  Jesús, en sus últimas palabras, añade una proyección social más explícita que se relaciona con su último mandato “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio” (Jn. 16, 15).  Ésta es una misión que está encomendada a todos lo cristianos.

Dentro de la misión común, cada discípulo de Jesús va concretando el modo de cumplir con ella según estados de vida, circunstancias, etc. Conocemos el diálogo de Cristo, después de resucitado, con san Pedro (Jn. 21, 15- 19), que especifica con toda claridad no sólo su particular responsabilidad, y la de sus sucesores, sino el orden de prelación de la relación personal con el Señor y la misión. Por tres veces le interroga sobre el amor hacia su divina persona ¿Pedro me amas? La repuesta del apóstol es clara y pronta. A la que Jesús añade como mandato apacienta mis ovejas. Primero el amor, luego la misión. Porque me amas te encomiendo mi rebaño. Todos aquellos que aman al Señor han de cumplir con una misión. La de san Pedro está bien definida, pero ¿y la nuestra?

En este querer cumplir con la voluntad de Jesús, con la misión que nos encomienda, encuadramos todo nuestro quehacer en el mundo, en la sociedad. Igual que el amor de Dios impregna toda nuestra realidad, el amor al Dios encarnado, muerto y resucitado, ha de empapar la actividad de cualquier cristiano comprometido. No se puede dejar de ser cristiano en ningún aspecto ni por atraer simpatías ni por querer consensuar con el mal objetivo. Los mártires son un buen testimonio del deseo de nunca posponer la voluntad de Dios a la de la veleidad mundana. Por todo ello, hemos de tener clara la idea de que un abogado o un médico o un albañil o un político no dejan de ser católicos en el cumplimiento de sus deberes personales, familiares, laborales y sociales. No es un profesional católico sino mucho más un católico que realiza una determinada profesión. Lo sustantivo es su condición de católico.

El amor a Dios no puede tener, en mi existencia, compartimentos estancos, lo amo en todo lo que hago y, en consecuencia, cumplo con su Voluntad. La peligrosa división, que muchos realizan entre su vida privada, plena de religiosidad, con respecto a su vida pública donde tienen más fuerza las corrientes de pensamiento relativistas en boga, no deja de ser perversa. Los llamados políticos católicos, que conviven y gobiernan con leyes totalmente contrarias al orden natural de la creación, al Evangelio y al Magisterio Católico, son buena muestra de lo expuesto.

No me extraña, por tanto, que, ante tanta claudicación en sus deberes de los políticos católicos de los partidos mayoritarios, se haya alzado la voz de católicos de toda condición y pertenecientes a un amplio espectro de carismas religiosos, en un manifiesto, apoyando a unos católicos que desean actuar en política para cumplir con una misión más, pero importante, que entra dentro del mandato del Señor de Evangelizar todas las realidades desde la Caridad. No son poseedores sino servidores de la Verdad, no imponen sino proponen unos valores y principios, no intentan agotar lo que es inagotable sino poner su granito de arena, y todo ello en medio de una gran crisis moral. Entre los firmantes del manifiesto, he descubierto hasta algún sacerdote. Como escribiría, en su día, el entonces Arzobispo Pamplona Mons. Sebastián, un grupo de personas que quieren ser testimonio de su Credo y de la Doctrina Social de la Iglesia han de contar con el respeto de todos. Creo que AES (Alternativa Española) se ha ganado estos apoyos merecidamente. Que Dios les ayude a mantener la batalla por la vida, la familia, las raíces cristianas de nuestra civilización desde el amor a Dios, a su Voluntad y a la misión que Jesús nos encomienda a todos.

ya.com

 

¿Es estupidez o mala intención?

Mucho antes que se suscitara tanta polémico con la admisión de los divorciados vueltos a casar civilmente a Sacramento de la Eucaristía (porque comulgar siempre podrán comulgar, eso sí espiritualmente), ya presentaba yo en distintas circunstancias la problemática de los trámites canónicos en los procesos de nulidad matrimonial.

No comprendo porque el teólogo Kasper se empecina en destruir el Sacramento y desvirtuarlo hasta el extremo en el que el propio Sacramento daría igual para la plena comunión eclesial.

No se si es estupidez o mala intención, porque si se admite a un divorciado vuelto a casar civilmente, cuanto menos se reconoce que el matrimonio sacramental fue nulo; de otra forma se estaría sacramentalizando el adulterio, porque si el matrimonio sacramental no es nulo el adulterio es patente.

Entonces ¿por qué en vez de atacar de forma feroz e intelectualmente violenta uno de los siete pilares fundamentales de nuestra fe y doctrina que son los Sacramentos, no se instituye un proceso simplificado y breve de la nulidad matrimonial canónica? Esto si es algo que el Santo Padre y la Jerarquía si puede realizar.

¿Cuantos procesos se encuentran paralizados por años sin término en mesas diocesanas? ¿Cuantos católicos no acuden al proceso por entenderlo complicado, largo y económicamente gravoso?

Quisiera conocer los datos reales de los católicos que no pueden comulgar por causa de estar casados y conviviendo con otra pareja (se supone que tales católicos, siendo católicos continúan en el seno comprometido de la iglesia). Quiero saber cuantos de ellos realmente han iniciado el proceso de nulidad matrimonial, y cuantos de ellos han recibido sentencia desfavorable de los tribunales rotales dejándoles en una situación realmente comprometida.

Este es el verdadero problema Srs. Dejémonos de tirar piedras sobre nuestra Madre, que ya bastantes le llueven de fuera.

Reivindiquemos lo que es reivindicable. ¿Por qué en el proceso de nulidad no puede bastar con el informe del párroco (primer conocedor de la realidad conyugal de los interesados) y un breve proceso diocesano censurado directamente por el obispo (presentándose las garantías oportunas al interesado que quisiera oponerse en un recurso a tribunal superior). ¿Por qué, dadas las circunstancias a las que nos enfrentamos, no se puede establecer un decreto de nulidad sin oposición en el plazo máximo de tres meses, proceso sin gravosas tasas y complicados letrados?

Y haciendo eso que podemos hacer, respetamos la doctrina que nos ha sido trasmitida. Porque nuestra tarea es esa: continuar siendo católicos y conservar a nuestra Madre como la que es, Una, Santa, Católica y Apostólica; y no como la que a muchos le gustaría que fuera Diversa, Avenida, Protestante y Moderna.