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MODELO SOCIAL

En el año 1986 la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Española (sí, aquella que tantos se proponen quemar), publicaba la instrucción pastoral “Los Católicos en la Vida Pública”.

Me pregunto por qué siendo Cristo Rey, luz del Mundo y única Esperanza y Salvación no nos es posible, a los católicos, presentar un modelo social que bajo la luz del Evangelio y atendiendo a la ya tan elaborada Doctrina Social de la Iglesia ofrezca, abierta y democráticamente, una posibilidad social y política de realización nacional bajo los principios de bien común, la justicia y la paz social.

En la instrucción referida los obispos españoles señalaban que: “Jesucristo ejerce principalmente su soberanía a través de la Iglesia y de los cristianos en ella, que viven y actúan desde la fe y desde la libertad regia de los hijos de Dios frente a las esclavitudes de una creación sometida a la corrupción del pecado y consiguientemente trabajan al servicio de los pobres, en favor de la causa de la justicia, en orden a preparar la llegada del Reino de Dios en su plenitud”

Esta tarea de los cristianos no puede de ninguna forma excluir las estructuras sociales, públicas, políticas y administrativas que sostienen nuestra sociedad. Es más, estoy plenamente convencido de la exigencia que supone a los católicos ser sal y luz, social y política, en cada una de las comunidades en donde vivan. La realidad actual nos presenta un sin número de opciones políticas, de modelos sociales más o menos democráticos, que excluyen a Cristo como referencia y como fuente de todos los valores que promueven la justicia, la paz y la solidaridad de las gentes. Hoy vemos a cantidad de políticos que aun siendo cristianos y católicos actúan contra los principios de la Doctrina Social de la Iglesia y no tienen en cuenta ni el bien común ni la justicia social ni la vida como principio supremo.

Los católicos en la vida pública, en su inmensa mayoría, dejan tristemente de ser católicos para convertirse en liberales o progresistas, en conservadores, radicales e incluso comunistas. Parece que impera la convicción de que cabe la posibilidad de encontrar un modelo de gobierno, un modelo de sociedad, acorde la nuestra fe prescindiendo de la fe, y esto es una contradicción incomprensible e imposible.

Nos indican los obispos en esta instrucción que: “Esta inspiración cristiana de la política no podemos darla por supuesta ni podemos esperarla de la improvisación. Es preciso fomentar expresamente la adecuada formación de los católicos en conformidad con la doctrina social y moral de la Iglesia; es preciso impulsar actividades o instituciones dedicadas a la formación y capacitación de los católicos para que puedan actuar en los diferentes ámbitos de la vida política con verdadera inspiración espiritual y adecuada preparación profesional. No es tarea fácil superar en la práctica el riesgo de la separación entre lo que es inspiración cristiana y lo que corresponde a la técnicas de la actuación política. No valen los viejos moldes. Hay que arrancar de la situación actual contando con una visión renovada de la Iglesia, de la sociedad y de las relaciones entre ambas.”

Hoy más que nunca, en esta nuestra España es necesario este compromiso e iniciativa de los católicos. Cuando Cristo es ya abiertamente perseguido, cuando nuestras celebraciones son violentadas, cuando la injusticia social es ya endémica, hace falta más que nunca que los jóvenes bajo la luz de Cristo y con el apoyo y acompañamiento de aquellos que cuentan con más experiencia, promuevan proyectos y propuestas sociales y políticas verdaderamente cristianas y católicas.

Orgullosos de nuestra fe, felices de nuestra historia, honrosos con nuestros padres y mayores, deseamos y queremos un modelo social justo y cristiano, pues sólo en Cristo confiamos y solo en Él esperamos la paz y la felicidad que el mundo por si mismo no puede encontrar.

¡Libertad Religiosa!

Broken Cross

 

¡En nombre de la libertad te impido ser libre!

¡La “libertad religiosa” ha sido esgrimida tantas veces como argumento para impedir la libre y pública profesión religiosa!

Muchos, enemigos de la religión, y más particularmente enemigos de Cristo, hablan de libertad religiosa para tras la falacia dialéctica ocultar la verdadera acción e intención que les mueve: ¡la persecución religiosa!

Y es curioso que cuando se descubre hacia que religión apuntan todas las armas anti-religiosas, es el cristianismo el que se presenta a lo largo de la historia como la víctima propicia de la mayor y más encarnizada persecución que jamás se haya emprendido contra colectivo humano alguno.

Y es que el cristianismo, y en especial el catolicismo porta esta seña de identidad desde sus orígenes; Jesucristo fue perseguido, primero sutil y maliciosamente, más tarde abierta y violentamente hasta que lo clavaron en un madero; los primeros cristianos fueron perseguidos en toda comunidad judía, más tarde fueron perseguidos por el Imperio Romano; a la lista histórica de perseguidores de Jesucristo se suman un sinfín de sectas, movimientos, religiones: arrianos, musulmanes, hindús, comunistas, masones, liberales, etc. Y especialmente a los católicos se suman cristianos anglicanos, protestantes, acatólicos y demás.

Y es que claro, a los cristianos es fácil perseguirlos, acosarlos, oprimirlos y martirizarlos; profesan aquello de pon la otra mejilla, y hay que perdonar siempre. Además, si se atreven a responder o a defenderse, sus enemigos lograrán manipular la información, incluso la historia para que aparezcan ellos como los perseguidores (claro ejemplo la infamia y negra leyenda de las cruzadas que intentaban recuperar aquellos territorios cristianos arrebatados cruel y genocidamente en la expansión violenta y encarnizada del islám).

Hoy la persecución en nuestra patria empieza a dejar de ser sutil. Se levantan voces frente a toda una Nación Católica como España que pretenden acabar con las celebraciones católica, con  la enseñanza católica, que ha arrasado con los valores morales y las costumbres evangélicas y se atreven a corear impunemente que van a quemar la “Conferencia Episcopal”, como si eso de quemar iglesias, seminarios y conventos fuera a ser algo original o novedoso en nuestra historia.

Pero los católicos aguantamos todo menos lo que no se puede aguantar. ¡Sí!, vocación de santos, pero no de imbéciles o gilip… (perdón). Es deber supremo del católico, exigencia divina me atrevería a decir, defender la patria, la familia y la fe de nuestros padres; ¡cuidado con la furia de las legiones!

Hemos echado una mirada atrás, a nuestros hermanos mexicanos y su célebre “Cristiada”. Cristiada que comenzó en Jerusalén hace ya casi dos mil años. Cristiada que nadie jamás podrá vencer porque se sustenta en la misma sangre de Cristo y de aquellos mártires que entregaron su vida perdonando a sus agresores y renunciando al supremo derecho a defenderse.

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Hoy, en esta España herida, en este mundo moribundo de injusticia, intolerancia y opresión de poderosos y pervertidos, enemigos de Dios, del Dios en Jesucristo, elevamos nuestras oraciones para que la paz sea posible y la hordas infernales y maléficas no horaden la tranquila convivencia de nuestras gentes que a precio de sangre fue ganada.

 

Males y demonios!

Denunciaba hace años, uno de los políticos más insignes del siglo XX, que engañados y convencidos por el criterio del voto útil, de la elección del mal menor, los católicos españoles hemos contribuido a traer para España el “mal absoluto”. El tiempo no le ha quitado la razón.

Porque, tal como profetizaba, con el voto católico se ha apoyado a lo largo de estas décadas demócratas una política degradante y anticristiana que ha paganizado la sociedad, destruido la moral tradicional y puesto en trance de fragmentación y lapidación las glorias de España y la propia unidad nacional. Y para España no hay otro mal mayor que el de su propia liquidación.

Sí, porque somos católicos, católicos españoles, católicos votantes que a través de nuestro voto hemos expresado nuestra voluntad de participar activamente en el desenvolvimiento de esta plaga maligna  e infernal que como vasto banco de oscura niebla empaña el horizonte social y católico que se vislumbra para nuestra nación. Ya lo hemos dicho tantas veces: ” España, no se entiende de otra manera, es católica por su propia constitución, es católica en su raíz y fundamento, en su esencia y cultura, y nada ni nadie podrá jamás borrar la realidad histórica de esta España gloriosa de santos, mártires y defensores de la única y verdadera fe.”

El mal que hoy padecemos es el mal absoluto del que tantos y tantas veces nos advirtieron: cuatro millones de parados, más de un 30% de la población bajo el humbral de la pobreza, más de cien mil con niños asesinados cada año antes de su nacimiento, índices de suicidios ocultados por su carácter extremadamente alarmante, Cristo despreciado y vilipendiado públicamente, jóvenes educados bajo una moral promiscua y degenerada, fobia anticristiana  promocionada desde los poderes mediáticos, inversión moral y contra natura, una nación endeudada y dependiente de la financiación internacional, nivel de endeudamiento familiar jamás conocido que convierte a las familias en esclavos de sus deudas, la amenaza continúa de la desfragmentación nacional que llevará a la ruina y desgracia más profunda a todos los españoles de hoy, de ayer y del mañana.

¿Qué otro mal cabe esperar? Cualquier empeoramiento de la situación no puede sino que ser ya esperanza de un nuevo regenerar, no puede ya sino suponer un golpe ineludible en las conciencias católicas españolas que por fin las haga despertar de su letargo, no puede sino alertar a las jóvenes generaciones del funesto proceder de sus mayores para que de alguna forma puedan reconstruir la esperanza nacional que hoy parece pérdida.

Y a nosotros parece que sólo nos resta soñar a España, mientras nos dejen soñar porque hasta nuestros sueños son perseguidos. A nosotros no nos queda sino que embuir en semillas de historia esa España que fue, es y soñamos será, para que el día que encuentre una tierra joven y fértil que las albergue, renazca para siempre esa España grande y gloriosa que Dios nos dió y a la que el enemigo siempre intentó destruir sin decanso. Sin dejar un momento de olvidar que “la virtud más eminente es la de hacer sencillamente lo que tenemos que hacer.”

España se nos muere entre las manos. Nos duele España, soñamos a España, lloramos a España y miramos al cielo queriendo contemplar ese reinado que el mismo Cristo realizó.

¡Cristo reina, de Cristo es la Victoria! ¡Viva España!

A Vueltas con el mal

Como no morir de dolor al ver tanta gente querida viviendo alejada de Cristo y la Iglesia.

La Fe y la Doctrina no es una broma. El combate con el maligno y la perdición de las almas no es ninguna broma.

En la audiencia del Miércoles de Ceniza del año 1977, el Papa Plablo VI de feliz memoria, advertía de la verdad a la que nos enfrentamos, de la verdad a la que el mundo se enfrenta, y clarividentemente aludía a lo que hoy vivimos por causa de nuestro mal combate:

Denunciaba el Papa en tal audiencia el “dominio del diablo sobre la Tierra y sobre los mismos hombres, dominados, tentados y arruinados por el espíritu del mal”.

No comprendo cómo ante la advertencia y exhortación clara de la Iglesia siempre los más deciden avenirse con el enemigo, en este caso el mundo. El Papa advertía de la existencia de este otro mundo, que tantas veces nos negamos contemplan, “otro mundo que no es tan bello, sino que, más bien y al contrario de aquel cristiano, es el de la humanidad que rechaza, se revela y se separa de Dios, dando lugar a la proliferación del laicismo, del secularismo, del anticlericalismo y del ateísmo,” males tales que claramente vivimos hoy cada vez con mayor intensidad.

En este mundo hoy vive hoy esta  “humanidad que dice: no quiero saber de Cristo ni de Dios.”

“Este es el mundo -añadía el Papa- llamado nada menos, que el reino del príncipe de este mundo, ¿quién es el príncipe de este mundo?, el diablo”, – aclaraba Pablo VI.-

Hoy estas expresiones provocan la risa y el desprecio, incluso de aquellos que tanto alaban a Pablo VI por su reforma postconciliar. Pero el Papa afirmaba taxativamente que “el mundo está bajo el dominio de una potencia grande e indefinida, pero operativa: el espíritu de satanás, que trabaja en la humanidad, la cual rechaza el tener a Dios junto a ella.”  

Y subrayaba Pablo VI que “estamos viviendo precisamente en este mundo en un ambiente contaminado por el mal, del que tenemos que inmunizarnos” y oponernos a él con “un carácter de combate, de milicia”.

Pues ahí es donde queremos situarnos, en el carácter y carisma de combate y milicia católica. Colocados al lado de Cristo bajo los criterios cristianos del Evangelio, el Magisterio y Tradición. Estos son los miembros, amigos y simpatizantes de Unión Católica: Soldados de Cristo, fieles al maestro y a la Iglesia, aun a precio de nuestra sangre.

El huevo de la gallina

Hoy una cuestión, que considero de suma importancia, se ha asumido, en la práctica pastoral y docente, como conciliable con la doctrina católica y se enseña en distintas cátedras y centros de formación católica en sus distintos niveles[1].

Estoy hablando de la realidad histórica de nuestros primeros padres, Adán y Eva, y a las consecuencias que a nivel teológico y doctrinal se derivan principalmente en la doctrina sobre el pecado original y por consecuencia de toda la economía salvífica incluido el misterio de la encarnación y redención, que algunos no solo ponen en duda sino que desbaratan la tradicional y sana interpretación enseñando que Adán y Eva son términos que tan solo se refieren a un número mayor e indeterminado de parejas de seres humanos de la era moderna de los cuales todo el género humano procederíamos, o en su caso que Adán se refiere tan solo a la humanidad en su complejo e indeterminado origen [2].

Esta tesitura se apoya, injustificadamente, en aquellas teorías científicas llamadas “poligenistas” las cuales, aun en contra de muchos indicadores científicos, afirman, de una forma u otra, la necesidad de múltiples parejas de “homos” en una comunidad primogénita o de diversas comunidades de las cuales el género humano actual procedería. Decimos injustificadamente, primero porque aquellas teorías poligenistas no son más que teorías y opiniones que cambian y se adaptan a cada momento según los descubrimientos paleontológicos, que por escasos, se van hallando y que, más bien apuntan, por necesidad cromosomáticas y registros paleontológicos, a un individuo varón original y un individuo hembra original, es decir, a una pareja singular y precisa de la cual el género humano tal y como lo conocemos en la actualidad se haya desarrollado y multiplicado en la última etapa de nuestra historia.

Por otro lado es injustificado apelar a la teoría y opinión científica allá donde ésta no puede llegar y, cuanto más, supeditar la doctrina revelada a la misma teoría científica siendo que el objeto mismo de la ciencia jamás podrá declarar sobre lo que es exclusivo objeto de la fe y la teología; esto es, la identificación de los primeros seres humanos como aquellos primeros individuos que responderían a la cristiana antropología de espíritu encarnado, es decir, a la identificación del primer ser  humano como aquel a quien Dios creó directamente y sin mediación en su realidad espiritual, esto es el alma, y al cual formó del mismo “polvo de la tierra”[3], esto es su realidad corporal.

Hoy parece que la verdad y la misma ciencia se apoyan y fundamentan en la opinión generalizada o predominante. Pero ni el ser humano fue apareciendo poco a poco de distinta forma y manera a lo largo de la historia, evolucionando y adaptándose al medio (los registros fósiles no dicen eso, sino que aparecen al norte de Kenia y a través de la historia se expande desde Asia Menor hacia Europa), ni a los monos se les cayó el pelo al mismo tiempo.

Hoy escuchamos a personajes relevantes asegurar que sin duda alguna hay vida en otros planetas, mintiendo u omitiendo los datos y estudios científicos serios que presentan la singularidad que supone nuestra existencia y las grandes dificultades de encontrar otro planeta similar a nuestra actual Tierra.

Quizás hay un interés extremo de despojarnos de la dignidad que supone considerarnos imagen y semejanza de Dios. Hijos de Dios llamados a una divinidad que alcanzaremos en la inmortal eternidad que esperamos.

Quizás algunos poderosos ganaran algo si nos llegan a convencer de que no somos más que piedras a las que fruto de la casualidad de los tiempos les han surgido brazos y piernas y cierta capacidad intelectiva; monos evolucionados que seguramente tendrán el valor que la eficacia de su evolución les pueda proporcionar.

El eterno dilema entre el huevo de la gallina. No cabe duda que primero fue el huevo, una gallina no es gallina si no nace de un huevo. Igual ocurre con las especies. Lo que caracteriza a una especie es su capacidad de reproducirse con los miembros de su misma especie. Si de una cierta especie (Astrolopitecus) nace un miembro de otra especie (Homo), no ha habido evolución, sino transformación. Y esta transformación es la que posiblemente nos presenta la alegoría del barro y la costilla del Génesis.

No hay miedo alguno para aquellos que buscamos la Verdad y creemos en el Dios de la Verdad y la Vida. La Verdad no puede ser contradecida. La Ciencia (mayúscula) forma parte de la Verdad, no es toda la Verdad pero forma parte de ella, y es el vehículo maravilloso y expectacular de descubrir los dedos amoroso de ese Dios que nos ha llamado a la existencia.

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[1] Esta cuestión no es nueva, pero parece que de hecho se agrava con el tiempo. Así lo denunciaba ya en 1993 Juan Pablo II en la Carta Encíclica Fides et Ratio 4.3: “Particularmente hay que destacar la discrepancia entre la respuesta tradicional de la Iglesia y algunas posiciones teológicas –difundidas incluso en Seminarios y Facultades teológicas- sobre cuestiones de máxima importancia para la Iglesia y la vida de fe de los cristianos, así como para la misma convivencia humana.”

[2] “Muchos piensan que, a la luz de la historia de la evolución, no habría ya lugar para la doctrina de un primer pecado, que después se difundiría en toda la historia de la humanidad. , en consecuencia, también la cuestión de la Redención y del Redentor perdería su fundamento.” S.S. Benedicto XVI, Audiencia General, 3 de Diciembre de 2008. “El pecado original en la enseñanza de San Pablo.”

[3] Esta expresión es sacada directamente del libro del Génesis. En Gen 2,7 se diferencia claramente dos acciones divinas que convierten al primer hombre en ser vivo: una, la insuflación del aliento de vida donde reconocemos la acción directa y personal de Dios en la creación del alma humana; otra la modelación del hombre del polvo del suelo, en la cual bien entendemos que el hombre ha sido formado mediante un proceso (modelado) que no es ajeno a la misma tierra de la cual toda la naturaleza de nuestro planeta procede. El hombre es modelado y creado en el mismo origen terrenal que se anticipaba en Gen 1, 24 para el resto de seres vivos “produzca la tierra seres vivientes”, no es extraño a la naturaleza terrenal, no procede en su realidad material de otra realidad ajena o diferente al planeta Tierra. El texto de Gen 3,19 es esclarecedor a este respecto: “hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste sacado”.