Confianza…

Siempre digo que la fe brota de esa fundamental opción de confianza personal en Aquél que todo nos lo ha dado: Jesucristo.

En Jesús confiamos y en el se fundamenta nuestra esperanza.

Y nuestra esperanza no encuentra su realización en esta vida, más bien esta vida es la antesala la preparación para aquella que esperamos: vida eterna, divina, sin llanto ni luto ni dolor, vida en la plenitud del amor; vida en la que misericordia y justicia se funden en la infinita e insondable realidad de un Dios que solo desea la salvación de todos.

Esta realidad que configura nuestra religión, da sentido, no sólo a nuestras vidas, sino, a toda la historia de la humanidad. Esta realidad que se hace historia en Jesucristo alumbra toda posibilidad de regeneración, de pacífica y fraternal convivencia. Fuera de la Verdad todo se torna en mentiras; fuera de la Luz reinan las tinieblas; fuera del Camino la humanidad desespera en el orgulloso engreimiento de los poderosos que aplastan a la foribunda mayoría de los pobres y oprimidos.