Demonios!!!

Apreciaba en mi tesina, “La Más Grande de las Batallas”, que el poder más grande que los demonios poseen sobre la tierra son los de la tentación, inspiración y confusión, y sobre todos el más perverso y aterrador de ellos, poder pasivo y silencioso donde los haya, el poder del miedo.

Miedo que principalmente se dirige a inhabiltar a los buenos para responder frente al mal. El miedo, en combinación con la perversa acción demoniaca coordinada y planeada por inteligencias que se elevan sobre la humana inimaginablemente. Miedo que permite que aquellos que han decidido someterse a las tentaciones, trabajar profusamente bajo inspiración maligna y realizarse como maestros y artesanos de la confusión, da lugar a la infernal situación en la que una gran mayoría anonadada de buena gente ve, pasivamente, como se derrumba ante ellos cualquier vestigio de grandeza moral, y cuanto más la destrucción completa de aquellos rectos principios que elevan la grandeza del hombre cuando proyecta su alma hacia Dios, la Patria o la Justicia.

Hoy contemplamos la completa pasividad de tantos buenos. Algunos resignados a “papeletear”, otros, un 40% aproximadamente, resueltos a dejarlo todo pasar y a abandonarse a la providencia que nos empuja irreparablemente al desastre.

Providencia no divina, porque Dios ha sido expulsado de nuestra cultura y civilización.

Algunos esperan un milagro, pero yo les digo que el milagro somos cada uno de nosotros que, a pesar de nuestras caídas, nos levantamos contra viento y marea y reemprendemos el camino tras los pasos de Cristo único y verdadero Señor de la Historia.

Siento vergüenza frente a mis hijos. He sido un cobarde y he vivido como un cobarde. Me he guardado lo que pienso y, a pesar de lo impulsivo de mi carácter, no he sabido levantar mi voz, que es lo que tengo, contra la arrogancia de la inmoralidad y del fáctico proceso concertado de destrucción de nuestra fe y cultura. Pero hoy, un día después de Pentecostés de 2015, digo ¡Basta ya! ¡Desenterrar mis talentos y ponerlos todos al servicio de aquellos, los más pequeños, los predilectos del Señor!