¿Demolición?

Hay signos en nuestros días que apuntan a un plan demoledor en contra de la Santa Iglesia Católica. Quizás es el mismo plan que aquel de hace casi dos mil años que llevo a escribas y fariseos a crucificar a Jesús y perseguir denodadamente a la entonces Iglesia naciente.

Hoy no se trata tanto de una persecución externa a la que los cristianos hemos acabado por acostumbrarnos después de casi dos milenios de acoso e impúdicos ataques contra la Fe. Hoy hay un corriente modernista, y me atrevo a decir ultra modernista (no entienda nadie el término modernista en la linea de usar o no watsupp, sino atiendase a aquella corriente ideológica y de pensamiento, condenada por la Iglesia, que se opone al dogma y a los fundamentos de la fe), que rompe con la Santa Tradición, la historia y la propia Doctrina tradicional de la Iglesia.

El pueblo católico, no es que haya vuelto a las catacumbas, es que se ha insertado y confundido en medio de una sociedad que ha renunciado al patrimonio histórico de los valores cristianos. 

Los muros de la Iglesia siempre han contado con fuertes defensas que se han mantenido incólumes frente a todo ataque externo que ha sufrido a lo largo del tiempo. Pero frente a los ataques que provienen ad intra, la Iglesia ha sufrido siempre trágicamente. No hay más que recordar la terrible herejía arriana que perduró tantos siglos, y que tan profundamente socavaba los fundamentos de nuestra fe.

Hoy tomamos a San Atanasio como referencia frente al modernismo y relativismo que impera entre nosotros, frente a la demolición de la identidad y corazón de tantas instituciones y congregaciones, frente al rechazo de las verdades de fe y de las obligaciones que como católicos tenemos frente a la sociedad, la patria y el mundo entero, frente a la avenencia con la inmoralidad y el abandono de los principios cristianos en los  cuales solo puede quedar garantizada la paz, la dignidad y la libertad de todo el género humano.