Pornografia

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Acabo de asistir a la conferencia que nos ha brindado mi estimada catedrática. Ha expuesto de manera clara y sistematizada la realidad social cruda y degradante, que el consumo y la “normalización” de la pornografía supone en las sociedades mal nominadas como desarrolladas.

La pornografía degrada el valor y estima humanos, pervierte la conciencia del que la consume y reduce a mero objeto a aquellos que se prestan a protagonizarla.

La pornografía, nos ha trasmitido Adelia, se inserta en las conciencias de nuestros más pequeños infantes desde edades cada vez más tempranas; escandalosamente real es el dato que nos confirma que ya hay niñ@s que desde los 8 años reconozcan haberla consumido de algún modo, a través de internet, revistas o películas.

Hoy la imagen de Dios impresa en cada ser humano es despreciada hasta el extremo de ser normal entre nuestros jóvenes el trato “amigable” con expresiones tales como: guarra, perra, me la vas a chupar, perrea, etc;  y el desprecio absoluto hasta la ridiculizaciòn de valores tan altos y profundos como la castidad, fidelidad, virginidad. Ya se ha traspasado la concepción de la sexualidad como un mero instrumento de placer, para destrozar la moral y autoestima del ser humano obligándole a aceptar la perversión y la degradación sexual como algo propio y normal de la realización existencial.

Nuevos mártires

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Hermanos ¡ alegrémonos!. La Iglesia verdadera se llena de nuevos mártires. Su sangre recién vertida fertilizará nuevos pastos. El fenómeno no es nuevo, ya lleva unos cuantos años, en los que el número supera con grandes creces los de los primeros cristianos, aunque hasta ahora no nos hayamos enterado porque no hayamos querido o porque más bien se ha silenciado. ¿ cuántos son? no lo sé, lo he buscado: unos dicen que cien mil, otros que mil quinientos cada año. Las cifras son elevadísimas, y no lo olvidemos, nuestros hermanos, por defender aquello que nosotros decimos que profesamos y por lo que estamos tan ufanos. Muchísimos más mueren “sin motivo”, por ellos mismos, o por la falta de caridad humana. En todos hemos de ver a Cristo, pero especialísimamente en estos elegidos, bendecidos en su martirio.

Hermanos ¡ preparémonos!. Mientras ellos mueren nosotros andamos de paisano, como si no pasara nada o aún lo sintiéramos muy lejano. No lloremos por ellos, oremos con ellos para que nuestro Padre nos llene de su Espíritu. Lo reconozco, siento miedo. El pasado domingo, en la celebración en la Catedral me preguntaba ¿ si ahora nos asaltasen que con escopetas y nos dijesen: que salgan los que no sean cristianos…cuántos nos hubiésemos quedado?… y lo más importante ¿ me hubiese yo quedado?.

Se me hace difícil hablar en estos términos. Se tiende a destacar más la barbarie humana. Parece más bien diabólico. Pero lo que nos interesa señalar es la grandeza de la redención de Cristo; cómo estos nuevos mártires han sabido quedarse con la perla y han dejado la hojalata.

Espero que meditemos que realmente sin Él no somos nada, mientras con él todo lo podemos. Que su sangre caiga sobre nosotros y nos limpie de nuestras miserias, que no nos quede nada.