CRUDA GUERRA CONTRA LA FE CATÓLICA!

Cuanto más descubro la maravillosa riqueza de la Doctrina de la Iglesia más me doy cuenta de cuán pobres somos y en que profunda ignorancia vivimos.

Hoy he podido comprobar en 10 minutos de debate tertuliano en 13 Tv como uno de los participantes habituales, dåndoselas de orgulloso liberal, deseaba la pronta recuperación y vuelta al protagonismo electoral que, dice, le corresponde al PSOE  en Cataluña. Mientras, otro de los participantes, del periódico La Razón, no se si su director, se despachaba a gusto entre alguna blasfemia que tanto duele al católico que reconoce en la Inmaculada Hostia la presencia sacratísima de nuestro Señor Jesucristo.

Entre liberales y socialistas anda la opción “teuvetrecera” parece. Yo no se a que clase de pacto neoliberal-progresista puede deberse tal violación y desprecio de la Doctrina Social y Política de la Iglesia para abogar por la configuración del Estado Liberal bipartidista.

Hace ya casi ciento treinta  y cinco años que León XIII, en aquella encíclica promulgada el día de los Santos Inocentes, condenaba como errores el socialismo, el comunismo, y el nihilismo: “Quod Apostolici Muneri” se tituló. En ella el Santo Padre de feliz memoria se despachaba con tales ideologías en los siguientes términos:

– La mortal pestilencia que serpentea por las más íntimas entrañas de la sociedad humana y la conduce al peligro extremo de ruina.

– Aquella secta de hombres que, bajo diversos y casi bårbaros nombres de socialistas, comunistas y nihilistas, mancillando la carne, desprecian la dominación y blasfeman de la majestad.

– Nada dejan intacto o integró de lo que por las leyes humanas o divinas estå sabiamente determinado para la seguridad y decoro de la vida.

– Deshonran la unión natural del hombre y la mujer, que aún las naciones bårbaras respetan; y debilitan y hasta entregan a la liviandad este vínculo con el cual se mantiene principalmente la sociedad doméstica.

– Pueblo sedicioso, que sacrílegos traidores, impacientes de todo freno, entregados al olvido los premios y penas de la vida futura y eterna, el ansia ardiente de felicidad queda limitada al tiempo de la vida presente.

– Cruda guerra que se abrió contra la fe católica ya desde el siglo décimosexto por los Novadores, y que ha venido creciendo hasta el presente.