DE ESPAÑA Y LOS ESPAÑOLES

Para hablar de España y los españoles debemos primero establecer el presupuesto del que partimos a la hora de realizar el análisis que nos proponemos.

Luis María de Sandoval nos presenta la raíz de donde debe partir toda reflexión que involucre al hombre o a cualquier dimensión que desde éste se proyecta: ¿Qué se afirma del Hombre?

No podemos sino reconocer en el Hombre esa trascendencia de la que él mismo se siente portador: amor, honor, fidelidad, amistad, lealtad, honradez; son todas virtudes que capacitan al Hombre a reconocerse como trascendental. La virtud no se genera de la carne, no es química ni física que pueda formularse matemáticamente.

Y en esta trascendencia en la que el Hombre no puede sino reconocer que no se hace a sí mismo, que su vida y existencia le vienen dadas,  el hombre desde su propia razón encuentra la existencia del Otro en el que el Universo se manifiesta.

Es cada uno de los miembros de la familia humana portador de valores eternos, portador de un destino eterno que se confina aquí y ahora en lo universal. Es la unión histórica de estos valores la que configura la unidad de destino en lo universal que es nuestra patria y nación España.

España, predilecta del reinado de Cristo. Españoles, especiales testigos de la fe y defensores históricos de la catolicidad de la única Iglesia de Cristo.

Y de estas realidades, que pueden ser sujetas con sus peculiaridades y circunstancias a cualquier nación  y a cualquier nacional del mundo y de la historia, brota la consideración de la trascendente dignidad del ser humano. Dignidad a la que el mismo Dios hecho hombre en Jesucristo sale al encuentro para elevarla, divinizarla, a la categoría inimaginable de hijos de Dios, pues lo somos; de patria y nación de Dios, España, que lo es.

Españoles que olvidando lo que somos hemos olvidado hasta la verdad de nuestra religión. Católicos que avenidos al mundo, a la carne y quizás, en algunos casos, al demonio también, hemos olvidado que Dios una Patria nos ha dado y Cristo y la Virgen la han bendecido.

Cantaba Vázquez de Mella las grandezas de España y de los españoles y así rezaba: “Cristiano y español, con fe y sin miedo, canto mi religión, mi patria canto”

 

Y como insigne figura, Juan Vázquez de Mella definía así a nuestra patria y nación: “España es como un tronco, y en ese tronco la savia no ha muerto todavía; todavía cabe pedir que no se convierta en uno de esos palos largos y secos que se levantan en la llanura demandando una centella o el hacha de un leñador, sino que con savia nueva, que ahora va naciendo en todas las regiones, se levante otra vez y rejuvenezca el tronco para que extienda su copa, para que allí, el altar del sacerdote, la lira del poeta, la espada del guerrero, las herramientas de los trabajadores y la esteva del labrador, todo se cobije el día en que la tormenta sacuda los cimientos de Europa.”

Divina profecía un día ya cumplida, y que quiera Dios se vuelva a cumplir.

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