BENDITO SEA DIOS!

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Bendito sea Dios que nos ha colmado con toda clase de bienes naturales y sobrenaturales.

Una Unión, un comienzo, un continuar en el camino y fidelidad de seguimiento a Cristo, siempre fieles a la Iglesia que Él mismo instituyó, la “Santa Iglesia Católica”.

Esta iniciativa, que nace y se concreta a través de la palabra, es fruto de la inquietud que el mismo Espíritu Santo ha provocado en profesionales e intelectuales católicos que sienten la necesidad de alzar su voz frente a todos aquellos que desde fuera y dentro pretenden mancillar la moral y principios que fielmente nuestros mayores nos trasmitieron en la fidelidad a la recta Doctrina Católica.

“No seas incrédulo, sino fiel”. Estas palabras resuenan en nuestros corazones, como resonaron en el corazón de Santo Tomás aquel Domingo “in albis”. ¡Señor mío y Dios mío!, es la aclamación que hoy, junto a Tomás, sale de nuestros labios!

Hoy, en nombre de Cristo alzamos nuestra voz frente aquellos que nos persiguen y pretenden reducirnos al necesario silencio de la omisión y la pusilanimidad aterradora de los que caen bajo el dominio del miedo, para que la cizaña pueda subyugar la buena siembra.

Somos CATÓLICOS y nos sentimos orgullosos de serlo, nuestros padres, abuelos y antepasados son católicos, sí, aunque ya hayan alcanzado la vida eterna que nosotros anhelamos y afirmamos alcanzaremos; nuestras esposas e hijos son católicos y sienten el orgullo de serlo; nuestras ciudades, pueblos, barrios y calles son católicos y proceden de la más brillante historia del cristianismo que se ve iluminada y enriquecida por la sangre de tantos mártires que han entregado sus vidas en la fidelidad a Cristo y a su Iglesia; nuestra Patria es Católica y nos sentimos orgullosos de pertenecer a ella porque ha sido vehículo  evangelizador del mundo entero; nuestra Historia es Católica, historia de santidad, amor y sacrificio.

“Yo soy el Camino, y la Verdad y la Vida”, en esta verdad histórica ponemos al servicio de Cristo y su Iglesia los humildes, débiles e insignificantes recursos que podemos ofrecer, pero “lo que tengo te lo doy”: La fuerza de la palabra en el Espíritu, porque “el Espíritu es Verdad”.

¡Adelate!

¡Cristo es Rey y Señor!