¡Viva Cataluña!

Caemos en la trampa de los enemigos de Cataluña y de España, cuando entramos en la dicotomía de Cataluña o España. Creo que ya he mencionado en algún lugar que lo que esta minoría resentida y soberbia que propugna y pretende imponer la independencia de Cataluña predica no es “Catalunya”, porque “Catalunya” no se entiende sin España.

Quiero parafrasear a aquel político asesinado en Alicante que profesaba de este modo su amor a Cataluña y que representa los profundos sentimientos de la mayoría del pueblo español:

Cuando empleamos el nombre de España enaltecemos una tierra tan noble, tan grande, tan ilustre y tan querida como la tierra de Cataluña. Porque España es más que una forma constitucional; porque España es más que una circunstancia histórica; porque España no puede ser nunca nada que se oponga al conjunto de sus tierras y a cada una de esas tierras.

Se ha de sentir que Cataluña, la tierra de Cataluña, tiene que ser tratada desde ahora y para siempre con un amor, con una consideración, con un entendimiento que no recibió siempre.

Nosotros amamos a Cataluña por Española, y porque amamos a Cataluña, la queremos más española cada vez, como al país vasco, como a Canarias, como a las demás regiones de ésta nuestra España.

Porque España cumplió sus destinos universales cuando estuvieron juntos todos sus pueblos, porque España fue nación hacia fuera, que es como se es de veras nación, cuando los almirantes vascos recorrían los mares del mundo con las naves de Castilla, cuando los catalanes admirables conquistaban el Mediterráneo unidos en naves de Aragón, cuando heroicos canarios resistían el asedio británico arrebatándole al temible su insigne brazo.

Porque nosotros entendemos eso así, queremos que todos los pueblos de España sientan, no ya el patriotismo elemental con que nos tira la tierra, sino el patriotismo de la misión, el patriotismo de lo trascendental, el patriotismo de la gran España.

Aquel que denigra Cataluña comete un crimen contra España, y no es digno de sentarse nunca entre españoles. Todos los que sienten a España, dicen ¡Viva Cataluña! y vivan todas las tierras hermanas en esta admirable misión , indestructible y gloriosa, que nos legaron varios siglos de esfuerzo con el nombre de España, cuya grandeza histórica ha sido lograda con la sangre de tantos catalanes, vascos, valencianos, canarios, gallegos, castellanos, andaluces, manchegos, extremeños, riojanos, astures, leoneses, murcianos, navarros, cántabros, baleares, todos españoles.

El Esplendor de la Verdad!

Hay una Verdad y es irrenunciable. No podemos actuar como si las propuestas que parten y se configuran desde  la Verdad tengan en realidad no otro valor que el de meras opiniones. Cuando partimos de la Verdad, ésta nos compromete, nuestras vidas quedan impregnadas de ella, y el valor sobrenatural que nos aporta nos capacita a entregar nuestra vida por ella. Deseamos que todos participen de la Verdad, única Verdad, no por mero proselitismo, sino por propia exigencia de la misma Verdad que llama y obliga a todos.

Bueno sí, dirán algunos, pero, ¿cómo discernir la verdad de la opinión, de las medias verdades e incluso de la mentira.? La asistencia del Espíritu de la Verdad nos garantiza el correcto proceder en defensa de la misma. Recuerda el Magisterio de la Iglesia en la encíclica “Veritatis Splendor” de San Juan Pablo II que “hay unas exigencias morales dentro del ámbito de la sexualidad humana, de la familia, de la vida social y política, cuya enseñanza podemos encontrar dentro de la Tradición de la Iglesia.”

juan pablo

También recordaba el Santo Padre, de feliz memoria, que como cristianos estamos llamados a “llevar en adelante una vida digna del Evangelio de Cristo”, teniendo como “texto de referencia seguro y auténtico para la enseñanza de la Doctrina de la Iglesia” el Catecismo.

Sin embargo, en medio de la vorágine moral en las que nuestras sociedades se hayan inmersas, nosotros católicos, lejos de estructurar una respuesta cívica y social conforme a la Doctrina de la que es nuestra Madre, o nos embelesados con bonitos mensajes y sentimentalismos  justificadores, o nos obcecamos en la crítica ajena sin límite de altura. Y yo me preguntó: ¿quienes son los que ante la riqueza y profundidad que nos ofrece la Doctrina fielmente expuesta en el Magisterio Pontificio, en el que poco cabe añadir ya que no sea repetir lo ya establecido, no se comprometen activamente en acciones de transformación social y pública, sal que debe salar? ¿Quienes son los que frente a las advertencias de obispos, deciden continuar dando directamente su voto a aquellas opciones de gobierno que aprueban leyes abortistas, atacan la familia, imponen ideologías perversas y persiguen mås o menos abiertamente a los católicos?

La responsabilidad es nuestra, de cada uno de nosotros.¿Que pensáis declarar en vuestra defensa en el juicio particular?: ¡yo no sabía!; ¡es que alguien dijo! ¡creía que!. ¿Acaso podemos pensar,  ni por un momento, que nuestras pusilánimes justificaciones nos librarán del fuego que merecemos por nuestra avenencia con el mal y la perversión? ¡Quien no esta conmigo, está contra Mí!; es el mismo Jesucristo el que nos advierte. Y el que no obra, pudiendo obrar bien, provoca ya un gran mal. A nuestra realidad social me remito.

Ante la Verdad ya declarada no hay excusas. Y el que dude, que repase la paråbola del rico Epulón.

DE ESPAÑA Y LOS ESPAÑOLES

Para hablar de España y los españoles debemos primero establecer el presupuesto del que partimos a la hora de realizar el análisis que nos proponemos.

Luis María de Sandoval nos presenta la raíz de donde debe partir toda reflexión que involucre al hombre o a cualquier dimensión que desde éste se proyecta: ¿Qué se afirma del Hombre?

No podemos sino reconocer en el Hombre esa trascendencia de la que él mismo se siente portador: amor, honor, fidelidad, amistad, lealtad, honradez; son todas virtudes que capacitan al Hombre a reconocerse como trascendental. La virtud no se genera de la carne, no es química ni física que pueda formularse matemáticamente.

Y en esta trascendencia en la que el Hombre no puede sino reconocer que no se hace a sí mismo, que su vida y existencia le vienen dadas,  el hombre desde su propia razón encuentra la existencia del Otro en el que el Universo se manifiesta.

Es cada uno de los miembros de la familia humana portador de valores eternos, portador de un destino eterno que se confina aquí y ahora en lo universal. Es la unión histórica de estos valores la que configura la unidad de destino en lo universal que es nuestra patria y nación España.

España, predilecta del reinado de Cristo. Españoles, especiales testigos de la fe y defensores históricos de la catolicidad de la única Iglesia de Cristo.

Y de estas realidades, que pueden ser sujetas con sus peculiaridades y circunstancias a cualquier nación  y a cualquier nacional del mundo y de la historia, brota la consideración de la trascendente dignidad del ser humano. Dignidad a la que el mismo Dios hecho hombre en Jesucristo sale al encuentro para elevarla, divinizarla, a la categoría inimaginable de hijos de Dios, pues lo somos; de patria y nación de Dios, España, que lo es.

Españoles que olvidando lo que somos hemos olvidado hasta la verdad de nuestra religión. Católicos que avenidos al mundo, a la carne y quizás, en algunos casos, al demonio también, hemos olvidado que Dios una Patria nos ha dado y Cristo y la Virgen la han bendecido.

Cantaba Vázquez de Mella las grandezas de España y de los españoles y así rezaba: “Cristiano y español, con fe y sin miedo, canto mi religión, mi patria canto”

 

Y como insigne figura, Juan Vázquez de Mella definía así a nuestra patria y nación: “España es como un tronco, y en ese tronco la savia no ha muerto todavía; todavía cabe pedir que no se convierta en uno de esos palos largos y secos que se levantan en la llanura demandando una centella o el hacha de un leñador, sino que con savia nueva, que ahora va naciendo en todas las regiones, se levante otra vez y rejuvenezca el tronco para que extienda su copa, para que allí, el altar del sacerdote, la lira del poeta, la espada del guerrero, las herramientas de los trabajadores y la esteva del labrador, todo se cobije el día en que la tormenta sacuda los cimientos de Europa.”

Divina profecía un día ya cumplida, y que quiera Dios se vuelva a cumplir.

La Iglesia Católica en contra del “Progreso”

¡ Pero qué barbaridad! ¿ cómo se puede estar contra el progreso?… Ahora lo voy entendiendo, aunque mira que me ha costado. Ha sido como una epifanía, una revelación que modifica mi comprensión epistemológica del mundo, y que veo muy difícil de transmitir aunque lo intentaré, puesto que considero que es fundamental para entender qué ha pasado y qué podemos esperar de este mundo.

Hace unos pocos años leí o escuché, o soñé, no lo recuerdo, que la Iglesia había condenado en el siglo XIX la electricidad como cosa del demonio. El caso es que acepté la noticia con indudable convicción; para qué me la iba a cuestionar si coincidía plenamente con mis prejuicios respecto a la Iglesia. Se ve que con los años me he vuelto algo más crítico, consciente de mi ignorancia, y trato de asegurar mis datos e informaciones lo mejor posible antes de emitir un juicio, que siempre intento mantener como provisional mientras pueda. Al tiempo quiero ser comprensivo con las diferentes épocas y personas, pues desde la mentalidad actual y a toro pasado resulta muy fácil pasar factura. Esperemos que cuando nos tengan que juzgar a nosotros tengan también en cuenta estas consideraciones.

http://foro.unioncatolica.com/viewtopic.php?f=6&t=35

 

Sobre el Reinado de Cristo.

Establece el Magisterio de la Iglesia que “toca a nuestra autoridad [magisterial] decir públicamente que es lo que de cada uno exige la verdad católica en este género de deber [derechos y deberes en los príncipes y en los pueblos], de donde surgirá también el modo y la manera con que, en tan deplorable estado de cosas, haya de atenderse a la salud pública.(Leon XIII, Diuturum 3).

Desde ahí deseamos partir a la hora de regenerar un modelo político y social, iluminado por el Evangelio, el Magisterio y la Tradición de nuestra Santa Madre Iglesia, que se oponga y se presente como alternativa cristiana a este deplorable, perverso y criminal Estado Liberal.

Decía el mismo León XIII que “en los preceptos y ejemplos de Cristo Señor Nuestro hay una fuerza admirable para contener en su deber, tanto a los que obedecen como a los que mandan, y conservar entre los mismos aquella unión y como concierto de voluntades, que es muy conforme con la naturaleza.”

Esta es la luz que deseamos para nuestra patria y gobierno; esta es la fuerza del Reinado de Cristo que debe sostener e impulsar el Estado Social Catolicista que buscamos; esta es la realidad, otra hora confesional, que hoy proponemos como Estado de inspiración católica.

Y es que sin Cristo no hay vida, no hay patria, no es España ni son españoles los que miran al futuro en busca de una esperanza. Es Cristo el que debe reinar, y no como mero titular o devoción confesional, sino reinar en un reinado verdadero y práctico iluminando cada una de las instituciones, leyes, relaciones y obligaciones y deberes de cada uno de los miembros de esta nuestra España que siempre los hijos de la oscuridad han deseado desbaratar.

Partimos del hombre. No puede el hombre acometer actividad ni empresa alguna sino partiendo de su propia proyección. Partimos del hombre como individuo, pero nosotros cristiano, partimos del hombre en Cristo en quien contemplamos la plena perfección, y ello nos comporta un sin número de ventajas.

Acabemos este inserto a modo de introducción con las palabras de aquel máximo político e idealista donde los hubo en aquel ya pasado siglo XX, católico entre católicos, español entre españoles:

“Teniendo encima cada uno de nosotros, y todos nosotros, la congoja apremiante de España.  Queremos menos palabrería liberal y más respeto a la libertad profunda del hombre. Porque sólo se respeta la libertad del hombre cuando se le estima, como nosotros le estimamos, portadores de valores eternos; cuando se le estima envoltura corporal de un alma, que es capaz de condenarse y salvarse.”