Manipulación de Conciencias

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No me había encontrado hasta hoy con un ejemplo tan claro, sutil y perverso de la manipulación de conciencias que desde diferentes áreas de la educación pública se ejerce sobre nuestros jóvenes.

Hoy una alumna de bachiller me abordó con algunas dudas sobre un ejercicio que debía de rehacer. La tarea era definir e identificar la cuestión vital en la pregunta ¿La creencia en Dios tiene sentido?

Ya en una primera instancia di cuenta de lo incorrecto e inadecuado del planteamiento ante una sociedad compuesta por cerca de un 80% de católicos y mas de un 90 % de personas creyentes.

Pero una vez profundicé un poco más en la posible intencionalidad del cuestionamiento me di cuenta de la sutil y perversa maniobra del autor original; no era posible contestar tal pregunta. Responder a tal pregunta es admitir y asumir tácitamente que Dios no es más que una creencia y situarlo al nivel de tales realidades conceptuales: las creencias.

La propia formulación de la cuestión: ¿La creencia en Dios tiene sentido? impone axiomaticamente que Dios no puede llegar a ser más que una creencia para el ser humano; que Dios no es un ser cognoscible y cercano que se manifiesta ampliamente en la creación y en cada uno de los seres humanos.

Con este tipo de maniobras se ha ido minando las conciencias de nuestros jóvenes, golpeando y golpeando, degradando y degradando el concepto de Dios y de la fe de sus mayores, hasta el punto de que muchos de ellos sentirían vergüenza de declararse creyentes ante un grupo dominado por el descaro y la prepotencia del ateísmo radical.

¿Por que filósofos y pensadores, sociólogos y educadores no se cuestionan si tiene sentido no creer en Dios?; cuando el ateísmo es la opción de una minoría muy minoritaria, tan minoritaria como radical y ruidosa: ¿Qué sentido puede tener una existencia sin Dios? Una existencia que solo puede considerarse como una manifestación absurda del azar químico de una fuente incognoscible, que ha sido como podría no ser, cuya razón se auto-destruye al reconocerse a si misma sin más fundamente que el enlace iónico o covalente de sus átomos.