¡GLORIAS DE DIOS!

¿Quién se empeña en romper con la más sana tradición católica que a tantas almas a llevado al Cielo? ¿Quién pretende acabar con las glorias, profundamente enraizadas en la fe, que no son otras que las glorias de Dios que se han resuelto en la Gran Historia de España.

Tenemos, y ya es una gran victoria del liberalismo y del oscuro señor a quien sirve, una generación completamente atrofiada, ignorante de sus raíces e identidad, generación amputada de su historia a la que se le ha convencido que sin Dios y sin pasado es posible alcanzar la felicidad. ¡Y vamos camino de dos!

¿Quién conociendo la historia de nuestra patria no se honrase de llamarse español? Y es que no hay otra historia como la de España, tan grande y tal llena de glorias, que no son otras, repito que glorias de Dios.

Tran grande es la Historia de la Hispanidad entera que de Mella exclamaba: “Esa epopeya fue tan grande, que sólo podían cantarla el Cielo y el Infierno; el Cielo, para premiarla con un mundo; y el infierno, con un rugido de impotencia que, aun estando decadentes, todavía la persigue como si temiera que volviéramos a ser grandes.”

Como español no entiendo a Dios y a la Iglesia sin España, y no puedo entender a España sin Dios y la Iglesia. Aquél el Creador que todo nos ha dado, nos ha regalado la mayor de las naciones, la mayor de las historias, el mayor de los orgullos que un humano puede sentir después de reconocerse hijo de Dios. Esta España que a brillado en medio de la tiniebla del mundo como faro precursor de la recta fe y la grandeza de la Iglesia. Ambos, como padre y madre, en los que se afianza toda mi dignidad y aprecio.

Unos pueden conservar Gibraltar, otros nos quedamos en el sitio de Cartagena de Indias, para mejor honrar a nuestros muertos.

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