Cientificismo ateo

 

 

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No es fácil presentar, en medio del impuesto cientificismo predominante, una visión integradora de la fe y la ciencia. Ya no digo de la fe y la razón, ya que ambas, más que integradas son, en sí caras de una misma moneda cuyo canto ha costado siglos descubrir. La fe exige la razón, y la misma razón, libre de prejuicios e ideologías, exige la fe.

Quizás la soberbia, tan predominante en la naturaleza humana herida, exige a toda sociedad endiosarse de alguna manera y creer que se haya en la plenitud de la historia y en posesiòn del conocimiento absoluto. Esto ha ocurrido en cada una de las civilizaciones històricas, en toda época y lugar. Esto ocurre también en nuestros días.

El problema ha sido siempre el mismo, cuando una dimensión de la razón ha encontrado un nicho predominante, esta dimensión ha intentado imponerse a toda dimensión de auto-conciencia y realización humana. Si, también ha ocurrido con la teología y la propia fe cristiana cuando no ha sabido reconocer en los otros campos y dimensiones de la realización humana los límites de la propia razón condicionada por una perspectiva, que sólo en la amplitud exigida por la verdad, encuentra su maravillosa realización cogoscitiva: “Partes de un mismo todo”.

La verdad de la fe exige la verdad de la razón pues ambas son partes necesarias de la completa e inmensa Verdad que estamos llamados no solo a conocer sino también a señorear. La razón sin fe queda mutilada,rodeada de prejuicios cae sin remisiòn al servicio de las corrientes de ambiciòn. La fe sin la razón queda oscurecida y se expone al error y a la negación de cambios hacia aspectos de la verdad que de otra forma no podrán ser conocidos (la razón salió en auxilio de la Verdad frente al arrianismo que tan cerca estuvo de destruirla).

A lo largo de la historia de la humaidad han sido muchas las partes del todo que han pretendido ser el todo del saber y ser humanos. Ya nuestros primeros padres decidieron, no que la razón usurpara el todo del sentido de sus existencias, sino que sus propias decisiones abandonadas a las apetencias y emociones se convirtieran en el todo de su saber; y así queriendo saber cayeron en las profundidadez de la ignorancia; y así queriendo vivir Caín sembró la muerte estrellando una quijada de borro sobre el cráneo de su hermano Abel. Después fue el engreimiento y la soberbia humana las que junto con la fuerza y el terror dominaron la limitada sabiduría de tantos pueblos y naciones; la supersticiòn, la filosofía, la teología, la economía, y muchas otras dimensiones del saber humano han tenido un nicho predominante en algún momento y lugar de nuestra historia. También ha habido ocasiones en que la fe, mal entendida por algunos, manipulada por tantos, ha ensombrecido y obstaculizado caminos de saber,aunque si de fe cristiana habláramos, no es comparable los impulsos y enriquecimiento de la sabiduría y ciencias humanas que ha producido la fe en Jesucristo, frente a las obstaculizaciones que tantas veces también han sido producto de las propias limitaciones culturales y cognoscitivas de la època.

Hoy es el cientificismo el que quiere someter toda dimensión del haber humano, violentando y apartando de su camino no solo la luz de la fe sino el  imprescindible fundamento de la filosofía, la metafísica, la teología y el propio reconocimiento de la dimensión espiritual del ser humano. Cientifismo que consiente rebajar la ciencia a pseudociencia con tal de apropiarse de estructuras y recursos propios de una seudoreligión; cientifismo que establece nuevos profetas y rabinos de lo científico y cuenta con sus propios dogmas, preceptos, cultos y devociones; cientifismo que rodea, con sus acólitos y seguidores, teorías y elucubraciones para presentarlas como verdades científicas que todos están obligados a creer, aunque en ellas no se confíe. Pseudociencia que condena al ser humano a la ignorancia oscura del no saber, hoy cuando con más fuerza la luz de la verdad quiere iluminar las conciencias y la razón humanas; hoy que la filosofía y la teología han abandonado viejos prejuicios, y la fe se muestra a la luz de la razón como único camino de sentido trascendental de la existencia humana.