Vanidad de vanidades!

Nada nuevo hay bajo el sol.

Cada día trae sus propias preocupaciones, pero sólo  una es importante.

Hoy no parece que se identifique la importancia de lo espiritual como dimensión antropológica del ser humano.

Vanidad de vanidades, mil millones de historias de la humanidad no son capaces de mover un hilo en el destino de lo universal, del universo que hoy podemos atisbar a observar.

Sólo una cosa es importante, es aquello que acaba con la vanidad, el destino de lo espiritual.

Hace unos días me decían que andaba metido en política, quizás porque me pierde el celo por la salvación de las almas, especialmente la de aquellas a las que debo un aprecio especial. Yo no creó que el celo por las almas sea política, aunque también la política tenga carácter divino.

Si no nos preocupamos por las almas, primero por la nuestra porque un ciego no puede guiar a otro ciego, caemos en los razonamientos relativistas y ultramodernistas que imponen la vanidad como sentido último de la existencia, caemos un modo de vida que realmente responde a un sin sentido trascendental.

Sin espíritu no somos, ni piedra ni nada. Sin espíritu todo es vanidad. Tu y yo no somos, y los malos, los malos de verdad ya han ganado la partida. Sin espíritu el amor es falacia química, un defecto de la evolución.

Pero bien sabemos tú y yo, que nada es vanidad, que Dios ha visitado a su pueblo, y lo ha salvado de la oscura vanidad!