A todos los cristianos que viven “ricamente”: ¡ estamos en guerra!

Mañana comienza la Escuela de Verano organizada por Unión Católica http://blog.unioncatolica.com/?page_id=456 . Cuenta con ponentes de los de sin pelos en la lengua, entre los que además de los locales voy a destacar a Luis María Sandoval, historiador y Presidente de la Escuela Española de Estudios Políticos. Todavía quedan unas pocas plazas disponibles. El mundo islámico está en pie de guerra, armados y pertrechados, y muchos otros grupos de presión, lobbies, luchando por sus “derechos”. Nosotros solemos decir “que Dios nos coja confesados”, y sí, confesados pero no sentados, dormidos y atolondrados. Los animo a todos a que se incriban pues realmente es de lo que merece la pena, es justo y necesario.

A todos los bautizados y confirmados: ” ¿ no sabeis que sois templo de Dios y que el Espíritu Santo habita en vosotros?”, repite San Pablo con frecuencia ( I Cor 3,16). Un día de Pentecostés, Pío XI iluminado por el Espíritu Santo, concibió la Acción Católica. Pensaba en una movilización universal del laicado prolongando la jerarquía. Alguien entonces dijo: “qué gran general si tuviese soldados”. El decreto Apostolicam actuositatem del Concilio Vaticano II exige de los laicos “un apostolado más amplio y mucho más intenso”.

El Papa Francisco ha dicho recientemente que estamos en la 3ª guerra mundial ( http://m.euronews.com/es/307487/ ). En muchos países nuestros hermanos cristianos se encientran ante este dilema: apostasía o martirio. En occidente la mayoría ha apostatado directamente, y en general sin darse ni cuenta. Yo no sé si es la tercera, la sexta o la última, pero ciertamente ¡estamos en guerra!

http://foro.unioncatolica.com/viewtopic.php?f=7&t=33

 

 

Clamar con voz profetica!

Católicos comprometidos,  con Cristo y la Iglesia.  Esa es la voz que escuchamos que se alza como una necesidad imperiosa,  en medio de las tinieblas del mundo,  combatiendo la reductora inmoralidad de la carne, oponiéndonos al principado del demonio sobre este mundo.

Que nuestra voz se alce como clamor profético y esperanza para las generaciones venideras.

Cristo venció esta guerra.  A nosotros nos corresponde librar la última batalla,  hasta que todos sus enemigos sean puestos como estrado a sus pies.