El Esplendor de la Verdad!

Hay una Verdad y es irrenunciable. No podemos actuar como si las propuestas que parten y se configuran desde  la Verdad tengan en realidad no otro valor que el de meras opiniones. Cuando partimos de la Verdad, ésta nos compromete, nuestras vidas quedan impregnadas de ella, y el valor sobrenatural que nos aporta nos capacita a entregar nuestra vida por ella. Deseamos que todos participen de la Verdad, única Verdad, no por mero proselitismo, sino por propia exigencia de la misma Verdad que llama y obliga a todos.

Bueno sí, dirán algunos, pero, ¿cómo discernir la verdad de la opinión, de las medias verdades e incluso de la mentira.? La asistencia del Espíritu de la Verdad nos garantiza el correcto proceder en defensa de la misma. Recuerda el Magisterio de la Iglesia en la encíclica “Veritatis Splendor” de San Juan Pablo II que “hay unas exigencias morales dentro del ámbito de la sexualidad humana, de la familia, de la vida social y política, cuya enseñanza podemos encontrar dentro de la Tradición de la Iglesia.”

juan pablo

También recordaba el Santo Padre, de feliz memoria, que como cristianos estamos llamados a “llevar en adelante una vida digna del Evangelio de Cristo”, teniendo como “texto de referencia seguro y auténtico para la enseñanza de la Doctrina de la Iglesia” el Catecismo.

Sin embargo, en medio de la vorágine moral en las que nuestras sociedades se hayan inmersas, nosotros católicos, lejos de estructurar una respuesta cívica y social conforme a la Doctrina de la que es nuestra Madre, o nos embelesados con bonitos mensajes y sentimentalismos  justificadores, o nos obcecamos en la crítica ajena sin límite de altura. Y yo me preguntó: ¿quienes son los que ante la riqueza y profundidad que nos ofrece la Doctrina fielmente expuesta en el Magisterio Pontificio, en el que poco cabe añadir ya que no sea repetir lo ya establecido, no se comprometen activamente en acciones de transformación social y pública, sal que debe salar? ¿Quienes son los que frente a las advertencias de obispos, deciden continuar dando directamente su voto a aquellas opciones de gobierno que aprueban leyes abortistas, atacan la familia, imponen ideologías perversas y persiguen mås o menos abiertamente a los católicos?

La responsabilidad es nuestra, de cada uno de nosotros.¿Que pensáis declarar en vuestra defensa en el juicio particular?: ¡yo no sabía!; ¡es que alguien dijo! ¡creía que!. ¿Acaso podemos pensar,  ni por un momento, que nuestras pusilánimes justificaciones nos librarán del fuego que merecemos por nuestra avenencia con el mal y la perversión? ¡Quien no esta conmigo, está contra Mí!; es el mismo Jesucristo el que nos advierte. Y el que no obra, pudiendo obrar bien, provoca ya un gran mal. A nuestra realidad social me remito.

Ante la Verdad ya declarada no hay excusas. Y el que dude, que repase la paråbola del rico Epulón.