¿Qué está pasando en la Iglesia?

Desde pequeño, la doctrina católica que, mis padres y mayores, mis profesores y catequistas, me enseñaron fue siempre clara y estable. La fe de mis mayores, la fe en la que fui bautizado, me sirvió para desarrollar un modelo de valores acordes con el Evangelio y fundamentados en la tradición y el depósito apostólico  de la fe que inalterablemente la Iglesia ha ido trasmitiendo de generación en generación, y que nadie jamás se atrevió a mancillar salvo aquellos que fueron declarados herejes y apartados de la Iglesia.

Hoy, los católicos tradicionales contemplamos impertérritos como saquella doctrina, que siempre sostuvo la Santa Iglesia Católica, hoy se retuerce y cuestiona, se abandona el depósito de la fe y se relativizan los dogmas. se castiga a los católicos ejemplares, se les persigue y aparta de responsabilidades, mientras que a aquellos que se avienen a las tesis modernistas se les ofrece el aplauso y el protagonismo clerical.

Los herejes excomulgados, son restituidos a la comunión con la Iglesia, y si eso pareciera poco, se les considera como testigos del evangelio. Me pregunto si sus herejías son hoy consideradas aportes dogmáticos, y si los dogmas contra los que se pronunciaron han perdido hoy valides.

El liberalismo y el progresismo, hijos naturales del modernismo más profundo, todos ellos condenados taxativamente por el Magisterio de la Iglesia, han sido los padres de los criterios y valores relativistas que la moderna pastoral católica ha asumido y defiende.

Hoy parece que en base al valor evangélico de la “misericordia” todo debe ser asumido y aceptado. A pesar que el concepto de la “misericordia” católica subyace claramente bajo el desarrollo de las obras de misericordia, que sí son verdaderos valores de vida evangélica y cristiana. Bajo la tesis de la “misericordia modernista” hoy se perdona al pecador no arrepentido, se acepta la imposición de la perversión moral, se besan los pies de ateos, paganos y fieles de otras ideologías y pseudorreligiones contrarias y perseguidoras del cristianismo.

No logro encontrar episodio alguno en los Evangelios y en el resto de libros del Nuevo Testamento que pueda justificar tanta perversión doctrinal y pastoral como la que hoy está padeciendo la Iglesia. Si Lutero tuvo que arrancar unas pocas páginas de los Santos Evangelios y eliminar unas pocas cartas apostólicas, para concordar su herejía a la amputada “Biblia Protestante”, hoy debería ser reescrito todo el Nuevo Testamento, y gran parte del Antiguo, para poder asumir las tesis modernistas que desde lo más alto de la Iglesia se están imponiendo al Pueblo Santo de Dios.

piox