ALGUNOS AYES!

Mañana nos toca a los españoles enfrentarnos a unas urnas para, en el ejercicio democrático,  dar con nuestra papeleta la legitimación social a cuantas deficiencias, horrores, abusos e injusticias se realizan, sin posibilidad de solución o enmienda, en nuestra nación.

Y es que, una vez que los mismos poderes públicos han sentenciado a Dios al destierro de nuestra vida patria, todo queda al arbitrio de aquellos a los que puedes votar, aquellos que te han vendido su voto, que te han convencido en una campaña como si la de Navidad del Corte Inglés se tratara.

Pero ay! No puedo votar a ninguno del millón de españoles que en los últimos diez años fueron descuartizados, antes de que pudieran llegar a ver la luz, y para mayor escarnio e indignidad tirados a un cubo de basura.

Pero ay! No puedo votar a ninguna de esas mujeres que sufren la violencia del Estado Democrático en el desamparo de sus vidas ante el corte de luz, de agua o la negación de un tratamiento médico para sus hijas.

Pero ay! No puedo votar a ninguno de aquellos que se han suicidado o viven tarados y olvidados porque el Estado Democrático los abandono frente a las fauces del capital descarnado que les arrebato sus ahorros, les robó el hogar y la vida y los expulsó de toda posibilidad socializadora con la losa de una deuda impagable y el registro y escarnio público a través de tanta lista y registro de morosos.

Pero Ay! Que no puedo votar a tanto joven que como resultado de tanta paradójica desafección, tanta educación afectivo sexual, tanto relativismo bananero y un impuesto materialismo deshumanizador  han visto reducida su vida al valor de un trozo de carne con ojos y deambulan, en unos casos deprimidos, en otros drogados, pervertidos, o alcoholizados por las nocturnas calles de nuestras ciudades.

Pero Ay!  Que yo quiero votar a ese papá estado que vele por sus hijos que lo conforman y les garantiza un trabajo digno, la estabilidad y el valor en el amor de una familia, un hogar permanente, una sanidad sin demagogias, una educación en valores y dignidad humana irrenunciables…

Pero Ay! Que esto último solo puedo realizarlo a la luz de Cristo y Cristo ha sido desterrado de nuestra sociedad materialista y terroríficamente frívola y genocida.

Ay!, Monseñor, deme la absolución que no quiero perder mi alma y perecer en la eternidad del infierno. Que peco cada día mortalmente por omisión porque no hago lo que puedo hacer ante tanta injusticia, horror y malversación, y mi silencio me hace cómplice del autor.

Que mi condena no sea por haber permanecido callado; que mi condena no sea por mi silencio ante el atropello y la malversada violación; que la condena, que se que merezco, no sea eterna, que no se me vaya en esa papeleta el alma que es la única que tengo, y no introduzca en la urna la condena a muerte de mis hermanos y la asunción cómplice de la injusticia y la inmoralidad.

¡Gracias Monseñor! Munilla para más detalle