En medio de la tempestad…

En medio de la tempestad, nos mostraba hoy el Evangelio, un Jesús que duerme, en la popa, y los discípulos acobardados y llenos de miedo!

Hoy somos tu y yo esos discípulos, como tantos días , quizás, olvidando que es Cristo el que va con nosotros en la barca; ¿Por qué tenemos miedo?¿Todavía no tenemos fe?

Sí, parece que todo se reduce a una cuestión de fe, a una cuestión de confianza en ese Dios en Jesucristo que nos ha sido dado a cada uno de nosotros, bautizados y confirmados en la fe por esta que es nuestra Madre y a la que veneramos con locura de amor filial: la Santa Iglesia Catóica, Apostólica y Romana.

Y es en esta nuestra Madre en la que nuestras vidas como católicos cobran sentido. Madre que tiene una cabeza visible en la Tierra, el Santo Padre, el Papa, a quien veneramos junto a nuestra Madre y a quien guardamos plena fidelidad.

Y esta si es nuestra identidad de Católicos. Los ortodoxos difieren de los católicos principalmente en este aspecto no guardan fidelidad al Papa ni lo reconocen como Sumó Pontífice ni aceptan el Dogma de la Infalibilidad ni se someten al Magisterio.

Hoy más que nunca oramos en nuestras intenciones por el Papa Francisco al que declaramos nuestro amor y sumisión.

Eso no quita que cada uno pueda opinar de lo que es opinable, con el respeto, la reverencia  y la obediencia que los católicos debemos al Santo Padre. Otra actitud nos puede precipitar por la borda de esa barca en la que reposa Cristo, a la popa, sobre un cabezal.

“Enseñamos, por ende, y declaramos que la Iglesia Romana, por disposición del Señor, posee el principado de potestad ordinaria sobre todas las otras, y que esta potestad de jurisdicción del Romano Pontífice, que es verdaderamente episcopal, es inmediata. A esta potestad están obligados por el deber de subordinación jerárquica y de verdadera obediencia los pastores y fieles de cualquier rito y dignidad, ora cada uno separadamente, ora todos juntamente, no sólo en materias que atañen a la fe y a las costumbres, sino también en lo que pertenece a la disciplina y régimen de la Iglesia difundida por todo el orbe; de suerte que, guardada con el Romano Pontífice esta unidad tanto de comunión como de profesión de la misma fe, la Iglesia de Cristo sea un sólo rebaño bajo un sólo pastor supremo. Tal es la doctrina de la verdad católica, de la que nadie puede desviarse sin menoscabo de su fe y salvación” C.V. I