Sobre el Reinado de Cristo.

Establece el Magisterio de la Iglesia que “toca a nuestra autoridad [magisterial] decir públicamente que es lo que de cada uno exige la verdad católica en este género de deber [derechos y deberes en los príncipes y en los pueblos], de donde surgirá también el modo y la manera con que, en tan deplorable estado de cosas, haya de atenderse a la salud pública.(Leon XIII, Diuturum 3).

Desde ahí deseamos partir a la hora de regenerar un modelo político y social, iluminado por el Evangelio, el Magisterio y la Tradición de nuestra Santa Madre Iglesia, que se oponga y se presente como alternativa cristiana a este deplorable, perverso y criminal Estado Liberal.

Decía el mismo León XIII que “en los preceptos y ejemplos de Cristo Señor Nuestro hay una fuerza admirable para contener en su deber, tanto a los que obedecen como a los que mandan, y conservar entre los mismos aquella unión y como concierto de voluntades, que es muy conforme con la naturaleza.”

Esta es la luz que deseamos para nuestra patria y gobierno; esta es la fuerza del Reinado de Cristo que debe sostener e impulsar el Estado Social Catolicista que buscamos; esta es la realidad, otra hora confesional, que hoy proponemos como Estado de inspiración católica.

Y es que sin Cristo no hay vida, no hay patria, no es España ni son españoles los que miran al futuro en busca de una esperanza. Es Cristo el que debe reinar, y no como mero titular o devoción confesional, sino reinar en un reinado verdadero y práctico iluminando cada una de las instituciones, leyes, relaciones y obligaciones y deberes de cada uno de los miembros de esta nuestra España que siempre los hijos de la oscuridad han deseado desbaratar.

Partimos del hombre. No puede el hombre acometer actividad ni empresa alguna sino partiendo de su propia proyección. Partimos del hombre como individuo, pero nosotros cristiano, partimos del hombre en Cristo en quien contemplamos la plena perfección, y ello nos comporta un sin número de ventajas.

Acabemos este inserto a modo de introducción con las palabras de aquel máximo político e idealista donde los hubo en aquel ya pasado siglo XX, católico entre católicos, español entre españoles:

“Teniendo encima cada uno de nosotros, y todos nosotros, la congoja apremiante de España.  Queremos menos palabrería liberal y más respeto a la libertad profunda del hombre. Porque sólo se respeta la libertad del hombre cuando se le estima, como nosotros le estimamos, portadores de valores eternos; cuando se le estima envoltura corporal de un alma, que es capaz de condenarse y salvarse.”

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