Destrucción de la Iglesia desde dentro

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Que Satanás está actuando desde dentro de la Iglesia Católica no se puede poner en duda. La masonería, el relativismo moral y social, la ideología de género, el liberalismo,…. Todo ello invade los cerebros y los corazones tanto de los seglares como los presbíteros, tanto en el pueblo más pequeño como en el Vaticano. Nada nuevo estoy diciendo. Sin embargo, hay que saber distinguir entre la IGLESIA CATÓLICA y las personas que están dentro de la misma. Somos las personas quienes introducimos a Satanás en nuestras acciones, nuestros pensamientos, nuestros sentimientos, hasta el punto de considerarlos como “normales”, “aceptables”, “razonables”, “éticos”  e incluso “morales”.

Decía ayer el párroco de mi pueblo que “tenemos que estudiar, tenemos que conocer la doctrina cristiana acudiendo a las Encíclicas y al Catecismo. Si restringimos nuestro conocimiento a lo que “otros interpretan”, a lo que otros piensan desde su propio desconocimiento, incluso a nuestra propia interpretación de lo que oímos, el resultado es confusión, contaminación de pensamiento, vacío, y apertura al relativismo moral (qué acertado estaba el Papa Benedicto XVI al avisar, al prevenir, del relativismo moral que invade al hombre contemporáneo).

Esta mañana, leyendo religionenlibertad.com he visto este vídeo que os animo a ver y oír. En seis minutos, el Padre Santiago Martín expone dos datos de porcentaje extraídos de un informe sobre la situación de la Iglesia Católica en Holanda y Alemania. La verdad es que pone los pelos de punta oír cómo se comportan los sacerdotes en ambos países, cómo han abandonado la doctrina cristiana, cómo abren las puertas a Satanás.

Después de oírlo se puede entender (que no aceptar, por supuesto) el avance de las actitudes de la cultura de la muerte que Adelto ya ha comentado en un post anterior, el avance de actitudes pro-pederastia en Holanda, la defensa del aborto post-parto, el apoyo de movimientos anticatólicos, etc.

Pido a Dios para que el Papa Francisco sea valiente, fuerte y firme en la defensa de la doctrina católica en el próximo Sínodo de la Familia. Una reunión muy esperada por Satanás para poner a la Iglesia patas arriba, lista a rendirle honores.

CULTURA DE LA MUERTE

Me sorprende enormemente no tener enemigos declarados. Supongo que estaré dando, y no voluntariamente, todos los pasos pertinentes para granjearmelos, aunque sean encubiertos. Sin embargo es mi intención amarlos, en este pretendidamente incendiario manifiesto. No quiero que nadie sienta mi dedo acusador sobre si, me siento yo mas bien con todos en el banquillo de los acusados: cuántas cosas estaré haciendo, cuántas cosas no habré hecho, para el estado de cosas que estamos ahora viviendo, y las que progresivamente iremos viendo los que no estemos del todo definitivamente ciegos.

El término “cultura” de la muerte (CM), acuñado por el Papa Juan Pablo II en su encíclica El Evangelio de la Vida en 1995, se refiere a una mentalidad, a una manera de ver al ser humano y al mundo, que fomenta la destrucción de la vida humana más débil e inocente por parte de los más fuertes y poderosos, de los que tienen voz y voto.

Este ignorante, este palurdo, este memo que soy yo, les ruega y les suplica que me saquen del error: pido cifras, pido datos, aritmética demostración, que me libre de este enredo, pido máxima discusión ( difusión). Mis anteriores escritos no tuvieron respuesta ¿ es que no tengo salvación?.

http://foro.unioncatolica.com/viewtopic.php?f=7&t=12

DOGMA

Abusando de su paciencia y cariño, y rizando el ya rizado rizo, me atrevo a hablarles un poco de la Dogmática, entrañable ciencia que llegó a ocupar el sitial de “reina de las ciencias” en la escolástica, y que progresivamente se fue relegando de la vida académica, hasta el puesto extremo que ocupa hoy día; y en el que quizá sea sintomático que uno de los principales promotores fuera nada menos que el teólogo kantiano ALBRECHT RITSCHL (1822-1889), quien procuró la ubicación académica de la teología en un esquema acorde a la asignación que Kant hacía del hecho religioso dentro de la esfera de la razón práctica.

Ustedes me disculparán que emplee estos términos, pero sinceramente es que ya no tenemos ni puñetera idea de nada. Solemos entender un “dogma” como una afirmación arbitraria que un imbécil sin formación ni información ninguna le ha dado por sostener y que tenemos que tragar con papas y sin ensalada. Perdonenme ustedes, nada que ver. El dogma, efectivamente, es algo que tenemos que creer, indiscutible, sí, pero porque ha sido exhaustivamente analizado y estudiado. Si nos dice Einstein que E= m*c2 nos lo creemos a pies juntillas porque Einstein es un gigante y nosotros unos ignorantes. Pero si el Papa Pio IX, un retrógrado ignorante y sin autoridad ninguna como por todos es sabido y no admite discusión ( es un dogma), el día 8 de diciembre de 1854, rodeado de la solemne corona de 92 Obispos, 54 Arzobispos, 43 Cardenales ( pervertidos pederastas todos como es por todos sabido y por tanto sin autoridad ninguna, otro ddogma) y de una multitud ingentísima de pueblo, definía como dogma la Inmaculada Concepción de María, entonces cualquier cantamañanas puede levantarse de su asiento y proclamar solemnemente “pues yo opino de que no”… así nos luce el pelo al catolicismo. A modo de ejemplo, si buscan una somera fundamentación de los argumentos e historia hasta la solemne proclamación del maravilloso dogma de la Inmaculada, les dejo el siguiente enlace: http://www.franciscanos.org/virgen/rambla.html , que lo disfruten.

Dogma, del griego δογματικός (dogmatikós), significa ‘pensamiento’, ‘principio’, ‘doctrina’, y es el conjunto de fundamentos o principios por los que se rige una religión, doctrina, ciencia o sistema determinado. En un sentido despectivo, se le llama dogmática a aquella persona o institución que es inflexible, intransigente, y cuyas ideas y opiniones son inobjetables. Parece que nos hayamos quedado exclusivamente con este sentido descalificador, cuando los dogmas, axiomas o principios son propios de cualquier ciencia, como las palabras para formar frases con sentido. Volviendo al ejemplo anterior uno podría decir ¿ que la energía igual a la masa por la velocidad de la luz al cuadrado?, menuda estupidez… ¿ conoce usted los argumentos?. El dogma es un principio, sí, pero también una conclusión. Deberíamos probablemente formarnos un poco más en los fundamentos de semejantes afirmaciones, que no son los delirios de cuatro locos. ¿ y nos decimos católicos?. Quizá sí que estamos locos si teniendo posibilidades no intamos profundizar en las razones de nuestra fe. Más que indiscutible o innegable, me quedaría con la acepción de “fidedigno” que tiene el dogma. Es fidedigno porque es razonable a la vista de nuestra fe, y de la autoridad que otorgó Jesucristo a Pedro, para quien lo quiera ver, y que quedó fijada en los Evangelios. Semejante fundamento sí que no lo encontraremos en ninguna otra “ciencia”. En la fijación de sus dogmas considero que la Iglesia, a pesar de sus defectos, siempre ha tenido presente aquella famosa frase, atribuida a San Agustín, que reza así “En lo esencial unidad, en lo dudoso libertad, y en todo caridad”

En materia de religión, la teología dogmática es aquella que estudia los principios teóricos sobre los cuales se sustenta la fe en Dios y sus obras, tal como es predicada e instruida por la Iglesia, de lo cual se desprenden, desde luego, consideraciones en un sentido moral en torno a la verdad y la significación de sus enseñanzas. De forma similar existe una dogmática jurídica que es la que estudia un conjunto de axiomas o principios para construir, a la luz de operaciones lógicas, nuestra comprensión del Derecho. Un ejemplo de dogma jurídico sería el siguiente: Nullum crimen, nulla poena sine praevia lege, es decir, que no hay crimen, ni hay pena, si no existe una ley previa. De forma similar me atrevería a decir, que si no hay Dios no hay Derecho, no hay bien ni mal, todo es relativo, el hombre es la medida de todas las cosas, la santa mayoría, hasta el día que decidamos, por sagrado referendum, que 2 + 2= 5.

PIETISMO

Pobre Kant, como me meto con él… de verdad que no tengo nada en su contra, y por contra rezo por él. Soy consciente de que su inteligencia superó cientos de veces la mía y que de sus conocimientos y escritos no entiendo ni conozco la centésima parte, pero es que me da mucho juego, qué le vamos a hacer.

Valga la siguiente afirmación para cualquiera de “mis” otros escritos: el tema en sí es amplio, y en él hay campo para un estudio fecundo y provechos. En correspondencia a dicho carácter, el ámbito de las fuentes bibliográficas será mínimo, buscando la practicidad antes que la erudición. Dicha erudición, con su correspondiente corrección cuando sea menester, la dejo con mucha humildad en manos de mis sabios lectores.

Le pese a quien le pese, podemos afirmar que formamos parte de la «Cristiandad», entendida como el conjunto de las culturas que han sido influidas por el cristianismo. También cierto que todo nuestro bagaje religioso-cultural nos ha llegado por la mediación del catolicisimo romano aprobado oficialmente por la Corona española, es decir, un catolicismo romano de tinte ultramontano y antiprotestante. En otros países, la reacción de los intelectuales a esta influencia religiosa y cultural fue el abandono y rechazo del cristianismo, y no precisamente la búsqueda de una forma alternativa de cristianismo como es el caso del protestantismo.

Resulta necesario precisar en algo la palabra «protestante». Con ella me refiero no precisamente a los movimientos religiosos surgidos como consecuencia de la Reforma del siglo XVI, sino más precisamente al movimiento caracterizado por los historiadores de la religión como la «Reforma magisterial»; es decir, aquel movimiento de la Reforma que contó con el apoyo de los magistrados o gobernantes, y que está representado por LUTERO, CALVINO y sus seguidores. La otra rama del movimiento reformador, conocida como la «Reforma radical» y que ha dado origen a las Iglesias anabautistas, se ha caracterizado históricamente por su violento anti-intelectualismo y sospecha hacia toda actividad de reflexión sistemática de la fe cristiana.

El pietismo es un movimiento extremadamente mal comprendido, cuando no directamente ignorado; ignorado incluso por aquellos que lo padecen y es a los que va dirigido este escrito. El pietismo se manifiesta como reacción al anquilosamiento del escolasticismo protestante y el endurecimiento de sus categorías, todo lo cual degenera en una polémica violenta, ácida e intrascendente, con una dicotomía absoluta entre la dogmática y la praxis. El principal representante del movimiento es el luterano PHILIPP JAKOB SPENER (1635-1705), quien dio nombre al pietismo con su libro Pia Desideria (1675).

La característica principal del pietismo es la introducción de la subjetividad radical de la experiencia religiosa como criterio normativo para la eclesiología y la teología y un distanciamiento de los contenidos objetivos de la dogmática, a quienes creían responsables de la crisis espiritual de la época. El pietismo ha favorecido la reducción del concepto de Dios a lo inmanente, minimizando todos aquellos atributos de Dios que favorecían la objetividad del hecho religioso. El pietismo reemplaza al Dios trascendente por la experiencia de Dios del sujeto religioso. De manera análoga, es posible alegar que en vez de observar cambios en el sujeto que participa del conocer para que éste se adapte al objeto, Kant insiste en que son los objetos del conocimiento -los fenómenos- los que son afectados por el sujeto cognoscente.

En los ambientes permeados por el pietismo es común escuchar «testimonios» que detallan «experiencias de conversión», en donde el nuevo converso relata cómo era su vida anterior a la conversión y el evento mismo de la conversión para luego extenderse sobre las consecuencias de dicho evento. Tales casos son abundantes hasta nuestros días, en donde es posible encontrar cantantes, personalidades de la farándula, políticos, deportistas, etcétera, que son propensos a relatar sus experiencias religiosas de este modo. De manera similar, Kant alude a una «experiencia de conversión» para justificar la transción de su pensamiento desde el racionalismo dogmático.

Es posible adelantar una vinculación de la insistencia del pietismo en la práctica de la tolerancia religiosa, la renuncia a la teología polémica y la superación de barreras eclesiásticas y denominacionales en adopción de un espíritu abierto a la diversidad. Ecos de esta insistencia pietista en la superación de los antagonismos religiosos son fácilmente discernibles en La religión dentro de los límites de la mera razón, en donde Kant insiste enfáticamente en la superación de las barreras denominacionales (parte del vicio que él denomina como «clericalismo») en el Libro IV, abogando en cambio por el establecimiento del Reino de Dios en la tierra expresado en una “federación mundial de naciones”, o como dicen hoy en día “Alianza de las civilizaciones”. La corriente pietista tomó como uno de sus lemas el dicho agustiniano de “in omnibus caritas”, anteponiéndolo a “en lo esencial unidad”, siendo esencial la propia unidad sobre la roca de Pedro.

Seguro que todos conocemos unos cuantos dogmáticos y otros tantos pietistas, protestantes todos ellos sin ni siquiera saberlo; ¿ protestantes contra qué? contra Roma, por supuesto. Como tantas veces ya he dicho, cada uno que crea lo que quiera o lo que pueda, pero yo, personalmente, cuanto más leo y estudio, también cuanto más haga por los demás, más católico y romano me vuelvo.

ABOMINABLE

Por las autopistas principales de nuestra preciosa isla, Tenerife, pueden contemplarse grandes carteles publicitarios de una empresa, no cualquiera. No es del Loro Parque, tan emblemático, ni de un restaurante, ni de un político cualquiera a la caza del voto del incauto circulante; no era una oferta de electrodomesticos, ni de esos centros comerciales tan elegantes que se quedan con nuestros dineros antes de que un gallo cante… No, era más fuerte que eso, algo para mí impactante: se trataba de un adivino, de una empresa sonriente que se limpia los dientes para mordernos el cuello sin que se monte revuelo, como si cayeran del cielo. Esto no es nada nuevo, eran las brujas de antaño, aunque ya parezca que no hagan daño. Nos ha acostumbrado la tele con cadenas dedicadas, de las que si fueran de retrete deberíamos tirar sin recelos. Hace unos años en esas cadenas y a cualquier hora reinaba la pornografía; ahora han encontrado un negocio al parecer más rentable. No me importa que se lleven los dineros, sino las almas burladas, de estos que creen que no pasa nada por hacer pactos de sangre, o que ni siquiera saben que los hacen. Los pecados de la carne quizá a todos nos pasen, pero el que peca contra el Espíritu más dificilmente podrá superarlo. Dicho de otra manera, aunque el catecismo no haga distinción entre pecados más o menos graves, sino entre pecados veniales y mortales, la adivinación atenta contra el primer mandamiento, contra el Amor en persona.

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