POLÍTICAMENTE CORRECTO

Esta expresión se comenzó a emplear los años 90 para ridiculizar la actitud de adaptación conformista al espíritu de los tiempos. No se trata sólo de una serie de eufemismos, sino que señala un alineamiento ideológico normativo mundial posmoderno ( pensée unique dirán los franceses)… y “post-todo”. La idea va más allá, hasta el punto de modificar conceptos y de poner en duda la propia realidad.

– Valores al alza ( comprar): igualdad, neutralidad, derechos ( sobre todo sexuales y reproductivos), calidad de vida ( “vivir la vida”), solidaridad, tolerancia… Y muchos más ( www.dialoguedynamics.com )
– A la baja ( vender): familia ( tradicional), tradición, maternidad, hijos, sacrificio, complementariedad, caridad, autoridad, apertura a la trascendencia… Estos valores apestan a fundamentalismo, oscurantismo, discriminación y otros estereotipos que hay que “deconstruir”.

Hay que reconocer que al menos en parte es una reacción contra ciertos abusos como el autoritarismo, el machismo, la dureza de corazón… Lo cual ha facilitado el que se haya impuesto silenciosamente y sin resistencia. Pero estos nuevos valores no han sido paridos por el pueblo, sino por grupos de presión ( lobbies, expresión inglesa del siglo XVIII, acosaban en el “vestíbulo” a los parlamentarios para presionarlos en su propio beneficio) “iluminados”, con sus propios intereses, que están guiando a la humanidad hacia una “nueva era” que por supuesto será mucho mejor. No me quiero poner irónico, pervasiva tendencia mía en la que aflora toda mi impotencia. El tema es demasiado serio, tan serio como la propia vida. Como suelo decir el problema no es morir, sino el no llegar a vivir. Y vivir no es tener mucho de todo: muchos viajes, muchos amores, muchos móviles, mucha velocidad… De hecho eso no son más que las prisas de quien siente que ya se muere; de los que son muertos en vida en busca de últimos placeres.

El lenguaje PC ya no sólo lo hablan los expertos sino también los niños, que lo aprenden en la escuela y en la tele y en todos los lugares del mundo. De la izquierda a la derecha, de oriente a occidente, todo el mundo lo comparte. Con esta nueva justicia distributiva ya no es “a cada uno lo suyo” ( suum cuique), sino lo igual para los diferentes ( mismo salario a menor esfuerzo, por ejemplo) o “discriminación positiva” ( mayor recompensa por pertenecer a un grupo de riesgo, sin atender a las condiciones individuales ni a las necesidades generales), dividiendo el mundo en abusadores y abusados, buenos y malos, obreros y empresarios, modernos y anticuados prejuzgados de antemano.

No quiero dramatizar ni presumir de “correcto” pero, por favor, estemos atentos, no nos dejemos contagiar por estos virus tan funestos sin presentar resistencia. Sabemos que el mundo está muy mal pero eso no lo justifica todo. Detrás de tanta tolerancia se puede ocultar la peor de las intransigencias y totalitarismos; hay virus que penetran muy facilmente, que no despiertan las defensas, y que sin embargo acaban con el organismo en menos de un periquete. Vampiriza aspiraciones universales de la humanidad: como la promoción de la mujer, la autodeterminación de los pueblos, un mayor respeto por el medio ambiente… pero impulsado por esta poderosa dinámica nos lleva a abandonar insensiblemente otros valores y nos encuadra en proyectos cuyos objetivos son definidos por otros y de los que es difícil salir. El mayor peligro es el de atraparnos en una perspectiva puramente inmanente, despojada de trascendencia, en la cual queda carentde sentido cualquier tipo de valor y realización.

Tampoco pretendo demonizar, de hecho debemos estar atentos también a las oportunidades que a mar revuelto presenta el mundo para nuestro barco, el arca de salvación de la humanidad. El “más allá” no debe ser excusa sino incentivo para el “más acá”. No se trata de ser otro grupo de rebeldes ni de una guerra de palabras, sino de predicar con el ejemplo estando atentos a los acontecimientos. Tenemos ya muchas parejas de hecho y pocos hijos, y pocos que salgan derechos.

La gente no quiere elevar el debate moral, quizá porque requiere algún esfuerzo ( “estoy tan cansado que no quiero ni pensar, que otros piensen por mí, todo está ya decidido”), y tal vez porque ya no le ven sentido. Una vez salidos del sistema formativo, que parece destruir definitivamente las ganas de leerse algún rollo de estos ( ¡ te felicito y doy gracias por llegar aquí!), nos conformamos con las campañas de “sensibilización y concienciación” respecto a la prevención del SIDA por poner un ejemplo, guiados por los “expertos”. Nos basta con rasgarnos las vestiduras cuando ocurre alguna barbarie, sin percatarse de que de aquellos polvos estos lodos. La formación y el compromiso requieren un sacrificio frente al que, para evitar el sufrimiento, la mejor anestesia parece ser la risa: reirse de todo hasta que se caigan los dientes, por lo natural o por accidente… y si no es suficiente un poquito de yoga con yogur desnatado suele sentar bien.

Bien visto todo esto parece la más sutil de las dictaduras diseñadas hasta el momento.
Hay muchas injusticias sociales por las que combatir, pero también estamos muy necesitados de una revalorización de la vida, que actualmente cotiza muy bajo. No me molesta la opinión de que la vida sea un chiste con un final triste, sino que se nos venda como un verdad demostrada y sin posible crítica. A este paso el mundo no acabará en un gemido sino en un unánime silencio, o quizá con una gran a ovación de despedida.

No debemos ver en esto una guerra contra nadie en este mundo, sino lograr discernir lo que son las luchas de poder, aunque sea el poder de la “razón”, los poderes y ambiciones ocultos, los egoísmos escondidos en celofanes magníficos, la desnudez del emperador aunque se presente emperifollado de extraordinarios atuendos. En esta dinámica del poder y la razón nuevamente el amor, el verdadero, después de tantas falsas ilusiones, es el punto de enganche que nos debe rescatar a todos. De nuevo Cristo desnudo, escupido y abandonado, sangrante en una cruz, nos repite el Ecce Homo de la ética insuperable y del “desarrollo sostenible”.

Los ingenieros sociales construyen su nueva Torre de Babel sobre arena y las grietas del edificio son cada vez más flagrantes. Muchos cristianos, malinterpretando la invitación al diálogo, se han dejado seducir por la nueva ética confundiendola con la doctrina social de la Iglesia; consciente o inconscientemente trabajan contra sí mismos cuando no disciernen. Hay mucho trabajo que hacer dentro de la misma Iglesia. Se necesita valor para ir contracorriente.

( Este artículo está basado en el Cap. 15, escrito por Margarite Peeters del libro ¿ Democracia sin religión?: ¡ cómprenlo!, muy aprovechable).