Cozarín y Betsaida!!!

Vanidad de vanidades, sin Dios todo es vanidad, nada nuevo hay bajo el sol.

Sin embargo, la conciencia de sabernos trascendentales no sólamente nos aporta una profunda esperanza sino que además nos proyecta a una patria donde en verdad y plenitud se alcanzará toda justicia, a través del camino de la Divina Misericordia, sí, pero toda justicia.

Piensa el malvado que Dios no existe, que su pecado quedará siempre escondido, que no tendrá que pagar jamás por sus culpas.

Frente a esta enorme inconsciencia e irresponsabilidad, Jesús nos presenta la parábola del rico Epulón.

Nuestra fe y esperanza deben dotarnos de una enorme y severa responsabilidad frente al pecado en el que nos hayamos inmersos y las almas que pudieran salvarse y se pierden por tantas y tantas limitaciones que consciente o inconscientemente nos imponemos.

Ay de tí, Cozarín, Ay de tí, Betsaida! advertía el Señor.  Sodoma y Gomorra se levantarán el día del juicio y declararán contra ellas. ¿Entonces? Podemos imaginar los crímenes de Sodoma y Gomorra, ¿hay alguno de los que hoy como sociedad nos veamos libres? Recordamos los milagros de Jesús en Galilea, ¿acaso no son mucho mayores y abundantes los que se dan en todo lugar y tiempo en nuestra Iglesía?

¡Quizás la paciencia de Dios se ve sostenida por aquellos que en Sodoma no llegaban a diez!

Urge oponerse al mal. Urge tomar conciencia de que no hacer el bien es un mal en sí mismo, que no oponerse a mal es participar en él. Urge un modelo esperanzador y renovado que a la luz del Evangelio y de la Doctrina fielmente trasmitida por la Iglesia ofrezca a las nuevas generaciones un modelo de convivencia que, opuesto a la depravación que hoy se nos impone, tenga como metas la justicia y la paz sólo alcanzables bajo el divino espíritu de la verdad.