Reina de los Mártires

reinamartires

¡Perseguidos! Cada día más abiertamente. Las noticias se multiplican sobre la persecución cruenta que en tantos lugares se produce contra los cristianos. La persecución, ya nada sutil, que política y socialmente se acomete contra los cristianos (unos hablan de erradicar definitivamente la religión católica de las aulas, otros instauran la asignatura de Islam) se ve acompañada por la persecución cruenta que desde el Islam se produce contra todo lo que tenga que ver con Cristo y su Iglesia.

Sin embargo, mientras nuestras hijas se exponen a ser agredidas en los colegios e institutos, por esa tolerancia mal entendida que parece profesamos por encima del respeto que nos debemos a nosotros mismos, a nuestra identidad y cultura, y al mismo Dios en quien creemos; mientras cientos de miles de cristianos viven aterrorizados frente a la persecución descarnada que en países como Siria, Sudán, Somalia, Irac, Arabia Saudí, Corea, etc; mientras cada 11 minutos se asesina por su fe a un cristiano en el mundo; los católicos acomodados de estas nuestras modernas sociedades occidentales seguimos jugando cobardemente al juego de la papeleta que todo lo justifica.

Hemos renunciado a nuestra responsabilidad y compromiso, no solo con nuestra patria y con nuestra Iglesia, sino con nuestros propios hijos, mayores y con nosotros mismos. Hemos renunciado a nuestra propia identidad y a exigir la justicia que se nos debe en todas las facetas de nuestra vida, y especialmente en esta tan central y fundamental como es nuestra religión.

La sangre de los mártires clama al cielo, la sangre de los inocentes debe pesar sobre nuestras conciencias pusilánimes, bien acomodadas en el estado del bienestar. Tenemos obligaciones y ni las afrontamos ni las cumplimos. Hemos permitido, por nuestros temores y en muchos casos por ese vanidoso afán de ser aceptados en los “infiernos”,  que impere la inmoralidad atea y laicista que todo lo acepta y permite, que menosprecia incluso nuestra sangre frente a la que no levanta ni siquiera la mirada.

Es hora de alzar nuestros brazos hacia nuestra Madre y Señora,Reina de los Mártires, y suplicar la fortaleza que a ella la mantuvo con entereza a los pies de la Cruz. Implorar a nuestra Virgen y Madre que interceda por nosotros y suplique la asistencia del Espiritu de Dios para que estos sus hijos vuelvan a ser aquellos resueltos católicos que supieron dar un paso al frente y defender su religión, su patria, su familia, su Iglesia, llegando a dar la vida por ello cuando así se les exigió!