Feminismo Católico!

El mayor enemigo del catolicismo, hoy, es la ignorancia. La falta de formación, en medio de la sociedad de la desinformación, invita al católico a creer lo que no puede creer, opinar de lo que no debe opinar, y a participar en los pecados estructurales contra los que debe luchar.

El feminismo de hoy atenta contra la verdadera feminidad de la mujer, contra su identidad más profunda y contra su dignidad que participa, al igual que la del hombre, de la imagen divina de Dios.

El feminismo católico es la reivindicación auténtica de la mujer. Es pedir a la mujer que sea mujer, no hay otro humano que pueda alcanzar mayor dignidad que la propia de la mujer, llamada a participar tan profundamente del misterio de la Creación.

Decía Pablo VI en un discurso dirigido al Centro Italiano Femenino en 1976 que:

“La misma imagen y semejanza de Dios que le asemeja e iguala al hombre, se realiza en la mujer de una manera peculiar que la diferencia del hombre, por otra parte no más de los que se diferencia el hombre de la mujer: No en dignidad de naturaleza, sino en diversidad de funciones. Es necesario precaverse contra la engañosa forma de desvalorización de la condición femenina, en la que es posible incurrir hoy, intentando desconocer los rasgos diversificantes inscritos por naturaleza en cada uno de los seres humanos. Pertenece, sin embargo, al orden de la creación, que la mujer se realice a sí misma como mujer, no ciertamente en competición de mutua prepotencia en relación con el hombre, sino en armoniosa y fecunda integración, basada en el reconocimiento respetuoso de las propias funciones de cada uno. Es, por tanto, sumamente deseable que en los distintos campos de la vida social en los que está inserta, la mujer ponga ese sello inconfundiblemente humano de sensibilidad y cuidado, que le es propio”.