Conquistas y reconquistas!

Titula la revista Vida Nueva un artículo sobre el viaje del Papa a Hispano-América “El Papa de los pobres reconquista Bolivia y Paraguay”. Es cierto que es necesaria la reconquista de las Américas frente al implacable avance de las iglesias protestantes y las sectas evangélicas. Es cierto que es necesaria la reconquista de Europa, y cuanto más la “rereconquista” de España, frente a la inexorable expansión e invasión del Islam en medio de un imperante ambiente anticristiano.

Pero yo creía que el término conquista y reconquista parecía traer matices peyorativos y debían ser deshechados. De hecho se ha pedido perdón por la “conquista” y por intentos de reconquista, quizás deberemos pedir perdón también por la reconquista que se nos propone.

Quizás el matiz, siempre político, de la revista Vida Nueva desea presentar en este titular esa inclinación, que manifiestan sin disimulo, hacia las ideologías de izquierdas, especialmente hacia el comunismo y el socialismo, tan radicalmente contrarios al Evangelio.

La Iglesia, siempre ha sido la Iglesia de los pobres, incluso cuando las más oscuras tempestades se han cernido sobre ella. Personalmente sigo ansioso y espero esa plasmación práctica de cuanto predicamos en favor de los menos favorecidos, de los más sufrientes; que no quede todo en retórica, o que se reconozca la realidad de los hechos. Porque a veces da la sensación que queremos mostrar a una Iglesia que habiendo desatendido las necesidades de los pobres y marginados del mundo, ahora y solo ahora se da cuenta de esa realidad y se pone en marcha tras ella.

A mi particularmente me gustaría que las palabras y los gestos se convirtieran en obras y acciones específicas, porque un viaje a América le cuesta lo mismo a Juan Pablo II, a Benedicto XVI y a Francisco I, y no es poco. Porque, como tantas veces ya ha insistido el Santo Padre Francisco, él no hace más que repetir lo que ya está establecido en el Magisterio firmemente arraigado en la Tradición de la Iglesia, y bajo esa luz hay que interpretar sus palabras.

Quisiera, personalemente, que las cáritas volvieran a ser el centro de todas y cada una de las parroquias, dirigidas por la mano de Cristo en las personas de sus sacerdotes; quisiera que en cada parroquia, movimiento e institución eclesial los pobres, las misiones, y la justicia social ocuparan el centro de la atención de cada una de las acciones que desde la oración deben ser emprendidas; quisiera que cada gasto que no se dedicara al culto se midiera determinadamente bajo los parámetros de la justicia y la caridad antes de pintar los que quizás puede ser no pintado, imprimir lo que ya tantas veces se ha imprimido, viajar a donde un día ya viajaremos y tantas cosas superfluas que a todos, a mi el primero nos sobran.

Dice Dario Menor, autor del artículo, que el Papa trato los problemas de la región en dos eventos de fuerte contenido político. Claro, ¿cómo hablar de Cristo y no hablar de la injusticia política de nuestras naciones? Pero si hablamos de política a la luz del Magisterio no podemos sino recordar que tanto el comunismo, como el socialismo, como el nihilismo, como el capitalismo, como el liberalismo, son ideologías contundentemente condenadas por la Iglesia como nefandos errores de trágicas consecuencias para la humanidad.

El día de los Santos Inocentes de 1878 el Papa León XIII, Papa como tantos de los pobres, enfermos y necesitados advertía:

“La Iglesia no olvida la causa de los pobres, ni sucede que la piadosa Madre descuide el proveer a las necesidades de éstos, sino que, por lo contrario, los estrecha en su seno con maternal afecto, y, teniendo en cuenta que representan la persona de Cristo, el cual recibe como hecho a sí mismo el beneficio hecho por cualquiera al último de los pobres, les honra grandemente y les alivia por todos los medios, levanta por todas partes casas y hospicios, donde son recogidos, alimentados y cuidados; asilos que toma bajo su tutela.

Obliga a los ricos con el grave precepto de que den lo superfluo a los pobres, y les amenaza con el juicio divino, que les condenará a eterno suplicio, si no alivian las necesidades de los indigentes. En fin, eleva y consuela el espíritu de los pobres, ora proponiéndoles el ejemplo de Jesucristo, que, siendo rico, se hizo pobre por nosotros, ora recordándoles las palabras con que les declaró bienaventurados, prometiéndoles la eterna felicidad.

¿Quién no ve que aquí está el mejor medio de arreglar el antiguo conflicto surgido entre los pobres y los ricos? Porque, como lo demuestra la evidencia de las cosas y de los hechos, si este medio es desconocido o relegado, sucede forzosamente, que, o se verá reducida la mayor parte del género humano a la vil condición de esclavos, como en otro tiempo sucedió entre los paganos, o la sociedad humana se verá envuelta por continuas agitaciones, devorada por rapiñas y asesinatos, como deploramos haber acontecido en tiempos muy cercanos”.