MÍSTICAS MILICIAS CRISTIANAS

Un análisis sistemático de las razones que han llevado a nuestra sociedad hispana a la inversión de los valores fundamentales cristianos, a la erradicación de la ley natural como referente primero de todo sistema social de convivencia, a la anatemización de la Iglesia Católica, no puede quedar reducido a la identificación de las fuerzas sensibles que trabajan con ocultos objetivos y que primariamente luchan contra Cristo y su Iglesia.

Podemos hablar de la ignorancia imperante, de la manipulación mediática de la verdad y de la misma historia. Podemos analizar los intereses económicos que mueven las fuerzas liberales en contra de una digna moral bien estructurada. Podemos descubrir aquellas fuerzas estructuradas en las diferentes masonerías que en su organizada y planificada guerra contra la Iglesia, proyecta y máquina sin escrúpulos en favor de aquel señor de la luz oscura y tenebrosa, gran arquitecto del universo dicen, al que adoran, que no es otro que Lucifer.

Pero si en medio de nuestro combate, si en el fragor de la batalla no conseguimos descubrir que no son sólo las fuerzas de este mundo las que se oponen en nuestra lucha, sino que un descomunal ejército, principados, dominaciones y potestades, tal como identifica San Pablo, despliega toda su fuerza espiritual y sobrenatural contra nosotros, estamos perdidos.

Y esas fuerzas que emponzoñan el alma de los buenos y animan y fortalecen las oscuras almas de los enemigos de Cristo, son fuerzas incomparablemente más poderosas y peligrosas que cualquier fuerza sensible de este mundo.

Si lo que pretendemos es la salvación de las almas, en las que no sólo se encuentran las propias y las cercanas, sino todas aquellas venideras y aún por concebir, no podemos olvidar e ignorar la mayor potencia bélica con la que todas las almas se deben de enfrentar en el trascurso de esta “La Más Grande de las Batallas”.

Si la guerra esta ganada, ya que la ganó Cristo de una vez para siempre, no podemos sino que reconocernos soldados perdedores de batallas en una guerra en la que, habiendo sido ya ganada, su Victoria es continuamente celebrada. Esta es la profunda verdad de nuestro combate. Combate entre el bien y el mal. Mal que habiendo sido derrotado no se allana y pretende los mayores estragos posibles hasta el día que llegue su total extinción.

Bien sabemos que en la batalla en que participamos el enemigo no nos da respiro. Nuestra misión no es otra que la de procurar el mayor número de salvos. Salvación de almas presentes y venideras. Por ello no podemos sino que tratar de defender la verdad y que nuestro testimonio sea referencia, faro de luz, para aquellos que frente a la tiniebla  perversa que ya nos rodea en todos los frentes, quieran reorganizarse y lanzarse un día a romper las líneas del enemigo.

Procuraremos así un tratado, un manual del soldado de cristo, un compendio místico, social, político y religioso que configure aquel faro de luz en el que, principalmente, los laicos católicos embuídos en la vida social y pública de nuestra patria terrena, puedan encontrar la guía que, como místicos milicianos católicos, les conduzca a través de las tinieblas presentes y futuras.

Reconocer desde el primer atisbo de conciencia, que si bien los poderes demoniacos rebasan en potencia, fuerza y envergadura a cualquier poder terreno, contamos con la asistencia, también mística y espiritual, de aquellos cuyo poder y fuerza sobrepasa cuasi infinitamente al de los demonios y espíritus malignos que despliegan la tiniebla espiritual entre nosotros: son los ángeles, de cuya naturaleza, en un tiempo pasado, también nuestros preternaturales enemigos participaron. Así, debemos recordar que la ayuda y asistencia de los ángeles, el de la guarda personal de cada combatiente, el de cada una de nuestras patrias, el Ángel de España, el Ángel de la Hispanidad, el de cada familia e institución avocada al bien superará en fuerza y envergadura, con creces, la acción de los enemigos del Espíritu.

Solemos dar, teológicamente hablando, mayor importancia a la acción de los demonios que a la de los Ángeles Guardianes, cuando realmente aquéllos tienen sus capacidades mermadas y atrofiadas, muchas inhabilitadas, en comparación con las capacidades de éstos nuestros guardianes que mantienen la plenitud de su naturaleza angelical. Es por ello, que nuestra primera referencia y consejo para el místico soldado de la cruz sea éste: “Descubre, conoce, intíma con tu Ángel de la Guarda y con aquellos Ángeles que tienen por misión la salvaguarda de tu patria, de tu ciudad, de tu familia. Hazlos presentes en todo momento, ellos están permanentemente junto a tí. Habla con tu Ángel de la guarda, ora con él, camina, trabaja, estudia con él, y en la hora del combate siéntelo a tu lado y ruegale que ponga al servicio de tú empresa el divino poder que le asiste. Cuando en medio de la batalla acudas en auxilio de un hermano, haz presente a su Ángel de la Guarda, ruega al tuyo que aune sus fuerzas a las suyas en beneficio de tu hermano. Jamás dejes de darle gracias por su empeño en protegerte y unete a él en su perpetua glorificación del Altísimo.”