Mirar el Sagrado Corazón de Jesús!

No es fácil tomar conciencia de la realidad global y seguir adelante. Nadie dijo que lo fuera a ser.

Nuevo Orden Mundial, centros legales de exterminio humano, inversión de los valores morales, pobreza extrema mayoritaria e ignorada, intimidación violenta del Islam, ideología de género,  amenaza política de la extrema izquierda, etc. Todo ello bañado en la mayor indiferencia, incluso de los buenos católicos; indiferencia, apatía, tristeza, miedo, pusilanimidad, con un buen aderezo de milenarismo y un poco de franciscanismo a la carta.

Y mientras el mundo, el mundo real, sufre, agoniza, se espanta y angustiado desespera. Y mientras nosotros ni tenemos tiempo, ni ganas, ni voluntad de mover un dedo, ni poner un duro para que nada cambie. Que todo parece bien, aceptable, mientras no sea la cabeza de mi niña la que vea rodar ante mis pies, mientras no sean mis hijos a los que se les infecte el vientre de tan extrema hambre, mientras no sean nuestras mujeres las violadas o nuestras Iglesias las quemadas, e incluso entonces, tan sólo lloraremos y nos lamentaremos de que no hicimos nada por evitarlo cuando pudimos hacerlo.

Es una situación para caer en un profundo desánimo. El demonio del desånimo anda gordo y jactancioso hoy por todos los lados. Es una situación para quedarnos sumidos en una profunda tristeza y depresión.

Pero todo ello no puede con nuestro ánimo. Pertenecemos a Cristo y en el confiamos. Él es el Señor de la Historia, y más allå de las oscuras y devastadoras tormentas luce el sol de la Vida a la que hemos sido llamados.

Es la mística de la Cruz. Es la mística del Sagrado Corazón de Jesús. ¿Quieres acompañarlo por un momento en aquella noche de Getsemaní? Mirá en ese momento el Sagrado Corazón de Jesús. Asomate por un instante al Sacratísimo Corazón de Cristo sufriente en Getsemaní. ¡Qué no puedes¡ ¿Qué ten desplomas en llanto al contemplar los primeros cuerpos destrozados fruto del pecado con el que Cristo cargó? ¿Ante las primeras violaciones? No podía ser de otra manera. Sólo Dios podía asumir el pecado del mundo, y al tomar conciencia de ello entró en agonía y sudó sangre.  Y solo el mismo Dios podía cargar con tan profundo, extremo e inconmensurable pecado, para pagar con su propia vida el precio de nuestra salvación. Mirar por un segundo el corazón destrozado de Jesús por la ignominia de unos pocos nos haría morir de espanto tristeza y estupor.

¡Sagrado Corazón de Jesús! ¡En vos confío!

Pero tu y yo seguiremos teniendo mil excusas y justificaciones para no hacer nada de lo que podríamos hacer y de lo que nuestra fe nos exige.